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No hay cosa que más soliviante a un nacionalista español que los otros nacionalismos, o que se ponga en solfa la razón de su atavismo. Después de más de trescientos años de perder Gibraltar en una timba regia, como Menorca, el Rosellón o la Cerdaña, andan estartados porque el ministro Moratinos ha ejercido su obligación de cumplir...

el 16 sep 2009 / 06:21 h.

No hay cosa que más soliviante a un nacionalista español que los otros nacionalismos, o que se ponga en solfa la razón de su atavismo. Después de más de trescientos años de perder Gibraltar en una timba regia, como Menorca, el Rosellón o la Cerdaña, andan estartados porque el ministro Moratinos ha ejercido su obligación de cumplir los compromisos internacionales contraídos, con quien puede y debe: el Gobierno de su Graciosa (tan graciosa como la que perdió el Peñón) Majestad.

Moratinos ha estado en Gibraltar y el nacionalismo español clama por la traición y ruptura de una estrategia 'acertada' de recuperación de la Roca, mantenida férreamente por Franco que, entre otras brillantes consecuencias, tiene la virtud tricentenaria de que todavía no se ha producido. Lo que no dicen los agraviados patriotas es que desde que entramos en la UE, el estatus jurídico europeo ha sido reconocido de facto: "territorio europeo cuyas relaciones exteriores asume un estado miembro" (no hay otro que Gibraltar salvo las bases soberanas británicas de Chipre), que en el Tratado de Lisboa recién ratificado, con el apoyo del PP, se mantiene dicho estatus, que el acervo jurídico UE es de aplicación y que los yanitos votan en las elecciones europeas porque así lo ha querido el órgano jurisdiccional europeo.

Es decir, que Moratinos ha ido por primera vez a un territorio europeo, así reconocido en el Tratado UE, que mantiene un contencioso de soberanía derivado del Tratado de Utrecht con España, reconocido por la ONU, con una legislación offshore, cuestionada por los G-leches, que todo el mundo lamenta pero que, al parecer, algunos bancos españoles allí instalados celebran.

Para colmo, el extravagante Fraga, ex-embajador en Londres, después de visitar a Castro en Cuba, a Obiang en Guinea (de la que es ciudadano adoptivo), ha dicho que ir a la Roca no es tan malo, para mosqueo de la ortodoxia que estallará der tó cuando su selección juegue a algo, como las Feroe. Cosa de monarquías, de primos, que lo que pierden en sus guerras lo ganan en las bodas y lechos para pasto de patriotas irredentos.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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