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Trayectoria de un hombre bueno

La enfermedad se ha llevado un luchador incansable por las libertades y defensor infatigable de la causa de los trabajadores. Antonio Herrera Fernández nos dejó el pasado viernes dejando tras de sí una estela imborrable de amigos y compañeros que tuvimos la ocasión de trabajar junto a él en el mundo sindical y en el ámbito político.

el 16 sep 2009 / 05:44 h.

La enfermedad se ha llevado un luchador incansable por las libertades y defensor infatigable de la causa de los trabajadores. Antonio Herrera Fernández nos dejó el pasado viernes dejando tras de sí una estela imborrable de amigos y compañeros que tuvimos la ocasión de trabajar junto a él en el mundo sindical y en el ámbito político.

El sindicalismo de clase ha perdido a uno de sus referentes básicos. Coetáneo de Marcelino Camacho, Eduardo Saborido y Fernando Soto, sufrió cárcel por su actividad, como tantos otros miembros de los cientos de células y comisiones que, en paralelo al Sindicato Vertical, fueron organizándose en aquella España retrógrada y cuartelera.

Pero no me quiero limitar a hacer un ejercicio de memoria histórica reciente, tan saludable para la democracia como justo para los protagonistas del cambio de régimen. Es necesario ahondar en la figura grande de un hombre bueno que sacrificó en muchos momentos de su vida su bienestar personal, familiar y hasta económico en beneficio de los intereses generales de la clase trabajadora, lo cual le llegó a minar su salud, como desgraciadamente comprobamos durante los últimos meses los que más cerca estuvimos con él.

Impulsor, junto a Cándido Méndez, del primer acuerdo a tres bandas entre la Administración de la Junta de Andalucía, la patronal y los sindicatos siendo presidente José Rodríguez de la Borbolla, le debemos a Antonio el impagable esfuerzo realizado para consolidar la organización andaluza de Comisiones, después de un trabajo ímprobo en la Federación Estatal de la Construcción. Tras ocupar el cargo de secretario general de la Construcción en la Federación Estatal, fue elegido secretario general de COAN. En ese momento, hace más de veinticinco años, mi vida se entrecruzó con la suya. Fue un privilegio excelso trabajar con él como miembro de la Ejecutiva Regional.

Durante mi labor como portavoz de la Ejecutiva Regional de Andalucía de Comisiones su trato fue siempre extraordinario al igual que con otros jóvenes cachorros de esa Ejecutiva, a quienes Antonio apadrinó porque siempre creyó en la juventud y el empuje de los nuevos sindicalistas. Apasionante fue aquella inolvidable convocatoria de huelga general de 1988, aquel 14 de diciembre que supuso un antes y un después en la lucha sindical y que me permitió reforzar mi estrecho lazo de unión con Antonio Herrera.

Derramó su sabiduría ancestral, la que proviene de la tierra y del trabajo duro, allá por donde pasaba. Siempre defendió a los suyos desde la lealtad y desde la solidaridad. Ya en 1991, nos embarcamos Antonio y yo en una nueva aventura política de la que siempre se sintió muy orgulloso. Su nueva militancia en el PSOE, tras abandonar un PCE con muestras ya de descomposición cainita, le acercó a los problemas sociales desde otra perspectiva.

Deja a una magnífica mujer, Concha, con la que recordaba nostálgicamente sus visitas a la cárcel con su hija pequeña y la captación de apoyos económicos para los presos políticos represaliados por el franquismo.

Por la parte que me toca su pérdida me resulta muy difícil de cubrir. Amigo, compañero maestro... siempre se refería a mi como "el Niño". Hoy, desde lo más profundo de mi ser, puedo decir que Antonio Herrera Fernández fue como un padre.

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