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Todos a por setas

¿Diría usted que en Sevilla se organizan pocas cosas para que el respetable se divierta y aprenda? Hasta una campaña de recogida de setas, esas criaturitas con sombrero no siempre tan amigables como parecen. Serán, con Galileo, las protagonistas de la Semana de la Ciencia.

el 04 nov 2009 / 22:03 h.

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Cuidado con la setas: algunas, como este Boleto de Satanás, no son precisamente una delicia.

Lo bueno de coger setas es que, de segundo, se puede uno comer unos riñones al jerez: los suyos. ¿Qué exito puede tener el convocar excursiones al campo para recogerlas, por mucho que éstas se amparen dentro de la Semana de la Ciencia que organiza el CSIC, habiéndolas lozanísimas en la plaza de abastos y estando el paisanaje tan hecho ya a la forma del sofá? Más que una actividad dedicada a los hongos, parece dedicada a los retos. Y, ¿qué sería de la ciencia sin ellos? Poca cosa.

Sevilla lo mismo no es una ciudad floja, pero sí es una ciudad llana, tan llana que se ha convertido en la capital mundial del pleonasmo: ¡Niño, sube p'arriba!, o ¡Niña, baja p'abajo!, como si la idea de alterar la horizontalidad vital de sus moradores requiriese un refuerzo verbal, un doble click. ¿Cómo engatusar al vecindario para que se apunte a esa misión campera y, en general, a todos los actos programados por la Casa de la Ciencia de Sevilla para noviembre? Pues con dos argumentos de peso que aquí nunca han fallado:  el orgullo y el estómago. ¿Te gustan estas setas? ¡Las he cogido yo!

Ayer, hablando con una de las organizadoras de esta actividad, comentaba ella que no sólo las hay comestibles y venenosas, sino que hay además otra categoría que se podría definir como ni fu ni fa. Ella se llama Patricia Siljeström y es la presidenta de la Asociación Muscaria, que  forma parte de la Casa de la Ciencia, comparte su sede en el Pabellón de Perú y es la que está sacando adelante este Noviembre Micológico, que le dicen ellos. Patricia ha hecho una lista con las diez especies más ricas, las diez más tóxicas y las diez más ni fu ni fa, de todas las cuales hay algunos ejemplos en estas páginas. Y de todas ellas aprenderán algo quienes se inscriban en esta experiencia que va mucho más allá de la mera observación y recolección: salir de la ciudad, caminar, convivir, conocer, atiborrarse de ese cansancio delicioso que se le quita a uno reposando, variar, asomarse uno a lo que ignora. En definitiva, una proeza como una casa (de gnomo, de acuerdo, pero una casa).

Los hongos van a ser, junto con la figura de Galileo, los ejes de la Semana de la Ciencia en Sevilla. La Semana de la Ciencia del CSIC es como la Semana Fantástica de El Corte Inglés, que dura casi un mes. En lo tocante a la micología, va a haber conferencias, convivencias, reuniones como las de Los Lunes Micológicos... Vaya, que si uno fuese seta se quitaría el sombrero por la de actividades que desarrollan en pro de su vocación compartida.

La próxima excursión va a ser el sábado 14, con destino en un paraje tan avasalladoramente hermoso que se sugieren gafas de sol para ocultar los lagrimones de emoción: la Sierra de los Alcornocales, en Cortes de la Frontera (limítrofe entre Cádiz y Málaga). Se irá en autobús y se requiere llevar canasto y navaja, obviamente para recoger setas (no valen bolsas de plástico, dice la organización).Mientras tanto, en Sevilla, la Casa de la Ciencia celebrará su fiesta con teatro, cine, exposiciones y conferencias dedicadas al genio de Pisa. Porque en la ciencia lo mismo cabe un hongo que un sabio. Y aficionados, todos los que quieran.

He aquí, como muestra, algunos ejemplares de setas muy diverso pelaje:

Amanita phalloides: Más mala que un dolor. El emperador Claudio se convirtió en dios después de comerse unas cuantas, y no por lo buenas que estaban, sino porque se murió. Las hay por todas partes y son malas pero malas: provocan el llamado síndrome faloidiano, que, lejos de lo que pueda parecer, afecta al hígado y a los riñones. Una máquina de matar.

Amanita pantherina: Alucina, vecina. Otra mala compañera de plato. A ésta le da por atacar los intestinos y el hígado y, como su hermana la muscaria, es alucinógena hasta decir basta. Neurotóxica, por decirlo con propiedad. En caso de duda, mejor comerse un bocadillo de chopped que a esta inquilina otoñal de los bosques de coníferas. Toda una pantera.

Boletus Satanas: Vade retro entre retortijones. Todo lo más, este Boleto de Satanás provoca vómitos y diarreas, por lo que conviene no comerlo muy lejos de casa y, a unas malas, ni olerlo siquiera. Es de las setas malajes, de las que le dan a uno el día. Mejor dejarla como palacete para los gnomos e irse a por otra cosa.

Russula Torulosa: No me piques... He aquí un fenomenal ejemplo de seta tonta donde las haya, de las que ni matan ni alimentan, por muy bonita y colorida que sea, con esos tonos rosáceos y esas láminas como la golilla de Quevedo. La russula torulosa no hace daño, pero como si lo hiciera: primero, está dura como una piedra y no hay quien la mastique. Y luego, más picante que dura, todavía. O sea, que dentro de la clasificación de hongos que no son ni chicha ni limoná queda especialmente desaconsejada por desagradable al paladar y a la dentadura.

Amanita cesarea: Un placer digno de emperadores. ¿Sabe usted cuánto se llega a pagar por un kilo de esta delicia? Hasta cien euros. Está considerada como la virreina del País de la Micología, por detrás sólo de la trufa, y ha hecho llorar de gusto a más de un escéptico. Entre 8 y 25 centímetros de sombrero y un tono amarillento anaranjado. Lo mejor: que es casi inconfundible con otras. 

Amanita ponderosa: Una sevillana que quita el hipo. También llamada gurumelo, es otra de las delicatessen de los bosques y, además, genuinamente sevillana (bien, para no pelear: de toda Andalucía Occidental). Lo que pasa es que suele darse en primavera. Dicen que con perdiz, o en revuelto, o como sea, es exquisita. A algunos les gusta más que la cesarea.

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