Jóvenes al día

Tras los sueños de una vida independiente

España es uno de los países de Europa donde los jóvenes abandonan el hogar familiar más tarde. La crisis económica, las características culturales, los modelos familiares y las estrategias y políticas públicas conforman la realidad de este hecho

el 03 abr 2014 / 23:59 h.

Carlos Daza y Vanesa Cabeza son una joven pareja de 29 y 31 años que hace menos de un año decidieron independizarse de sus padres y poner en marcha un proyecto de vida en común. Hoy, viven junto a su gata Tina en el sevillano barrio del Parque Alcosa, en un acogedor y cálido piso de unos 80 metros cuadrados y tres habitaciones, que desde entonces han ido adecentando hasta convertirlo en su hogar. Vanesa Cabeza y Carlos Daza lograron hace un año su sueño de independizarse. / Foto: J.M. Paisano Vanesa Cabeza y Carlos Daza lograron hace un año su sueño de independizarse. / Foto: J.M. Paisano Se conocieron 11 años atrás, mientras estudiaban la carrera. Ambos son licenciados en Administración y Dirección de Empresas. Tras finalizar sus estudios, Carlos decidió trabajar durante varios años en una asesoría fiscal. Vanesa decidió opositar, no con demasiada suerte. Hoy tienen una asesoría propia, en la que trabajan juntos. Hace dos años comenzaron a plantearse la posibilidad de independizarse, ambos vivían con sus padres. La situación laboral de los dos no era demasiado estable, pero surgió una oportunidad que no quisieron dejar escapar: los padres de Vanesa les ofrecieron quedarse con el piso familiar por una mensualidad de alquiler por debajo del precio de mercado. El hecho de montar su propia empresa, exponen que ha sido imprescindible para que el deseo de emanciparse haya podido materializarse. Carlos resalta que «cualquier persona que no tenga trabajo, es imposible que pueda independizarse», «en el momento en que te independizas los gastos que antes pagaban tus padres, ahora los tienes que afrontar tú». De ahí que el hecho de independizarse estuviera muy estudiado y presupuestado por su parte, nada decidido a la ligera. A pesar de ser independientes, Carlos y Vanesa destacan un hecho que ocurre muy a menudo en el seno de las familias de nuestro país: «nuestros padres nos ayudan mucho, comemos en su casa a menudo». «Nuestros padres, siempre de una manera u otra, nos están ayudando», añaden. Están convencidos de que los jóvenes hoy lo tienen más complicado que antes. «La precariedad caracteriza el mercado laboral y esto hace que los jóvenes no se puedan emancipar». Carlos dice que sin trabajo no es posible ser autónomo. «No hay mucho trabajo y el desempleo azota fuerte. En ese sentido sí lo tienen difícil», puntualiza. El hecho de vivir juntos les ha aportado estabilidad como pareja. Se han dado cuenta que convivir no es fácil, pero por suerte la suya es una relación consolidada con años de trayectoria. Se conocen muy bien y no les ha supuesto ningún choque. «El secreto de la buena convivencia está en saber ceder», indican. Desde que viven solos dicen que se han vuelto más comprometidos con las tareas de la casa e incluso ahorran más: «ahora nos damos cuenta de los gastos que tiene mantener una casa». «Los gastos que antes pagaban tus padres, ahora los tienes que afrontar tú». Indican que cuando vivían en casa sus padres no eran conscientes de ello. Antes su meta como pareja era vivir juntos. Ahora, dicen que su reto es profesional: mejorar su empresa y hacer que crezca. «Como pareja estamos muy bien», concluyen. QUÉ DICEN LOS ESTUDIOS. En el estudio de 2012 Jóvenes y emancipación en España, de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción), se evidencia que los jóvenes españoles dejan el hogar familiar mucho más tarde que sus vecinos europeos. La crisis económica iniciada en 2008 influye de manera decisiva en estos procesos emancipatorios, aunque también es cierto que existen otros elementos como las características culturales, modelos familiares y las estrategias y políticas públicas que, en su conjunto, conforman la realidad del suceso. Las altas tasas de paro juvenil en España y el aún todavía elevado precio de la vivienda –tanto en venta como alquiler-, hacen que muchos jóvenes no puedan permitirse comenzar una vida independiente del núcleo familiar. Los jóvenes que trabajan deben dedicar una media del 42% de su sueldo para poder alquilar una vivienda (Ministerio de la Vivienda) y sólo el 55% de esos jóvenes que trabaja pueden hacer frente a todos sus gastos (OBJOVI, 2010). Hay que añadir que en nuestro país, el hecho de independizarse va unido en muchos casos a la convicción de la pérdida de calidad de vida. Muchos padres plantean que si el cambio implica una pérdida de ésta, debe ser planteada en otro momento. También se une la idea de aprovechar la juventud para disfrutar, viajar, salir. No son pocos los que postergan sus sueños de independencia para más adelante. Para cuando sientan la llamada de la emancipación, para un futuro que irá marcado por la prioridades de cada uno. CONTEXTO DE CRISIS. Luis Navarro Ardoy, sociólogo y profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, nos insiste en que debemos enmarcar el tema en el contexto de crisis económica mundial que acontece desde hace años. Para él la situación actual no es fácil, tampoco sencilla de enfrentar. Con todo esto, añade, que «no es de extrañar que haya quien en lugar de afrontar la realidad con optimismo y superación, lance desánimo, pesimismo y catastrofismo». Comenta que la sociedad de jóvenes actual tiene una trayectoria compleja y variada. Apunta que «hay un grupo de jóvenes con