Cultura

'Tetro': el genio se fue

el 16 sep 2009 / 05:35 h.

Hablaba en serio Coppola cuando decía que la fortuna que le estaban proporcionando sus viñedos le iba a permitir afrontar proyectos más personales de los que había hecho en sus últimos años. Y es que si esta película no ha corrido en España la misma suerte que su precedente (es decir, su no estreno en nuestras pantallas) es sin duda por la participación patria en la producción de la misma, y no porque en calidad artística (premios a Maribel Verdú aparte) tenga mucho que ofrecer.

Para narrarnos una historia de desencuentros familiares, personajes con dudosas semblanzas de realidad y un culebronesco desenlace, Coppola opta por un austero planteamiento formal, en blanco y negro y planos en gran medida fijos (con los que se busca ese toque de cinema verité que tanto gusta en los círculos culturetas), en los que se intercalan en color las secuencias oníricas de los recuerdos y la obra del protagonista, interpretados incluso en algunos momentos en forma de ballet (sic).

El interés del conjunto recae sobre todo en las interpretaciones de su trío protagonista, sobre todo en Vincent Gallo y Maribel Verdú, ya que la historia, pasados unos interesantes primeros minutos, comienza pronto a perder todo ritmo y dirección en cuanto aparecen por la cinta una serie de secundarios totalmente esquemáticos que interpretan, en tono semicómico, a los personajes de la farándula con los que se relaciona el escritor, hasta llegar a la totalmente esperpéntica crítica literaria interpretada por Carmen Maura, en un papel pensado para Javier Bardem, que no sabemos si huyó despavorido al ver el panorama que tenía por delante.

Y es que el director no consigue en casi ningún momento el tono adecuado de la historia, que deviene en muchos momentos en soporífera (o plúmbea, elijan ustedes), y en otros en ridícula y esperpéntica, sobre todo en un último acto no sabemos si pretendidamente surrealista o simplemente fallido de principio a fin en sus ambiciones de reverberancias operísticas.

Con cintas como esta Coppola, sin duda, calmará sus ansias artísticas, pero no así la de la mayoría de los espectadores.A este ritmo es indudable que el realizador no tardara en dilapidar nuevamente su fortuna teniendo que echar mano de su hija, que al menos parece haber encontrado ya un lenguaje propio, para que financie dentro de poco la reinvención de un Coppola que esperemos que pronto encuentre de nuevo su camino, ése que le permitió rodar, hace más de 30 años, una de las obras maestras del séptimo arte.

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