Cultura

Tragicomedia con mucha guasa

Teatro Lope de Vega. Fecha: 11 de febrero de 2010. Compañía: Els Joglars. Dramaturgia, espacio escénico y dirección: Albert Boadella. Actores: Jesús Agelet, Jordi Costa, Ramón Fontserè, Minnie Marx, Lluís Olivé, Pilar Sáenz, Xavi Sais y Dolors Tuneu.

el 12 feb 2010 / 09:08 h.

A lo largo de cincuenta años , ‘El Joglars' ha sabido mantener su espíritu contestatario y comprometido siendo lo menos correctos posibles. Algo que llevan a un extremo arriesgado en esta última propuesta, una tragicomedia en la que pretenden, no sólo reírse de ellos mismos, sino de su futura vejez .

Claro que, en realidad, bajo esta aparente catarsis, colmada de sarcasmo y mofa, se esconde una dura reflexión sobre la soledad e indefensión de los viejos en nuestra sociedad capitalista, donde la cultura parece destinada a ser un bastión aislado conformado por una colectividad minoritaria que se mira el ombligo.

Quizás por eso esta última obra gira en torno a los integrantes de la propia compañía quienes, como si de una chirigota de carnaval se tratara, se rien de su futuro denunciando, con mucha guasa y muy poca vergüenza, el patético destino que les espera cuando sean viejos. Porque, tal y como están las cosas, es posible que dentro de treinta años las pensiones de jubilación brillen por su ausencia y tan solo podamos aspirar a un asilo de mala muerte aunque, eso si, quizás podamos ir de excursión disfrazados de jóvenes. En ese sentido podría decirse que Albert Boadella aborda un tema muy candente y complejo. Pero, a fuerza de recrearse en la burla del teatro y los personajes actuales del mundo de la cultura, acaba cayendo en un ejercicio superficial y narcisista.

La puesta en escena recrea una atmósfera artificial que recuerda a la grandilocuencia de algunos programas televisivos. Para ello Boadella recurre a una especie de pantalla gris al fondo, dos personajes que representan la juventud del futuro -cuyo idioma es una especie de espanglish que remite a los mensajes telefónicos- y unos sencillos efectos audiovisuales y musicales. Como contrapunto, la escenografía se completa con un elemento plenamente teatral: unas cuantas sillas a las que los intérpretes sacan un encomiable partido. Lástima que en las primeras escenas las acciones resulten un tanto sosas y reiterativas y que el ritmo escénico sea tan irregular. No obstante, gracias a su dilatada experiencia y magisterio, Boadella consigue que poco a poco el ritmo vaya en ascenso y la obra acabe por adquirir un tono cómico que desata la carcajada colectiva. En ese sentido cabe destacar el absoluto poderío de los actores que, una vez más nos regalan una auténtica lección interpretativa.

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