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Todo será posible en Euskadi el 1-M

José Blanco lo ha llamado en alguna ocasión "pulsión de cambio". La sensación, alimentada por las encuestas, de que aires de transformación soplan en el País Vasco, es cada vez más palpable.

el 15 sep 2009 / 23:04 h.

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José Blanco lo ha llamado en alguna ocasión "pulsión de cambio". La sensación, alimentada por las encuestas, de que aires de transformación soplan en el País Vasco, es cada vez más palpable. Lo saben los socialistas vascos, que ya hablan de Patxi López como próximo lehendakari. Lo sabe el PP, cuyo candidato, Antonio Basagoiti, ya ha dicho que, si es para acabar con ETA y desalojar al nacionalismo del Gobierno vasco, el PSOE "puede contar" con ellos. Pero sobre todo lo sabe Juan José Ibarretxe, que no quiere ni oír hablar de pactos postelectorales.

El nacionalismo en España está perdiendo fuerza desde los años 80, aunque su concentración geográfica y en pocos partidos políticos ha camuflado esa caída, a la vez que ha radicalizado la ideología. No obstante el PNV lleva 30 años gobernando en Euskadi.

Las elecciones vascas se celebrarán el 1 de marzo y todo, empezando por la fecha, denota que esta vez algo ha cambiado. Estaba previsto que los comicios se celebrasen después de los gallegos, establecidos previamente en esa fecha. Pero el pasado 2 de enero el lehendakari sorprendió convocándolos para el mismo día. "No hay tiempo que perder", dijo. Pero lo que en realidad se interpreta de su decisión es que haciendo coincidir ambas citas electorales obligaría a Zapatero a repartirse en la campaña y evitaría un posible contagio del entusiasmo socialista si el PSOE gana en Galicia.

El secreto está en los datos: en las elecciones al Parlamento vasco de 2005, el PSE ganó cinco asientos con respecto a 2001 -de 13 a 18-, mientras que el PNV perdió cuatro y el PP otros cuatro. Paralelamente, los socialistas de Euskadi han ido ganando terreno, sin prisa pero sin pausa y al mismo ritmo al que lo ha ido perdiendo el PNV, desde noviembre de 2006. Tanto es así que en la distancia en los últimos sondeos roza el empate técnico: 27 escaños para PNV, 26 para PSE-EE y 13 para PP, según la encuesta publicada por El País.

Combinaciones. La ruptura de EA y el PNV libera a la formación jetzale de sus compromisos preelectorales, lo cual supone un obstáculo menos para un Gobierno PSE-PNV. De confirmarse los pronósticos de las encuestas, ante un eventual ascenso del PSE, ésta es la opción más barajada.

El PP, por si acaso, ya ha dicho que ve en esta posibilidad una aberración, porque entiende ese posible acuerdo como un reflejo más del ansia de poder que, según los populares, lleva constantemente al PSOE a tirarse sin mirar en los brazos de los nacionalistas. El gru-po de Patxi López, mientras tanto, lo tiene claro: no estarán en el Ejecutivo si él no es lehendakari. Así lo vienen repitiendo los líderes socialistas, que creen que López representa la única vía del cambio.

Votos. Mientras tanto, desde el PNV no se mojan. Parece precipitado dejar ver sus intenciones cuando aún queda por valorar qué consecuencias tendrá la ruptura con EA y qué pasará con los votos abertzales tras la anulación de las listas de D3M y Askatasuna. Si los votos que en 2005 fueron a parar a ANV y PCTV acaban en la saca de los nacionalistas vascos, las previsiones del Euskobarómetro podrían dar al traste. Los abertzales, por su parte, ya han pedido el voto nulo a través de sus papeletas.

Por eso el PNV se hace esperar. Ibarretxe conforma a quienes tratan de adivinar con flechas cuál será la fórmula con un "vamos a esperar", mientras que Íñigo Urkullu, el protagonista en la sombra del PNV, abre nuevas posibilidades: "Puede llegarse a alianzas en cuestiones estratégicas sin necesidad de que se visualicen en fórmulas de Gobierno en coalición", dijo en enero. Sus palabras avanzaron otra de las opciones: un gobierno en minoría. No sólo los nacionalistas podrían elegir esta opción, también lo dejó caer el PSE.

En caso de que haya pacto, al enlace PSE-PNV se une la posibilidad de que se reedite el tripartito (PNV-EA-EB), aunque el CIS no le da esta vez la mayoría absoluta. También se habla de un pacto PSOE-PP, con el posible apoyo de UPyD, cuya líder, Rosa Díez, es la segunda más valorada en las encuestas. La opción de un bloque españolista parte, claramente, del afán de unos y otros por desterrar al nacionalismo de Ajuria Enea. Tampoco es descartable un bloque de izquierdas PSE-EA-EB, al estilo catalán. En cualquiera de los casos, soplan vientos de cambio.

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