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Cultura

«Trabajamos para que el Festival tenga actividad propia durante todo el año»

Entrevista con el director del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF), José Luis Cienfuegos.

el 03 nov 2014 / 16:00 h.

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José Luis Cienfuegos / J. L. Montero José Luis Cienfuegos / J. L. Montero

En los tres años que José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) lleva al frente del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF), el certamen –que arranca su undécima edición este próximo viernes– ha recobrado un nuevo pulso, ni mejor ni peor que el anterior, diferente. El encuentro late en sintonía con la visión personal de su responsable, tan atento a sus propias pulsiones cinéfilas como a presentar, en una semana, una cosecha heterogénea de presumible interés general que compila lo que de sí viene dando el celuloide europeo. Ese por el que cada vez sentimos menos miedo y más pasión.

Antes de que empiece incluso, ¿cuál es el objetivo que se ha fijado para esta nueva edición? Me gusta la prudencia sobre todas las cosas. Hay un primer objetivo que ya está logrado; presentar un programa de calidad. Modestamente creo que lo hemos conseguido. Otra aspiración es mantener el número de espectadores, 60.000 en salas, casi 90.000 sumando los asistentes a las actividades paralelas. Incrementar la cifra sería estupendo. Pero de momento podemos asegurar que el de Sevilla es uno de los festivales con mayor aceptación del público. Y hay una cantera enorme, como demuestra que la sección Europa Junior, nada más darse a conocer, recibió más de 10.000 solicitudes para asistir a esas sesiones.

¿Tras tres años como director, puede asegurar que este es el Festival de Cine Europeo que tenía en mente cuando llegó al cargo? El modelo lo tenemos absolutamente claro. Desde sus comienzos, el SEFFha ido cambiando poco a poco y ahora nuestra estrategia central es llegar a más y más público sin renunciar a nuestra identidad. Este debe ser un Festival atractivo, creíble y asequible. La Unión Europea nos ha incrementado un 20% su aportación, obteniendo en su baremo de valoración 93 puntos sobre 100. Y el Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales también ha subido la dotación... algo bien debemos estar haciendo.

El año pasado el Festival se inauguró con la comedia Tres bodas de más. Este lo hará con el thriller La ignorancia de la sangre; dos cintas abiertamente comerciales. ¿Forma parte de la estrategia para enganchar al público mayoritario? Me irrita enormemente que en Sevilla, cierto sector de la crítica nos condene por abrir con películas comerciales diciendo que nos vendemos a la alfombra roja. Auténticas estupideces cuando tienes una línea de programación tan valiente. Tres bodas de más era una estupenda comedia, por eso estaba ahí. En cualquier caso, a otros festivales europeos (Locarno,Cannes, Berlin...) se les permite hacer lo mismo que nosotros hacemos. Pero a ellos no los tachan. Y se calla por ejemplo que en esta próxima edición presentaremos los trabajos de autores tan poco convencionales como Roy Andersson, Martin Arnold o Pedro Costa, entre otros. El SEFF se programa con libertad y no abrimos la mano a que se cuelen cintas que, por más populares que sean, no aporten calidad. Porque ese relajamiento ha sido el fin de algunas citas importantes que hoy ya no existen.

Lo que sí parece poco rebatible es que el Festival de Cine Europeo atrae mayoritariamente al público joven. ¿Asume que esto es así ? No. Y no porque sencillamente el espectro que abarca el SEFFes mucho más heterogéneo de lo que usted piensa. No vivimos únicamente del público universitario; como tampoco lo hacen la mayoría de los festivales. Más bien al contrario. Es un espectador que nos interesa, ¡por supuesto!, pero hay que cuidar al público cinéfilo que tiene una educación cinematográfica y que posee referentes. Ese público ha sido en ocasiones ninguneado por parte de los programadores. Quiero dejar claro que cuando diseñas un programa y hablas de ‘cine joven’ no es cine para jóvenes. Hablamos de un cine joven formalmente, arriesgado, que abre nuevos caminos. Paradójicamente, si programas cine para jóvenes, pinchamos.

