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Tiempo de reformas

En estos días se cumplen treinta años de avances sociales, económicos, culturales y políticos que se han hecho realidad, en buena medida gracias a la estabilidad jurídica e institucional que la Constitución de 1978 ha proporcionado.

el 15 sep 2009 / 19:27 h.

En estos días se cumplen treinta años de avances sociales, económicos, culturales y políticos que se han hecho realidad, en buena medida gracias a la estabilidad jurídica e institucional que la Constitución de 1978 ha proporcionado.

La Constitución ha sido un poderoso medio para conseguir una sociedad más justa y ha demostrado en estos treinta años su innegable capacidad para regular la vida política de España, consiguiendo hacer realidad un modelo de Estado, el Estado Social y Democrático de Derecho, que ha tenido la capacidad de consagrar en nuestro país los valores superiores de igualdad, libertad, justicia y pluralismo político. Así, por primera vez en la historia constitucional española un texto de marcado carácter democrático ha tenido una vigencia tan prolongada y tan profunda aceptación por el pueblo español, pues ha sabido jugar el importante papel, característico de los textos constitucionales, de punto de intersección entre la Política y el Derecho.

Una Constitución y un modelo de Estado que ha propiciado las mayores cotas de libertad e igualdad de la Historia de España. En estos tiempos de crisis, hay que tomar conciencia de la necesidad de que los próximos treinta años sigan siendo un tiempo de bienestar compartido. Y para ello ha de seguir contándose con la Constitución de 1978, que ha de ser reformada en los próximos años.

Se ha de reformar la regulación del Senado, tanto en su composición como en sus funciones. Se ha de actualizar el título relativo al Estado Autonómico, incorporando mecanismos eficaces de colaboración y financiación. Se ha de constatar la integración europea en el texto constitucional. Se ha de suprimir la preferencia del varón sobre la mujer a la hora del acceso a la Jefatura del Estado. Se han de incorporar, como derechos fundamentales, algunos que no están consagrados al día de hoy como tales. Me refiero al derecho a la salud, al derecho al medio ambiente y al derecho de acceso a la vivienda, entre otros. Y también se han de realizar otros cambios de carácter técnico.

En todo caso, hay que resaltar que la Constitución fue el resultado de un compromiso, de un pacto entre las distintas fuerzas sociales políticamente operativas, y que, por lo tanto, a la hora de su reforma, se ha de reproducir el grado de acuerdo existente en el momento de la firma del pacto constituyente.

La reforma constitucional no es la respuesta a una situación patológica, sino un hecho fisiológico: el niño ha crecido y hay que sacarle el dobladillo a los bajos del pantalón. Pero esa tarea, que aquí es de alta confección, necesita del consenso, del acuerdo, del pacto.

Necesidad objetiva existe de retocar la Constitución. La conveniencia de la misma va a estar en función del grado de consenso que se consiga. Y ojalá que así sea.

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