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Jóvenes al día

The Social Coin, una semilla que traspasa fronteras

Potenciar la ayuda entre personas, crear vínculos entre ellas, y al mismo tiempo, fomentar la promoción del medio ambiente a través del cultivo de semillas que simbolizan un proceso de solidaridad en el mundo

el 20 dic 2014 / 09:00 h.

Imagen en la que personas intercambian monedas solidarias y una ilustración sobre cómo usarla. Imagen en la que personas intercambian monedas solidarias y una ilustración sobre cómo usarla. Las consecuencias de los últimos tiempos han llevado a muchas personas a situaciones extremas. La sociedad a veces parece girar la cara para el otro lado, bien por la creencia de no poder hacer nada, o como consecuencia de la pérdida de valores sobre los que las nuevas generaciones se sustentan. En este contexto nace The Social Coin, una empresa social sin ánimo de lucro que ha creado una moneda de cambio que obliga a su propietario a ayudar a alguien que precise algún tipo de asistencia y que sea realizable para esa persona. The Social Coin surge hace cuatro años, cuando Iván Caballero, un joven emprendedor, y Edgar Pons, un estudiante de Ingeniería de Productos, reflexionan sobre cómo cambiar el mundo. De esa conversación nace la iniciativa que poco a poco se empieza a consolidar y crecer, extendiéndose desde Barcelona al resto de España. «Las monedas simbolizan ayudas y pasan de mano en mano creando cadena de favores», explica Laia Ribera, responsable de comunicación de la empresa. «Cualquier persona puede ir a nuestra web, comprar una moneda y regalarla, también puede entregarla a alguien a quien realice un favor», matiza. Cada moneda cuesta 10 euros. Con ese dinero recaudado, afirma que se cubren los gastos de materiales y acuñado de la moneda y otra parte se destina a hacer nuevas divisas que se donan a colegios para concienciar, con idea de que entre sus alumnos se pueda trabajar en valores, no sólo de forma teórica sino también de forma práctica. Para Laia, la misión de esta iniciativa es fomentar el altruismo y cambiar el mundo para que sea mejor: «El mundo lo van a cambiar las generaciones venideras y si fomentamos las cadenas de favores entre los niños hay más esperanza». La moneda es enviada a casa por correo ordinario. Una vez tienes la moneda contigo, debes decidir a quién hacerle el favor y pensar un propósito. La clave está en tener una actitud, no esperar a que el favor venga: «Tienes que darte cuenta de qué personas de tu alrededor necesitan ayuda». Cada moneda tiene un código que se registra en la web, al introducirlo aparece una memoria vitae sobre la historia de la moneda, cada persona que haya hecho un favor en esa cadena aparece registrada. «Se pueden hacer comentarios, compartir en Facebook o cualquier otra red social, incluso añadir fotos», destaca. La persona propietaria de la moneda está obligada a registrar el favor que le hayan hecho y el favor que ella vaya a hacer. La web siempre chequea si el favor se ha realizado para saber de dónde proviene la cadena. El propósito de la cadena puede cambiar, plantea la responsable: «Mientras realizas un favor, puedes cambiar tu objetivo o tu destinatario. No hay obligación de cumplir o llevar hasta el final el propósito planteado en un principio». Estas monedas tienen una vida de tres meses, ya que son biodegradables. Además, llevan una semilla dentro. «Cuando activas la moneda se abre un período de tres meses en el que esta estará operativa. Una vez concluya el plazo, se envía un e-mail a la persona que la tiene y se le avisa que la moneda debe ser plantada». Se convoca a todos los participantes de la cadena a través de la web para hacer la plantación de la divisa. Destaca que esto puede complicarse si la moneda ha cambiado de país o de región, aunque en todo caso los participantes no están obligados a acudir, sólo deben hacerlo en la medida de lo posible. Cuando una persona que haya tenido la moneda no disponga de acceso a internet, la moneda reaparece en manos de otra persona: «La cadena de la persona que no tiene internet puede ser registrada por la persona siguiente y si no es posible, se abre un paréntesis en que no se registra hasta que llegue a otra persona que sí lo pueda hacer». Cuenta que se han perdido monedas, otras se han quedado en sólo un favor, pero otras han seguido cadenas larguísimas. Laia lo compara con una planta: «Hay plantas que a pesar de seguir el mismo proceso de cuidados y riego, crecen más que otras o incluso mueren, igual pasa con las cadenas. Todas comienzan de la misma manera, pero cada una crece de manera diferente». La media es de unos ocho favores por moneda, pero también indica el caso de cadenas que han alcanzado las 15 ó 20 actuaciones. Hasta la fecha, se han acuñado 16.757 monedas, a través de las cuales se han llevado a cabo 125.402 iniciativas de ayuda entre personas y se han sembrado 4.689 plantas. The Social Coin está presente en países como Reino Unido, México, Holanda, Francia, Ecuador o Estados Unidos. Laia plantea que la gente recibe la iniciativa muy bien. «La mayor parte de la gente, aunque sea por curiosidad, tiene muy buena aceptación con las monedas. El primero hace el esfuerzo de pagar e iniciar la cadena, pero el resto de personas se benefician de esto sin tener que pagar nada por ello», concluye.

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