Cultura

Testigos de un acontecimiento musical

Lugar: Teatro de la Maestranza Fecha: Domingo, 24 de enero de 2010 Recital lírico: René Pape, bajo. Camillo Radicke, piano Programa: Selección de Schwanengesang y otros Lieder de Schubert; Tres Lieder sobre poemas de Michelangelo; Dichterliebe (Los amores de un poeta) Op. 48 de Schumann

el 24 ene 2010 / 23:04 h.

Que René Pape cante en Sevilla es en sí mismo un acontecimiento. Su caché es tan elevado que contar con él para cualquiera de los montajes operísticos de la ciudad resulta utópico; sólo cuando Barenboim lo trajo como parte integrante de su Parsifal, a un precio sorprendentemente asequible en proporción a la excelencia del espectáculo, pudimos disfrutar de la singular voz de este bajo, flexible, de tesitura no demasiado rígida y sin la dureza del bajo al uso.

Ahí reside el carácter extraordinario de esta ocasión. Y es que precisamente esa flexibilidad de su voz le ha permitido afrontar por primera vez en su vida un repertorio típicamente liederístico, y ha elegido para hacerlo nuestra ciudad. Mal se lo hemos pagado con un aforo a medio llenar, algo inexplicable cuando otras ofertas más rutinarias, aunque no por eso desdeñables, logran el lleno absoluto. Eso dice mucho de nuestra maltrecha inquietud cultural, lo que hace aún más necesario invertir en este campo como método para lograr en la población una mayor y más adecuada educación.

No hemos empezado a sufrir aún las consecuencias de los lamentables e injustificables recortes presupuestarios originados por la crisis económica, cuando ya se nota en el Maestranza cierta austeridad, por ejemplo en los programas de mano, que en estos recitales líricos solían venir acompañados de los textos de las piezas a interpretar, imprescindibles para valorar y disfrutar del grado de implicación emocional y pericia interpretativa del o la cantante. Aún así podemos constatar la muy saludable expresividad del bajo alemán, perfectamente coordinada con su enorme talento musical y su inigualable torrente vocal.

Quienes acudimos a la ineludible cita fuimos testigos de unas versiones inéditas y muy singulares de Lieder de Schubert, Wolf y Schumann, que Pape abordó casi siempre con gran acierto. A veces acusó rigidez, y otras aspereza, pero sólo en contadas ocasiones su tesitura vocal no se ajustó adecuadamente a las piezas, concebidas para voz media de barítono o mezzosoprano. No ha sido sin embargo la primera vez que se enfrenta a música escrita para barítono. Ya ha cantado un Don Giovanni, volviendo a hacer hincapié en la agilidad y flexibilidad de su voz, lo que propició unas versiones no sólo solventes del repertorio elegido, sino incluso brillantes, impulsadas por su enorme fuerza vocal y su capacidad infinita para proyectar, que convierte escucharle en una experiencia sobrenatural. Baste para ello mencionar la conmoción generada con su modo de abordar Ich grolle nicht (No guardo rencor) del ciclo de Schumann Amores de un poeta, que curiosamente la última vez que se cantó en Sevilla fue hace exactamente tres años y dos días, a cargo entonces de Michael Volle.

Memorables resultaron también las piezas escogidas de El canto del cisne de Schubert, especialmente el célebre Ständchen y el dramático Der Atlas, resueltas tan en estilo como el resto de las melódicas piezas seleccionadas del autor. Con Wolf nos entregó su faceta más dura y agresiva, de igual modo que afrontó la propina de Strauss.

No podemos olvidar el extraordinario, delicado, coordinado, respetuoso y absolutamente sensible trabajo de Camillo Radicke, pianista paisano de Pape del que sólo recordar cómo resolvió el emotivo final del ciclo de Schumann nos hace estremecer.

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