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Tesoro oculto

Ni se imagina qué son los huesos de santo, en realidad. Este es uno de los muchos ‘secretos’ de Sevilla que serán desvelados el mes que viene, en un curso sobre los conventos de clausura.

el 13 oct 2011 / 18:24 h.

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"Algunas huyen, para que no las veas. Las escuchas murmurar detrás de la celosía, como en San Leandro; sabes que te están viendo, pero tú no las ves a ellas." Para Adrián Yanes, el profesor del curso, ese arte evanescente de las monjitas forma parte de las maravillas que van a poder descubrir a lo largo de noviembre quienes se apunten al II Curso de Conventos de Clausura, organizado por la empresa de servicios culturales Alminar. "En algunos de ellos se paran a hablar contigo y te cuentan, no así en otros. Hay sitios donde la monja te da la llave por el torno, y ahora tú tienes que descorrer un cerrojo por fuera y ella otro por dentro, y cuando entras la ves de refilón ya, escondiéndose en la sacristía, como en San José del Carmen, en Santa Cruz. Y para colmo, por si acaso te diese tiempo de verla, se pone un velo que le cubre el rostro, por encima del hábito."

Sevilla, como cualquier otro lugar del mundo lo suficientemente vivido, puede ser un foco permanente de fascinación mucho más allá de sus monumentos suntuosos y sus rincones más fotografiables. Es el caso de los conventos de clausura, por ejemplo, cuyo atractivo más sensacional no es el arte que acumulan en forma de cuadros renegridos, ni las sillerías, ni la espectacular sobriedad de los rezos de vísperas u otros que se les ocurran, sino el hecho de vivirlos aunque sólo sea por un ratito. Recorrerlos, escuchar el tintineo de sus losetas sueltas mezclado con el piar del canario del claustro; imaginar in situ el alma del lugar; presentirlo. "Todos los conventos tienen sus historias. En la Casa Grande de las Carmelitas, por poner un caso, que ahora es la Escuela de Arte Dramático, dicen, ¡dicen, je, je!, que todavía pulula por ahí algún que otro... carmelita." Y no porque esté aprendiendo el método Stanislavsky, precisamente, sino en plan ectoplasmático. Que es lo que pega en un convento, y mucho más si el curso es en el mes de noviembre.

¿Algo más que buscar en estos cenobios? "El silencio, la evocación", dice Yanes, que será quien guíe a los participantes por los entresijos de San Clemente, Santa María de Jesús, la Casa Grande Carmelita, Santa Rosalía y el Hospital del Pozo Santo, uno por cada miércoles del mes, más o menos. "También es importante descubrir en ellos todo un vasto patrimonio cerrado al conocimiento del público. No sólo un patrimonio histórico y artístico, se entiende, sino también de otra naturaleza, como la gastronomía de los conventos." Donde también, como en todas partes, hay algún que otro secreto...

"Antiguamente", explica el entendido en la materia, "cuando las grandes damas se recogían en los conventos quitándose de la vida mundana, se llevaban con ellas a sus sirvientas, a sus esclavas moriscas, que eran las que se encargaban de cocinar, entre otras cosas. De ahí que los dulces de los conventos procedan directamente del linaje de la dulcería islámica. Es la gran influencia de esa cultura en la cocina de los conventos. Y... ¿qué pasaba? Pues que para enmascarar su origen, las monjitas se apresuraban a ponerles nombres de santos: que si las yemas de San Leandro, los huesos de santo..." Vamos, que el señor o la señora que se endiña uno de estos ejemplares, poniendo para ello una cara de devoción como si ciertamente le estuviese chuperreteando la mismísima rótula a San Simeón Estilita, en realidad está mostrando su fruición por una receta de la tradición musulmana. Lo cual es otro de los hallazgos que se producen en estas visitas. Descubrimientos no sólo teóricos, ya que algunas de las monjitas tienen preparadas en sus cocinas algunas de estas delicias para dárselas a degustar a los visitantes del curso.

Pero por mucho que se hable de mezclar almendras con huevo hilado, o lo que quiera que sea que hagan las hermanitas en la cocina, no se quita de la cabeza la imagen de la monja con el velo por la cabeza para que nadie pueda verle el rostro. Es tremendo sólo el figurárselo. "Ese, el de San José del Carmen, podría decir que para mí es el convento más convento de todos los de Sevilla, uno de los que mejor conservan la esencia de lo que fueron. Lo fundó Santa Teresa y en él se custodia el único retrato que se hizo de ella en vida, además de un ejemplar manuscrito original de Las moradas."

Para preservar el ecosistema y poder percibir el ambiente sin distorsiones, las visitas se organizan en grupos de unas quince personas. El dulce no está garantizado en la matrícula, salvo que se lo lleve ya de casa, pero sí las explicaciones, el recorrido, el acercamiento a un mundo del que apenas se conoce el tópico (tópico que por sí solo tiene una fuerza subyugadora como se conocen pocas). Es cierto que hay una parte de Sevilla que mira sin ser vista: una Sevilla maravillosa que pasa inadvertida, como estos conventos. Es hora de empezar a descorrer algunos cerrojos.

De utiidad:
II Curso de Conventos de Clausura
1. Todos los miércoles de noviembre, del 2 al 23 inclusives, y de 17 a 19 horas.
2. Cada uno de esos días se visita uno o dos de los conventos comprendidos en el curso.
3. Los días de la visita, el grupo queda citado en algún lugar conocido y cercano al convento de que se trate, desde el cual se comienza la visita.
4. El coste de la matrícula es de 50 euros, e incluye las entradas a los conventos.
5. El número de plazas es limitado, con alrededor de 15 personas por grupo.
6. El período de preinscripción estará abierto hasta el 25 de octubre.
7. La ficha de preinscripción se puede descargar por internet (www.alminar.net) y enviarla por correo electrónico, o bien acudir en persona a las oficinas de Alminar, en la calle Faustino Álvarez, 29 (paralela a la calle Feria).

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