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Toros, caballos y hombres para recordar a Juan Belmonte

Un histórico tentadero a campo abierto en Utrera ha dado un homenaje al centenario de la alternativa de Juan Belmonte.

el 08 jun 2013 / 19:05 h.

Un histórico tentadero en Utrera homenajea los 100 años de la alternativa de Juan Belmonte. / Álvaro Pastor Un histórico tentadero en Utrera homenajea los 100 años de la alternativa de Juan Belmonte. / Álvaro Pastor Un histórico tentadero a campo abierto en las tierras de Utrera ha servido para conmemorar el centenario de la alternativa de Juan Belmonte –la tomó en Madrid de manos de Machaquito, que se retiró ese mismo día- que se cumplirá el próximo 16 de septiembre. La cita era en el corredero de La Cobatilla, en el camino que une las tierras bajas cercanas a la antigua Marisma con las estribaciones de la sierra de Ronda, una secreta ruta que guarda los secretos de la génesis del toro bravo en los que tanto tiene que ver la historia de la familia Murube, anfitriona del evento. Un histórico tentadero en Utrera homenajea los 100 años de la alternativa de Juan Belmonte. / Álvaro Pastor Un histórico tentadero en Utrera homenajea los 100 años de la alternativa de Juan Belmonte. / Álvaro Pastor Los organizadores –Manuel Morilla Tenorio, Javier Beca entre otros- habían barajado en un primer momento celebrar este atractivo encuentro de la familia del toro en Gómez Cardeña, el hogar campero de Juan Belmonte en el que decidió quitarse la vida hace poco más de 51 años. Aunque la casa, la plaza de toros, las corraletas y las antiguas dependencias permanecen prácticamente intactas, la finca fue orientada hace ya muchos años al aprovechamiento agrícola en detrimento del ganado de casta, que se llevó consigo las infraestructuras necesarias para garantizar la seguridad de una faena campera de estas características. Cambió el escenario pero permaneció el mismo objetivo: se trataba de rememorar el ambiente y la atmósfera de estos tentaderos a campo abierto que constituyeron una de las pasiones de Belmonte, especialmente a raíz de su retirada definitiva de los ruedos, convertido en rico hacendado y labrador. La jornada comenzó temprano. El trajín de jinetes –perfectamente ataviados con guayaberas y sombreros de ala ancha- se confundía con el talán talán de los bueyes y el reburdeo de las reses preparadas a contraquerencia en el inmenso corredero de Pepe Murube. El picador, los petos, los axiliadores y vaqueros estaban dispuestos. Se trataba de calibrar la bravura, comprobando el aire de la camada –en esta ocasión de forma testimonial- a través del acoso y derribo de los becerros cedidos por Murube, Guardiola y Espartaco. Soltada cada una de las reses, el garrochista y el amparador afinan el lance y templan la carrera hasta que el palo de majagua atina en la palomilla del rabo. Llega entonces el derribo del becerro y esa espectacular voltereta que dibuja una de las más bellas y fugaces estampas el campo bravo. De ello se encargaron las sucesivas colleras de jinetes, encabezadas –entre otros- por las espuelas de Toto Miura, Ernesto Campos Peña y Luis Erquicia Domecq. Algunas de las reses también fueron calibradas en el caballo de picar, sabiamente montado por Eduardo Cid y los hermanos Cruz, que llegaron a corredero acompañando a Morante, a las riendas de una antigua galera rabiosamente campera desde su finca, paredaña de La Cobatilla. Con la muleta en la mano, el diestro de La Puebla echó pie a tierra y dibujó muletazos de ese sabor recio –sin aditamentos- que sólo se paladea en el campo. Morante se hizo acompañar del viejo Espartaco (padre), que llegó a torear con Belmonte en su juventud en la placita de Gómez Cardeña. Juntos pusieron la guinda más hermosa a esta mañana campera que debería tener continuidad. Espartaco también se animó y toreó. H

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