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Torrijos. Una pipa política hasta morirse

Torrijos renuncia a su acta de concejal, entona un adiós al Ayuntamiento pero no a la política, y regresa como ATS al SAS.

el 28 dic 2013 / 00:38 h.

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Por Iñaki Alonso y Juan Rubio Se va, pero no huye, se aleja del foco para que sus imputaciones, por las causas abiertas en los juzgados por las ayudas a la Fundación DeSevilla o la venta de suelos de Mercasevilla no sean una excusa para atizar a su formación en un momento de ascenso. Lo dijo así, cuando notificó hace semanas su renuncia al acta de concejal, donde fijó su hoja de ruta, siempre metódica: no se iría con los deberes a medio hacer ni se desvincularía de una droga, la política, en la que lleva enganchado muchos lustros. Por eso, no fue hasta que se aprobaron, sin su apoyo, los presupuestos, cuando Antonio Rodrigo Torrijos se levantó de la silla y entonó el adiós. Una despedida que para él sólo es un hasta luego, porque, aunque se incorpore a su plaza de ATS en el SAS –su último destino fue el HospitalVirgen del Rocío–, dejó claro que “nunca” dejará la política: “Sólo morirme me apartará de ella”. Antonio Rodrigo Torrijos, ayer durante la celebración del que fue su último pleno del Ayuntamiento de Sevilla. / MANU R. R. (ATESE) Antonio Rodrigo Torrijos, ayer durante la celebración del que fue su último pleno del Ayuntamiento de Sevilla. / MANU R. R. (ATESE) Enterró por un solo instante el hacha. No era día de emprender- la con el de enfrente. Ni siquiera de hablar de sus causas judiciales, aunque no dejó pasar la ocasión de defender, de soslayo, su inocencia. al expresar que “el manto de desprestigio que hoy salpica la vida política es producto de causalidades”, sin obviar que también “cometemos errores”. Más bien era el día de echar la vista atrás y retrotraerse a aquella primavera de 2003 cuando, como segundo en IU, se le abrieron las puertas del Ayuntamiento y del Gobierno local. Habló de la política “en mayúsculas” que debe contrarrestar “la de bajo perfil que desorienta y confunde al pueblo”. Y, en esas, optó por reivindicar su impronta. Su legado. Así, citó como logros el parque social de vivien- da, la oficina Otainsa, los cuatro centros de formación permanente al empleo, la constitución del bonobús solidario, el desarrollo de instalaciones deportivas y la apuesta por el transporte sostenible con unas peatonalizaciones y una red de carriles bici que “ahora tienen muchos padres, pero que al principio se encontraron con muchas reticencias”. En ese repaso, no se olvidó de ensalzar el trabajo realizado en el Polígono Sur y unos vecinos que “se merecían más de lo que se ha podido realizar”, por lo que volvió a reclamar, por última vez en pleno, un apoyo decidido de las tres administraciones (Ayuntamiento, la Junta y el Estado). No se olvidó de mostrar su respeto a los compañeros (de ahora y de antes) que le acompañaron en las bancadas del PSOE y el PP, citando expresamente al exalcalde Alfredo Sánchez Monteseirín “con el que tuve la suerte de compartir opiniones y disentir”. Cuando terminó su discurso del adiós, la bancada popular no sabía qué hacer: aplaudir, no aplaudir, algunos juntaron las palmas pero, mirando de reojo a los compañeros, terminaron por ahogar el reconocimiento sonoro. Se impuso el silencio. Frialdad. El que más llegó a juntar las manos en un ademán que parecía más de oración o plegaria que de aplauso. Esa labor no estaba, en todo caso, encomendada a la bancada del PP, que tantas veces pidió su dimisión, desde su famosa foto de la mariscada en Bruselas hasta su primera imputación a las puertas de las elecciones de 2011. Para las loas ya tenía a sus compañeros de viaje en esa travesía del desierto que es la oposición (PSOE) y, sobre todo, a su guardia pretoriana, esa con la que ha mantenido reuniones maratonianas en ese despacho del palomar y que ayer cogieron sitio entre el público: Juana Martínez, Alejandro Massía, Marisa Infante, José Antonio Salido, Gloria Sánchez... Todos ellos fueron citados por Torrijos, que no pudo disfrazar en su alocución las emociones que suele esconder tras la coraza de las frases hechas que ha ido repitiendo, con más o menos éxito, a lo largo de sus 132 plenos –los tenía bien contados– y casi 11 años de servicio al Consistorio. Ni va de retro Satanás ni demás circunloquios. Las frases hechas se las apropió, con poco tino, el portavoz del PP, Juan Bueno. No ocultó sus diferencias –“a veces nuestra posturas se han situado en las antípodas”– aunque aseguró que no era “el momento procesal oportuno” –frase utilizada mucho por Torrijos pero que la entonó con segundas–. Y concluyó con una mención: “En este pleno, Agamenón y su porquero se han quedado sin quien les mencione”, frase recurrida por Torrijos ante lo inopinable. Más institucional se mostró el alcalde, Juan Ignacio Zoido, que, aun admitiendo las diferencias, no dejó de agradecer a “Don Antonio”, en nombre de los sevillanos, la dedicación a la defensa de los interes general de la ciudad. Mientras, el portavoz municipal socialista, Juan Espadas, alabó el “compromiso social” de Torrijos, que haya sabido “dejar su sello”. Aunque Torrijos ya se había despedido, no podría dejar de lado a su archienemigo en este mandato: el presidente del pleno, Javier Landa, con el que nunca supo manejar los tiempos. Viendo que éste le dio manga ancha, tomó de nuevo la palabra, para “desprotocolizar” el momento y despedirse del que definió como “la alegría de la huerta” y terminar repartiendo “besos a todas y todos”.  Y se acabó la pipa.

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