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Cultura

"Todo el mundo me da el mismo consejo: que me vaya a Francia"

Manu Trillo, director sevillano, fotógrafo y biólogo de profesión, no para de acumular reconocimientos con su último documental, ‘Quivir’, que muestra la vida de los cortadores de corcho a uno y otro lado del Estrecho. Un trabajo hecho a pulso, sin apoyo institucional.

el 24 dic 2014 / 13:00 h.

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MANUTRILLO - CINEASTA Manu Trillo, en una imagen de archivo. Foto: El Correo Manu Trillo (Sevilla, 1975) no para de llevarse alegrías con su segundo documental, Quivir. La última, la que le dieron la semana pasada en PriMed, festival del reportaje y el documental del Mediterráneo de Marsella (Francia), donde se llevó el premio a la mejor Ópera prima y la mención especial ASBU que conceden las cadenas árabes. Reconocimientos que vienen a sumarse a otros conquistados en varias citas, desde Toulouse a Doha, por esta historia de cortadores de corcho a ambos lados del Estrecho: en el parque de los Alcornocales y en Marruecos. Cinco años estuvo este biólogo y fotógrafo reuniendo pacientemente el material para culminar este proyecto, que tiene como precedente otra cinta de Trillo, Nosotros, los hombres del corcho, premio RTVA al Mejor documental 2012, volcada también sobre el mundo de los corcheros. «Me sigue encantando aquel primer trabajo, y aunque con este nuevo hablen de lo mismo, son completamente distintos. Estoy convencido de que, con el tiempo, se tirará de ellos para estudios etnográficos. Pero todavía no ha sido entendido por la comunidad de antropología audiovisual, que en Andalucía casi no existe y en España es casi anecdótica», explica. Como Nosotros, los hombres del corcho, Quivir se rodó y produjo a pulso, es decir, con los propios recursos del director. «Detrás de Manutrillo Producciones solo está Manutrillo Produciones. Eso hace que tarde cinco años en acabar un proyecto que podría llevarme solo dos o tres», asevera el sevillano. Si alguien creía que el primer filme ayudaría a abrir puertas, se equivocaba. «Tuve entrevistas a nivel institucional con todo el mundo, desde el más alto al más bajo», asegura. ¿Resultado? «Nada, ni un puto pavo. ¿La explicación? No lo sé, la verdad. Tiendo a pensar que en la película se habla de políticas de conservación, y hay a quien puede no hacerle gracia». Tal vez por eso, le llama la atención que la respuesta en el extranjero haya sido tan espectacular, sobre todo en Francia. «Creo que el tema de la inmigración se vive allí de un modo mucho más intenso. Aquí están de paso, allí se instalan. Cualquier luz que proyectes sobre ese fenómeno es muy valorada. Aquí en España no gusta del todo establecer comparaciones con Marruecos», señala. «Lo que me llevo de mi experiencia en Francia es el consejo que me ha dado todo el mundo, siempre el mismo: que me vaya para allá», explica el realizador. «Y tal y como está el tema de ayudas en nuestro país, no creas que no me lo pienso». Finlandia, Alemania, Qatar, República Checa o Colombia son otros de los países en cuyos festivales ha sido seleccionada Quivir. Los españoles se lo ponen más difícil. «Hoy vende más una buena paja que un buen polvo», lamenta, pero le consuela saber que «en los festivales con alma, Quivir obtiene una aceptación espectacular», dice. Ahora, el director se prepara para una cita muy especial: el próximo viernes, día 26, en Alcalá de los Gazules, con una mesa redonda en la que participarán los protagonistas del filme, habitantes de esta zona de la provincia deCádiz. Y a seguir trabajando: «Sigo tirando fotos para financiarme los proyectos. Vengo de hacer el interiorismo de una consulta dentista de Morón», apostilla Trillo.

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