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Las prostitutas liberadas por la Policía eran sometidas a torturas

el 11 ene 2010 / 21:25 h.

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La doble operación policial que ha acabado con sendas redes de prostitución en Almería, Málaga y Córdoba tenía un nexo común: las vejaciones y los malos tratos a los que se veían sometidas las cerca de mil mujeres víctimas de las tramas. Según informa la Policía Nacional, las jóvenes -suramericanas y europeas del Este en su mayoría- "tenían que satisfacer todos los deseos de sus pagadores", incluso aunque se llegase "al daño físico, la tortura, la humillación física y psicológica". Cuando sufrían heridas, luxaciones o hemorragias por estas prácticas sexuales extremas, "se buscaba asistencia médica clandestina y rudimentaria". Se las trataba, sí, pero sólo porque no se podían permitir tener a la mano de obra de baja.

Como mucho, se las trasladaba de local con un par de días de descanso extra para borrar el rastro del maltrato. Las chicas, cuando fueron liberadas por los agentes, sufrían problemas de malnutrición, anemia y falta de sueño, agotadas por jornadas de sometimiento continuo durante 12 horas, por un descanso imposible en literas de 70 centímetros, alquiladas a 20 euros el día y en la que dormían otras nueve chicas -las camas calientes-. Todo ello, agravado con "síndromes de abstinencia potentes", debido a las dosis de heroína y cocaína que se veían obligadas a ingerir.

Los proxenetas que controlaban su trabajo -los mismos que las traían a España prometiéndoles trabajos de camareras y azafatas, el viejo y mentiroso cuento- anotaban el número de relaciones que tenían, la duración de las mismas, el precio que se pagaba y hasta el peso diario de las muchachas. Las ropas, maquillajes y calzado para su labor corrían a cargo de su sueldo -apenas la mitad de cada sesión de sexo, y ni un euro de las dosis de drogas que se veían obligadas a vender-, y en sus salidas, de dos horas máximo al día, siempre iban rodeadas de al menos cuatro chulos o una de las mamis que las controlaban.
La Policía Nacional afirma que las víctimas, que tuvieron la valentía de denunciar, siguen colaborando para poder obtener un permiso temporal de estancia y cambiar así los burdeles por un empleo digno.

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