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"Toda mi vida está en esta casa"

Por culpa de una deuda con el banco, Josefa será expulsada el martes de la casa en la que ha vivido los últimos 40 años, y que conserva igual que cuando la compraron sus padres.

el 15 jul 2011 / 20:19 h.

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Josefa guarda la ropa en una maleta.

En los oscuros muebles que su padre fabricó con sus manos antes de casarse, Josefa guarda las sábanas bordadas del ajuar de su madre y las sencillas invitaciones de la boda, celebrada el 10 de enero de 1940 en la capilla del Sagrario de la Catedral. La casa de la que será desalojada el martes si un milagro no lo impide está igual que cuando sus padres la montaron hace 40 años: el mismo papel color crema en las paredes, los mismos muebles, los mismos sillones con tapetes de croché. Está tan igual, que sus hermanos se resisten a entrar: "Dicen que les parece que mis padres van a salir de la habitación en cualquier momento".

Josefa Doblado, una vecina de la Macarena de 69 años, está pendiente de que ejecuten la orden de expulsión para que el BBVA se haga con la casa, que hace 12 años le vendió a su sobrino para que la tuviera de aval para comprar una furgoneta de 29.000 euros. El sobrino dejó de pagar las letras y Josefa y su hermano Antonio tardaron siete años en saber que habían iniciado el embargo. Cuando se enteraron intentaron frenar la subasta pagando de golpe lo que debían, con un préstamo que Antonio logró con su casa como garantía. Pero a los 20 días de pagar 30.000 euros, el banco informó de que los intereses ascendían a 44.000 euros y las costas judiciales a 8.000. Y Antonio ya no pudo pedir más dinero. El abogado que cogió el caso hace tres meses ha presentado tres recursos al detectar fallos en el proceso, pero la orden de expulsión se ejecutará el martes, probablemente antes de que el juez tenga tiempo de resolverlos.

Josefa, que los últimos meses ha estado tan nerviosa que se ha ido a vivir con su hermano, ha comenzado a prepararse para dejar la casa. Pero como le avisaron con sólo una semana de antelación, los recuerdos se le acumulan sin que le dé tiempo a embalarlos: las tarjetas con imágenes de santos que su padre le escribía cada año el día de su onomástica, el reloj de cuco o la ropa del armario del dormitorio de sus padres, que está como cuando ellos murieron, con un año de diferencia: "Mi padre falleció el 16 de diciembre de 1987, y mi madre el mismo día, pero de 1988", explica Josefa.

Sus padres compraron el piso, en la calle Primavera del barrio de las Hermandades del Trabajo, el 9 de septiembre de 1971, explica Josefa, que recuerda con memoria prodigiosa todas las fechas. Les costó "230.000 pesetas (1.382 euros), porque era una cooperativa". Se habían casado mayores para la época, con 30 años, porque se les cruzó la guerra y esperaron a 1940. Luego, como el padre era guardia civil, tuvieron a sus tres hijos en sus distintos destinos, hasta que pudieron regresar: Josefa llegó a la casa con 29 años, su hermana vivió allí sólo seis meses hasta que se casó, y su hermano Antonio no llegó a vivir allí, porque a sus 25 años ya era también guardia civil y estaba destinado en San Sebastián.

Sus dos hermanos se instalaron junto al piso de sus padres cuando se casaron: una en la calle Mar Rojo, el otro en la calle Mar Negro. A Josefa, que es soltera, le tocó cuidarlos: el padre sufrió una trombosis y estuvo ocho años necesitando ayuda constante, y la madre, con problemas de páncreas, también requería atención.

Josefa, que era modista y tenía un taller con su hermana en La Algaba, lo dejó para cuidar de sus padres y hoy vive de una pensión de 449 euros. Se emociona al recordar que los dos murieron en esa casa. Ella ni siquiera desmontó el dormitorio de matrimonio, que todavía hoy está igual, y siguió viviendo en la que siempre fue su habitación en este piso de 72 metros y tres dormitorios.

Pero en 1999 Josefa vendió la casa a su sobrino para que pudiera comprar la furgoneta y al final, a pesar de que han acabado pagándole al banco 10.000 euros más de lo que costó el vehículo, la casa ha sido subastada y Josefa estará en la calle el martes. Su abogado, José Manuel Ramírez, ha presentado varios recursos, uno de ellos por considerar abusivo que aún le pidan 44.000 euros al haberle aplicado un 29% de interés. Pero el tiempo se les echa encima y no sabe si el juzgado podrá resolver los recursos antes del martes.

Aún así, Ramírez está esperanzado porque el juzgado le ha pedido que el lunes llame por si hubiese alguna novedad, lo que le hace pensar que podrían estar intentando agilizar los trámites. La mujer también ha acudido al Defensor del Pueblo, José Chamizo, que se comprometió a mediar con el BBVA, al que le piden que les refinancie la deuda en vez de quitarle la casa. Porque como repite Josefa, ellos nunca se han negado a pagar, pero todo han sido trabas. Está tan nerviosa que se le saltan las lágrimas al pensar en si vivirá con Antonio si la echan: "Yo que quiero es quedarme aquí hasta que falte. Toda mi vida está aquí", repite.

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