empleos precarios que sólo tienen estudios primarios o secundarios, pero también hay jóvenes con un tercer máster en el extranjero, costeado por sus padres». Dice que también es variada la situación de los que no encuentran aquí una oportunidad laboral, «hay jóvenes que se van de España porque ansían un trabajo que aquí no encuentran. Y hay otros jóvenes que, aunque desean irse, no pueden porque ni siquiera tendrían dinero para pagarse el billete de ida». Navarro, indica que en España también hay jóvenes que tienen un excelente trabajo, pero que deciden seguir viviendo en casa. «El motivo que los lleva a tomar esta decisión es mantener la calidad de vida y ahorrar». También están los jóvenes que se emanciparon y vuelven al «nido familiar» por la situación de crisis económica, añade. También nos habla del emprendimiento. Deduce que las posibilidades económicas de todos los jóvenes no son del todo compatibles con emprender a pesar de tener buenas ideas. “El grupo de jóvenes se caracteriza por su heterogeneidad y encierra un mosaico enorme de paradojas. Por ello, es un error etiquetarlos a todos dentro del mismo saco. Ni todos son eternos adolescentes, ni todos son ni-nis (ni trabajan ni estudian), ni todos son del 15M» concluye. RESPONSABILIDAD PATERNA. Más de un padre se hubiera sorprendido al saber que sus hijos a los 35 años todavía vivirían con ellos, en casa. A sus 55 años, Manuel Pérez es padre de dos hijos de 22 y 30 años. Su situación familiar es la misma que en tantas otras casas de vecino. Su hogar, evidencia el paso de los años, la crianza de dos hijos y esa calidez típica de las casas familiares. Él por suerte mantiene su puesto de trabajo, es mecánico de vehículos. Su esposa, María, limpia por horas casas de personas mayores, a las que también cuida. Sus hijos, Fran de 22 años y estudiante de Empresariales, y Marcos, con 30 años y licenciado en Filología Hispánica. «No nos falta nada en casa”» dice Manuel. María dice que la crisis se ha notado, y los hijos cada vez necesitan más para vivir. «Los jóvenes cada vez se independizan más tarde», comenta Manuel, está convencido que esto es debido a que los jóvenes están incorporándose cada vez más tarde al mercado laboral. Expone que los jóvenes no tienen demasiadas oportunidades y por eso mismo no tienen ocasión de independizarse tal como él pudiera hacer años atrás. «A nuestros hijos les ha tocado vivir una realidad muy distinta a la que nos tocó vivir a nosotros», insiste. «Lo tienen más difícil, aunque yo no pierdo la esperanza de que puedan ser independientes más tarde o más temprano». El amor y admiración que siente por sus hijos está por encima de todo, aunque reconoce que no puede hacer junto a su esposa cosas que le gustaría, como por ejemplo viajar. «Nos va a tocar seguir manteniendo a mis hijos mucho más de lo que pensábamos, pero no es culpa de ellos». Los padres inconscientemente pueden trasmitir presión a los hijos, indica, «los comparamos con nosotros con su edad, pero la situación no es la misma». CONTRA LA CRISIS ALTAS DOSIS DE FORMACIÓN. Mª Luisa Gómez es licenciada en Ciencias del Trabajo a sus 23 años de edad. Su caso no es aislado. También hizo una diplomatura en Relaciones Laborales y a día de hoy hace un grado superior de Administración y Finanzas. «Mi objetivo es conseguir en las prácticas la experiencia necesaria que tanto nos exigen», dice. No pierde la esperanza de que algún día tanto esfuerzo y dedicación se vean recompensados con un trabajo digno que le permita llevar una vida normal. Mª Luisa vive en casa junto a sus padres. En la actualidad ninguno de los tres tiene trabajo. Expone con pesar que nada puede aportar en casa. Viven una situación complicada, pero están convencidos de que todo cambiará algún día. Tanto es así que Mª Luisa no repara en cerrar sus ojos y ponerse a soñar: «algún día podré independizarme y formar una familia». Dejando los sueños a un lado y siendo un poco realista, expone que independizarse es muy difícil dado el contexto de este momento en nuestro país. «El mayor problema que tenemos los jóvenes ante la emancipación es encontrar un trabajo que respete un salario digno». Los únicos amigos independizados de los que tiene constancia, lo hacen compartiendo piso. Cree que los jóvenes no se han acomodado a vivir en casa con sus padres, expone que el contexto ha cambiado. «Tomar una decisión tan importante como la emancipación no es fácil, requiere compromiso y madurez puesto que la responsabilidad, la organización y la economía son diferentes», expone. No siente que el Gobierno esté llevando a cabo medidas que ayuden a los jóvenes a independizarse. Dice que aunque el precio de la vivienda haya bajado en los últimos años por la crisis, «los precios tanto en alquiler como en venta aún permanecen inaccesibles para muchas personas». «Para pretender que los ciudadanos puedan ser independientes primero hay que combatir al desempleo». «Sin esto no podremos plantearnos la emancipación de los jóvenes», argumenta. Mª Luisa quiere pensar que todo va a cambiar, aunque menciona al mismo tiempo la tasa de desempleo, las condiciones laborales, la contratación temporal, la precariedad... «Vivimos en una inquietud continua, muchos han decidido emigrar a otros países con el propósito de mejorar su situación», otros emprenden, añade, aunque no todos tienen suerte. Ella por su parte, mantiene la esperanza de desarrollarse en su país, en su ciudad, junto a los suyos. Y es por eso que cada día lucha contra toda adversidad, tiene claro que lo va a conseguir.

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