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Tras la huella sevillana de Don Juan

el 19 feb 2012 / 18:13 h.

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Estatua de Don Juan en la Plaza de los Refinadores.

A Don Juan lo quieren todos. Nació en Sevilla, pero, a ojos ajenos, bien podía haberlo hecho en Toledo o Burgos. En Guipuzcoa ya se antoja más complicado. Es el mito español que más ha calado en la cultura universal -con permiso de Don Quijote-. Pero Don Juan es, además de una leyenda, un síndrome, una ópera (mas otro medio centenar que rondan al personaje) e incontables obras de teatro, un libro atribuido a Tirso de Molina escrito hace nada, hacia 1617. El burlador de Sevilla y convidado de piedra eclosionó en la Híspalis del XIX, una ciudad ávida de romanticismo que encontró en el eterno rondador una figura a la medida de una ciudad generosa en cuentos, también en recovecos para el amor.

Y ahora, el también muy terrenal consistorio le ha organizado a mayor gloria una ruta para que propios y foráneos persigan por la ciudad el verderón espíritu de Don Juan. La senda comienza en la casa del Tenorio, cuya residencia la fijó, no en Los Pajaritos, si no en el convento de San Leandro. De ahí al Palacio de los Mañara sólo hay un pequeño paseo. El mito también inspiró a Franco Alfano en sus obra Don Juan de Mañara, que además se basó en un personaje real de la Sevilla del siglo XVII.

Infaltable será admirar la estatua de Don Juan, enclavada en la poco conocida Plaza de los Refinadores.El epicentro lo hallamos en la célebre Hostería del Laurel, donde fácilmente podremos imaginarnos alguna correría venturosa. La casa de Doña Ana de Pantoja -prometida de Don Juan- y el Hospital de la Caridad, donde al final de sus días, Miguel de Mañara mandó construir el hospicio, son otros hitos de este céntrico sendero que culmina, de forma luctuosa, ante el sepulcro de los Tenorios, familia a la que supuestamente pertenecía el Don Juan de la obra homónima, y que estuvo en el desaparecido convento de San Francisco (en la Plaza Nueva). 

PARA ESCUCHAR

La discografía siempre ha sido generosa con la ópera mozartiana Don Giovanni. En cualquier tienda de discos (preferentemente virtual) puede hallarse con fácilidad una veintena de grabaciones disponibles. Las hay para todos los gustos pero, sin dudarlo, una de las que ocupa un lugar preeminente en la discografía es la firmada por el músico francés René Jacobs. Interpretada por la Orquesta Barroca de Friburgo, se trata de una versión muy en el estilo del compositor, con instrumentos de época, ágil, dinámica y con un elenco de voces que respetan la vocalidad clasicista. La encuentra en el sello Harmonia Mundi. En un sello mayor, Deutsche Grammophon, también localizará otra referencia muy valorable, la firmada por el maestro inglés John Elliot Gardiner.  

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