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Toros

«Torear en la plaza de la Real Maestranza es un privilegio»

El novillero sevillano Pablo Aguado debuta con picadores en la feria de Olivenza. Será el mejor escaparate para revalidar el enorme ambiente levantado en su etapa sin caballos.

el 24 feb 2015 / 16:00 h.

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El reloj ya marca la cuenta atrás para la presentación con picadores de Pablo Aguado, el prometedor novillero sevillano. Será en la feria de Olivenza, un escaparate de lujo que puede suponer un espaldarazo. El joven torero ultima su preparación. La cita es en la ganadería de Luis Algarra. Dos toros de distinta condición ponen a prueba la aptitud del novillero. Los deberes ya están hechos... Pablo Aguado Pablo Aguado en el ruedo de La Capitana, la finca de los toros de la familia Algarra-Polera. / Rodríguez de la Vega —De alguna manera, el debut con caballos en Olivenza es la consecuencia de un año feliz en lo profesional. —Fue una temporada soñada. He toreado en todas las plazas con las que sueñan los toreros. Hablo de Sevilla, Ronda, Bayona, El Puerto, Jerez… auténticos templos en los que salieron las cosas. Esos resultados sirvieron para torear un montón de novilladas. Además, asomarme a los pueblos de Ávila y Toledo me ha servido para curtirme con encierros más fuertes. —Todo esto le llega a una edad que permite tener las cosas más claras. Ya no está jugando a ser torero. —He comenzado tarde en esta profesión pero eso me ha permitido ver las cosas de otra forma, con la cabeza y la madurez que no tiene el niño que dice que quiere ser torero sin saber lo que implica. Además he podido acabar mis estudios y eso me permite contar con un plan B que ojalá no tenga que activar nunca. Pero me da tranquilidad y confianza a la hora de estar en el toro y perseverar en la profesión. —La autodisciplina que supone simultanear la vida de torero y la aplicación en el estudio a la larga es bueno. —Este oficio te quita mucho tiempo y requiere que estés centrado al cien por cien en el toro. Compaginarlo con una carrera exigente que te absorbe también es complicado. Pero eso me ha enseñado que hay tiempo para todo, que el día tiene muchas horas y sobre todo, si luchas por algo que quieres, siempre sacas tiempo. —¿Este debut con picadores implica un nuevo comienzo? —Es una nueva etapa que se abre. Tampoco puede pensar la gente que yo voy a seguir pegando los pelotazos del año pasado. Paso de ser cabeza de ratón a cola de león y entro en un nuevo escalafón, con compañeros preparados que han toreado mucho a los que respeto enormemente. De momento, esa etapa comienza en el lugar que todos soñamos que empiece: en Olivenza, la primera feria del año y con la importancia que todos conocemos. —Y hablando de Olivenza, si las cosas ruedan allí es una oportunidad de oro. —Si las cosas salieran bien en esa plaza ya sabemos lo que supone. Entraría en todos lados y accedes al gran público. Olivenza es un escaparate inmejorable de cara al toreo y me permitiría volver a Sevilla con gran ambiente. —Pues Sevilla está ahí… Hay que volver a pisar ese ruedo. —Sí, hay que ir. El mero hecho de haber ganado el ciclo de promoción del pasado verano ya te da derecho a ir con una novillada picada. La verdad es que es una responsabilidad muy grande. Se trata de Sevilla y la gente espera mucho. Si esperan un diez y le damos un nueve les parecerá poco. Hay que ir a darlo todo y con la mente abierta, preparado y con el trabajo hecho para salir confiando en tus posibilidades. —Hay que ver la que formaron en la plaza de la Maestranza el verano pasado… —Torear en Sevilla ya es, de por sí, un privilegio. Pero ir en la furgoneta y ver el ambiente que había, con la gente pegando golpes en los cristales como si fuéramos alguien… Aquello fue muy bonito. Después vi la plaza llena… Aquello no se olvida. —Es que esa revolución taurina, y a ese nivel de base, hacía mucho tiempo que no se vivía en Sevilla. Es algo que hay que aprovechar. —Claro. Hay muchos novilleros sevillanos como Borja Jiménez, Lama…, son muchos nombres que están ilusionando a la gente y están permitiendo que los aficionados pongan la vista en los escalafones inferiores. Eso es muy bueno para la fiesta, para nosotros y el toreo general. Es algo que engancha y da el morbillo de comprobar y hablar de la evolución de unos y otros. —Y toda esa expectación, ¿exige, pone el listón alto? —Es una responsabilidad enorme pero esto es así. Como mencionaba antes, tengo que dar gracias de que esperen un diez de mi. Si sólo esperaran tres, malo. Tengo esa responsabilidad, sí. Pero las figuras del toreo la tienen tarde tras tarde y la superan. Y si yo quiero ser como ellos también tengo que ser capaz de superarla.

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