Uno de los indicativos de la consistencia de un festival de cine es la mayor facilidad para, haciéndose ver entre la competencia, atraer a exhibidores con películas de peso bajo el brazo. ¿Mejoramos en ese sentido? Un festival no tiene porque ir a mejor a medida que va cumpliendo años. Nosotros estamos contentos con lo que proponemos, otra cosa es que convenzamos luego más o menos al público. Pero centrándome en lo que me pregunta, hay exhibidores y directores que quieren estar aquí. La frase más oída entre nuestro equipo es que al SEFF «quiere venir todo el mundo». Este año hemos recibido solicitudes de acreditaciones de muchos directores que pretenden solamente acudir para ver películas. Y esa es una de las mejores noticias que podemos recibir. Hemos pasado además de concentrar a tres programadores en 2011, a más de 30 el año pasado. Nuestra apuesta por el cine español de riesgo [la sección Resistencias] es también un foco de atracción muy grande para la industria.

Usted siempre ha llevado muy a gala el haber trabajado con políticos de signos diferentes. Pero teniendo esto en consideración, ¿le lleva a evitar ciertos títulos según corresponda? El año pasado se proyectó el documental Rocío, una interesante visión sobre la romería, y no ocurrió nada. Se entiende que un festival de cine es un foro democrático. Yno se comprendería que se organizase un barullo por mostrar trabajos de muy diferente sesgo. Al hilo de lo que me pregunta, no entenderé nunca el escándalo artificioso que se creó el año pasado con la fallida proyección de El desconocido del lago tras hacerse con el Giraldillo de Oro [se refiere a la polémica suscitada por el fallo técnico real que impidió que se proyectara la película ganadora –de alto contenido erótico homosexual– en la gala de clausura, con presencia de, entre otros, el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y que suscitó todo tipo de erróneas teorías, con la censura como la más plausible]. Lo peor fue la falta de mimo hacia un certamen que acababa de terminar. Y lo que quedó tras meses de trabajo agotador fue una situación absurda, que dejó al equipo con cara de estupor.

Trabaja intensamente en crear sinergías con otros eventos. Con la Bienal de Flamenco, con el Festival de la Guitarra... y más que nos gustaría. Por ejemplo, con el Teatro Quintero estamos preparando muestras de cine fantástico y oriental para los próximos meses. Queremos mostrar todo lo que no llega al Festival de Cine Europeo por sus propios límites. Por otra parte, yo espero que una vez digitalizado el Teatro Alameda podamos desarrollar actividad a lo largo de todo el año. Porque esta es nuestra casa, un teatro que funciona maravillosamente y que nos acogió con los brazos abiertos.

¿Han entendido ya el público y los medios de comunicación que el SEFF hace tiempo que renunció a tener un juguete como la alfombra roja? Hace cinco años el director de un importante festival decía que «un festival de cine sin alfombra roja es como un cineclub de pueblo». Pues bien, el certamen del que era responsable, hoy no existe. Encuentros de la importancia de los de Rotterdam o Valladolid tienen su propio concepto de alfombra roja y gozan de una salud excelente. Curiosamente toda esa gente que demanda la pasarela de estrellas –que se consigue sólo a golpe de talonario– son personas a las que el Festival de Cine Europeo les tiene sin cuidado.

