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Cultura

Toda una experiencia teatral

Lugar: Teatro Central, 21 y 22 de febrero. Obra: Mi gran obra (un proyecto ambicioso). Compañía: David Espinosa/El local espacio de creación Creación, dirección e interpretación: David Espinosa. Calificación: ****

el 22 feb 2015 / 14:47 h.

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Una obra de teatro hecha con miniaturas que pretende denunciar nuestra indefensión ante la manipulación de los poderes fácticos. Es lo que nos propone David Espinosa con esta propuesta, tan singular como espectacular a pesar de su formato, que es pequeño y grande a un tiempo. Y es que, como indica su subtítulo, este relato parte de una premisa ambiciosa, esto es, situar en escena a más de 300 actores. Para ello David Espinosa, con un alarde de inventiva, tuvo la genial idea de convertir en intérpretes a un sinfín de miniaturas. El escenario es una superficie rectangular blanca situada en una mesa de estudio, alrededor de la cual se sitúan los espectadores, quienes tienen a su disposición unos prismáticos que les permite apreciar hasta los más pequeños detalles. Los muñequitos se mueven, pero aparecen y desaparecen del escenario mediante su manipulación por parte del director, elaborando con ello una composición escénica tan dinámica como singular. Así, la dramaturgia se va conformando como una suerte de coreografía de movimientos y la historia se cuenta gracias a la posición que van adoptando los personajes en escena. Poco a poco van apareciendo ante el espectador escenas de la vida cotidiana gracias a la superposición de las figuras, que representan estereotipos sociales y lugares comunes, como el rito de las bodas y otras ceremonias religiosas, un día en la playa, las fiestas populares, las relaciones sexuales o mitin político. Al principio parece que se trata sólo de reflejar estampas costumbristas, pero en todas ellas hay un personaje inquietante, un señor de azul que representa el gran ojo que  todo lo ve y bajo el que el subyace la idea de la muerte. Así, poco a poco la impronta naif del principio se va tornando en el reflejo de una sociedad perversa, que escapa a nuestro control y nos deja indefensos ante el ejercicio del poder. Con todo ello David Espinosa, quien además de ser el creador y el director asume la manipulación de las figuras con una precisión digna de su oficio de bailarín y coreógrafo, nos ofrece una experiencia teatral tan gratificante como sugerente que nos desmiente la premisa de que en el terreno del arte en general, y del teatro en particular, ya está todo inventado.

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