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Tres centímetros, la medida perfecta

Más de cuatro centímetros no sólo son una tortura, sino que dejan el cuerpo para el arrastre: espalda, rodillas, caderas... Como es natural, hablamos de tacones.

el 10 nov 2009 / 21:35 h.

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"Antes estábamos más atontadas", dice Rocío García, encargada de  la zapatería Güella, en Monte Carmelo, "pero ahora... ahora ya buscan tacones con catorce años". Si por toda consecuencia a los diecinueve se les ha puesto el pie de juanetes como una llave inglesa, ése será ya otro cantar y otro llorar. Como quien oye llover, pese a saberse que los tacones altos destrozan al individuo, considerado éste como un conjunto de huesos amistosamente dispuestos entre sí. Pues incluso sabiéndolo, la posibilidad de disuadir a ciertos especímenes humanos de que se compren el zapato más dolorosamente bello de entre todos los posibles sigue siendo una tarea para la que la ciencia no tiene respuesta a día de hoy. Por más que se machaque con una verdad: "Más de cuatro centímetros son perjudiciales."

Lo decía ayer la secretaria general del Colegio de Podólogos de Andalucía, Elvira Bonilla, a la misma hora en que las zapaterías se llenaban de clientes en busca de un par de oteros portátiles desde los que asomarse a la vida. El hecho de querer hablar con ella, aparte de por el mero gusto, se debía a la campaña que acaban de emprender sus colegas para que el respetable deje los zancos para usos exclusivamente circenses y utilice tacones adecuados. ¿Y cuáles son los adecuados? "Los que miden entre dos y cuatro centímetros", dice la experta.

Si ha tenido usted ocasión de pasarse recientemente por alguna de las tres millones de zapaterías que hay por Sevilla, habrá visto una especie de piolet de cuero, muy útil para ascender a cumbres escarpadas. El estilete mide 8,5 centímetros, que es la medida a partir de la cual se considera por parte de los diseñadores que un tacón es alto. Naturalmente, para quienes hicieron de los pies una profesión, esto roza la barbarie. Contaba Elvira Bonilla que el esqueleto humano está preparado para soportar un cierto peso en el antepié y otro cierto peso en el talón, y que alterar dramáticamente el reparto hecho por ese pedazo de estibadora del puerto llamada Madre Naturaleza puede acarrear toda suerte de molestias, dolores y hasta deformaciones: "patologías de la rodilla, espalda, cervical; dedos en garra, de martillo; contracciones y retracciones musculares, callos juanetes... la rodilla, que se sobrecarga..." Y sigue la retahíla de males posibles, que básicamente se resumen en sentirse los huesos como si uno hubiese cargado él solo con el paso de la Sentencia.

¿Qué sentido tiene esta inmolación? Santos Pachón, desde el mostrador de Calzados Mayo, en la Alfalfa, comentaba ayer que de los tacones no se libran ni siquiera las flamencas a las que ella despacha: entre cuatro centímetros y medio y cinco viene a medir el tacón más solicitado para acompañar al traje de flamenca, que tampoco es que sea el colmo de la liviandad.

Los tacones, como las faldas, los inventaron los hombres. Y por alguna extraña razón que la antropología tendrá que desentrañar, han acabado largando ambos engorros a las mujeres. Ellos usaban los tacones porque son imprescindibles para montar a caballo. Hoy, cuando el uso de cuadras por parte del ciudadano medio es prácticamente insignificante, lo que la doctora recomienda es dejarse de rascacielos y escoger "un zapato que se adapte al pie, y no que el pie se adapte al zapato": ancho, cómodo, ligero, flexible y donde el pie esté sujeto. Ésas serían las claves médicas del asunto, pero... ¿quién se presenta en una zapatería con esta receta? A fuer de sinceros: casi nadie.

Rocío García resumía lo que está de moda ahora: tacón alto y ancho (bueno, por lo menos no se cae y se mata la propietaria). "Y luego, muchísimo botín. La bota, menos. Botín con medias tupidas. La clave de la moda de este año en zapatería de mujer es la punta redonda y el tacón cuadrado." En las publicaciones más chic del género se comenta que este año el calzado abotinado, a ser posible con tachuelitas, se lleva la palma. Y lo que ellas llaman tacones infinitos, también. Pero la que aspira seriamente a dar un golpe de estado en el mundo de la zapatería es la plataforma. Que ése es otro cantar.El Colegio de Podólogos señala, en su campaña, que el pie humano está preparado para soportar el 70% del peso corporal en la zona del talón y el 30% en la planta. Pasando de los cuatro centímetros de tacón, la proporción se invierte. ¿No ha sentido nunca como si tuviera los pies del revés? Pues eso.

De utilidad:

El Colegio de Podólogos de Andalucía, además de recomendar menos tacones y más cabeza, ofrece los siguientes consejos a la población en general para el cuidado de los pies:

1 Higiene diaria. Lavarse los pies todos los días con jabón neutro, a ser posible, y secárselos muy bien, en especial entre los dedos, evitando la fricción excesiva de la piel.

2 Darse cremita. Aplicar crema específica en todo el pie. Entre los dedos, curiosamente, no es aconsejable por la aparición de maceraciones.

3 Inspección diaria. Mírese los pies cada día. Si le cuesta trabajo, que se los mire otra persona para ver si todo sigue bien.

4 No tocarse los callos. No manipule las durezas o las callosidades y jamás utilice callicidas, porque pueden provocar heridas y quemaduras con graves consecuencias.

5 Uñas cuadradas. Cuando se corte las uñas, recuerde que la forma que deben tener es cuadrada.

6 Ojo con cruzar piernas. Si tiene alguna patología circulatoria, evite cruzar las piernas al sentarse.

7 No pare. El hecho de caminar diariamente con un calzado adecuado y cómodo es un buen proyecto de salud. Mientras esté la persona sentada, es beneficioso efectuar movimientos de flexión, extensión y rotaciones de tobillo.

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