Este año el Festival deja otra vez el centro de la ciudad y vuelve a Nervión. ¿Le preocupa perder esa imagen de cita fuertemente cosmopolita? Es evidente que a todos nos inquieta algo el ver cómo va a funcionar el cambio. No obstante, la estrategia es no mirar atrás. Hemos visto que en el centro, efectivamente, iba bien. Pero se nos planteó una cuestión moral en cuanto al presupuesto del festival y la decisión era evidente. No podíamos asumir el alquiler de las salas [cines Avenida y Alameda, de Unión Cine Ciudad] más la instalación de todo el equipamiento técnico. Incluso ellos mismos encontraron lógico que tuviéramos que marcharnos. Pero no nos vamos al extrarradio, si no a Nervión coordinados con Tussam con ventajas específicas (abonos) y, por parte, de CineSur y Nervión Plaza, todo han sido facilidades. Si tienes encima una garantía en cuanto a la calidad de las proyecciones y cuentas con un personal entrenado y que te quiere, como es el caso, la decisión estaba clarísima.

Al respecto de la edición que comenzará en unos días ha vendido la reunión de Europa Cinemas como uno de los logros más potentes. ¿Cuál es su trascendencia real? Estamos hablando de que durante tres intensos días, exhibidores de toda Europa van a hablar en Sevilla de cómo fidelizar nuevos públicos y de nuevas estrategias para atraer a más espectadores al cine que hacemos. Siempre he pensado que las salas que programan cine de autor han de mimar a los espectadores porque son los que te van a garantizar la supervivencia. Y hablo no sólo de cines comerciales, también me refiero al circuito cultural. Ahí incluyo el Centro Niemeyer de Avilés, Matadero Madrid, el Centro Gallego de Artes de la Imagen o la Filmoteca de Andalucía.Ese entramado cultural es totalmente necesario para el cine que defendemos.

Este año el foco del SEFF se sitúa sobre la cinematografía de Austria. ¿Cuáles son las señas de identidad del cine de este país? Podríamos caer en el error de asimilarlo con el alemán. El de Alemania es un cine con más poder; donde se hacen muchas películas comerciales. El de Austria es un cine incómodo, turbio, puede que hasta morboso en ocasiones. Y es el país de referencia si de lo que hablamos es de cine experimental, un género que miman con especial atención. En este punto, entre otras propuestas, vamos a tener a Martin Arnold, un nombre clave de este tipo de realizaciones, presentando sus trabajos en una sesión especial en Nervión Plaza. Luego el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo acogerá durante un mes instalaciones audiovisuales de este autor.

¿Se cuelan muchos snobs para fardar de ver cine europeo? Ver una película en el SEFFse ve y se percibe de manera diferente. El ambiente te guía, con la sala llena, con el director o los actores presentes. Y por eso los festivales de cine sobreviven; son eventos que van más allá de la simple programación de unas películas. Siempre invitamos al público a que se aventure, a que se arriesgue y descubra cosas nuevas, como este año el cine experimental austriaco. Cada espectador marca su propia ruta del festival. Buena parte de lo que soy lo he aprendido acudiendo como espectador a la Seminci de Valladolid, me cogía días para empaparme de fotogramas. La oportunidad que brindamos en ese sentido los festivales de cine es inigualable.

¿La caducidad de su contrato como director sigue vinculada al actual Gobierno municipal? De momento hay un contrato en marcha que caduca en el momento en que termine el trabajo de la actual corporación. Pero ahora mismo, a días de que comience el SEFF, lo último que me preocupa es mi continuidad aquí más allá de las próximas elecciones.

Si durante el certamen pudiera tomar un respiro, ¿en qué proyección se colaría? Somos varios del equipo que lo que más desearíamos, y no sabemos si podremos llevarlo a cabo, es por lo menos ver unos minutos en pantalla grande, con copias restauradas, de las películas del pequeño ciclo, de clásicos contemporáneos restaurados, Tour/Detour. Ahí vamos a tener títulos como Pierrot le fou, de Jean-Luc Godard y Mouchette, de Robert Bresson, entre otros. Es una sección corta porque queremos ser prudentes para ver cómo funciona entre el público esta propuesta y porque los derechos de exhibición de estas películas son extraordinariamente caros; tanto que se llevan la mayor partida en este sentido. Por eso tenemos unos pases tan limitados y restringidos.

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