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Tomar el té con la Reina

En su espléndido libro Historias de Londres, Enric González habla de la Casa Real británica, esa familia educada "para no decir jamás nada interesante y potencialmente polémico", en términos de su enorme interés turístico. En sus páginas hace referencia a una encuesta publicada por el Daily Express sobre la institución monárquica y sus posibles ventajas.

el 15 sep 2009 / 17:56 h.

En su espléndido libro Historias de Londres, Enric González habla de la Casa Real británica, esa familia educada "para no decir jamás nada interesante y potencialmente polémico", en términos de su enorme interés turístico. En sus páginas hace referencia a una encuesta publicada por el Daily Express sobre la institución monárquica y sus posibles ventajas.

Los encuestados respondieron, de forma mayoritaria, que el mejor argumento para preservar la monarquía era "el atractivo turístico". De los 15 millones de turistas que cada año visitan Londres, casi la mitad contemplan el cambio de la guardia en Buckingham Palace, dos millones visitan la Torre de Londres y se venden millones de souvenir relacionados con la monarquía. Richard Branson, el dueño de Virgin, decía que "los Windsor son una versión lúgubre de la familia Addams, pero forman parte del negocio de Londres".

Ignoro si en España existen encuestas similares, pero las opiniones de la Reina, vertidas en un polémico libro, han provocado un intenso debate, a decir verdad, casi más mediático que social. Mucho se ha hablado y escrito de estas extemporáneas opiniones. Algunos han osado, incluso, insinuar el también inoportuno debate de la utilidad y virtualidad de la monarquía. Demasiado ruido para tan poca sustancia.

Al margen del tenor ideológico o religioso de las ideas publicadas, lo que es realmente sorprendente es que alguien pueda extrañarse a estas alturas. Era difícil llevarse a engaño, cuando esas convicciones eran fácilmente imaginables, a la vista de las reiteradas y ostensibles manifestaciones públicas, de carácter confesional, de la Casa Real en los últimos treinta años. Por eso, muchas de las reacciones resultan exageradas, artificiales.

Pero más allá de la oportunidad de los comentarios de la Reina, hay que fijarse en algo más relevante. Por un lado, la vehemente confirmación de la aparente vocación monárquica de los socialistas españoles. Ese ardor que algunos malpensados pueden interpretar como fragilidad y vulnerabilidad de la institución real. Por otro, la significativa llamada al orden en las filas populares. Aunque es evidente, después de tres décadas de democracia, que la monarquía goza de una impecable salud institucional. Mientras los periódicos nos advierten del fin del capitalismo, del ocaso del libre mercado, mientras el Manifiesto Comunista de Marx arrasa en ventas por internet, con la palabra crisis dominando todas las conversaciones, gozar de la estabilidad de las instituciones, aunque sean de naturaleza dinástica, no viene nada mal.

Tal vez sea el efecto, como escribe Enric González, de ese deseo oculto de todo el mundo, incluso del más contumaz republicano, de tomar el té con los reyes. Tal vez estemos asistiendo a una paradoja más de nuestra historia, a una peculiar contradicción de nuestra joven democracia. Probablemente todo corresponda a esa habilidad nacional desarrollada durante décadas, esa exitosa capacidad de gestionar atractivos turísticos singulares.

Abogado

opinion@correoandalucia.es

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