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Torreblanca se moviliza contra el desahucio de una familia

Javier fue hospitalizado tras intentar suicidarse al recibir el aviso por el que perdía su vivienda.

el 30 nov 2011 / 22:38 h.

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Javier M. G. trata de taparse las vendas que cubren sus muñecas con las mangas mientras relata su historia. A su lado, varios vecinos le arropan y le consuelan. Dentro de su vivienda, su mujer y sus dos hijas empaquetan con prisas todas sus pertenencias antes de tener que abandonar el domicilio. De fondo, recorriendo las calles de Torreblanca, un vehículo armado con un megáfono pide ayuda a todo el barrio y les convoca a primera hora de la mañana. La cita es en el número 34 de Torre Hermosa.

La vivienda es de la familia de la mujer de Javier desde hace décadas, sin embargo hace tres años, en 2008, se hipotecó por 120.000 euros para asumir los gastos familiares y una reforma del inmueble. Pero hace más de un año que los recibos de 600 euros mensuales dejaron de abonarse. Javier estaba en el paro y luego intentó iniciar un negocio que no daba dinero suficiente. No le contó nada a sus familiares, ni a los vecinos. Hasta que el viernes pasado recibió una orden de desahucio. Intentó quitarse la vida. Afortunadamente, no lo consiguió, pero tuvo que ser hospitalizado. Y, entonces, sus familiares descubrieron que su situación económica era peor de la que él mismo les reconocía. Un cuñado se ofreció a ayudar. Acudió corriendo ayer al Juzgado anunciando una transferencia inmediata. Demasiado tarde. La orden de desahucio era ya imparable.

"No se lo conté a nadie que no podía pagar las cuotas de 600 euros. Me lo quedé todo dentro". Y cuando recibió la notificación del desahucio, estalló. "No la esperaba, había pedido un aplazamiento". Durante más de un año no había pagado las cuotas, lo que le dejaba ya una deuda, según él, de entre 10.000 y 15.000 euros de hipoteca en una vivienda de 120.000 euros. Ésa es la cantidad que le costará perder su piso y la que puso encima de la mesa del Juzgado su cuñado en una última maniobra ayer por la mañana. Pero no sirvió. Javier, su mujer, sus dos hijas -de 18 y 13 años- y su suegra recogían ayer sus pertenencias a la espera de la ejecución de la orden de desahucio emitida por el Juzgado. Tendrá que perder el piso ubicado en el mismo barrio en el que se crió y que pertenecía a la familia de su esposa. El crédito que pidió no fue para adquirir el piso, fue para conservarlo y asumir los gastos familiares.

"No te preocupes vamos a conseguir que esto se arregle", le animaban varios de los vecinos que se congregaron en la puerta de su vivienda. El movimiento 15-M, la casa del Barrio, la asociación de mujeres La Unidad, la entidad Las Tres Calles y la asociación Los Comerciantes ya estaban ayer activas tratando de apoyar a su vecino. Las calles del barrio las recorría un coche con un megáfono, en las puertas se pegaban carteles invitando a una concentración hoy a las nueve de la mañana en la puerta de la vivienda.

"No tenía esperanzas, pero me la están dando", admite Javier. Ha contactado con el banco. Quieren aclararle que han logrado el dinero. Que frenen el proceso.

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