Cultura

The lovely bones: Un Jackson diferente

el 03 mar 2010 / 21:39 h.

Nueva Zelanda, 2009. Dirección: Peter Jackson. Argumento: Adaptación de la novela Desde mi cielo, que narra el asesinato de una niña de 14 años y que ve desde el otro mundo la vida que ha dejado atrás. Intérpretes: Saoirse Ronan, Mark Wahlberg, Rachel Weisz, Stanley Tucci. Guión: Peter Jackson, Fran Walsh & Philippa Boyens. Fotografía: Andrew Lesnie. Color. Música: Brian Eno. Duración: 120 minutos. 13 años. Clasificación: ****

Hay quien la ha tachado de ñoña o de una versión Hello Kitty de Caperucita roja (sic). Otros se han cebado en que Peter Jackson parece estar más centrado en los efectos visuales que en dotar de coherencia a la historia. Y muchos han resaltado que la cinta carezca de la fuerza de la novela. Argumentos que desde que el neocelandés se decidiera a rodar la adaptación de El señor de los anillos, siempre he escuchado de un modo u otro.
Quizás no los primeros (siempre me resulta tremendamente llamativo lo retóricamente retorcidos que podemos ser los críticos), pero los otros dos ejemplos de lo que podemos encontrar por otros rotativos son claros indicativos de la estrechez de miras de algunos compañeros de la profesión.

Tan fundamental como que en la historia del cine hayan existido realizadores que hayan impulsado el matiz de ensayo del séptimo arte resulta (al modesto entender del que esto suscribe) la labor de aquellos que para contar una historia hayan necesitado arroparse de todas las herramientas de que hayan podido echar mano en su momento. Y si esas herramientas se llaman ahora efectos digitales y quedan tan sumamente bien integradas en la historia como siempre lo han hecho en los filmes de Jackson, bienvenidas sean.

De la misma manera, aquellos que centran sus esfuerzos en rechazar toda adaptación literaria deberían caer en la cuenta de que un filme y un libro difieran en muchos aspectos. En este sentido, poco se le puede achacar a un filme impecable de principio a fin en el que Jackson (junto a sus dos colaboradoras habituales) concreta un libreto más que correcto envuelto en una dirección arrebatadora que mezcla con sabiduría algunos de los tics más reconocibles del cineasta con otros que hasta ahora no habíamos visto en su cine (la secuencia en el cuarto de baño es magistral).

Colmatando el conjunto encontramos un reparto que se hace eco de la dualidad entre realidad y fantasía de la que hace gala el filme para, en el caso de Ronan y Tucci, dejarnos sendas interpretaciones dignas de alabanza y de un más que obligado Oscar.

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