Cofradías

Tres décadas de pellizco en San Pedro

El Sacri celebró su aniversario interpretando saetas a la entrada de los pasos. Su voz sosegó una vuelta precipitada por la amenaza de agua

el 28 mar 2013 / 01:02 h.

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El Cristo de Burgos regresaba antes de lo previsto por el agua. No importaba. Allí le esperaba como hace 30 años José Pérez Leal, El Sacri. Estaba asomado a una de las ventanas del templo para cantarle el clásico Padre Nuestro con el que lo recibe cada Miércoles Santo cuando está a punto de finalizar su estación de penitencia. El cortejo de ruan veía con cierta celeridad ante la amenaza de nuevas lloviznas pero su voz logró templar los nervios y disfrutar de una entrada con pellizco. Ya lo dijo antes de interpretar la primera de las saetas: “Estoy muy ilusionado. Lo voy a dar todo por estos 30 años”. Y así fue. El Sacri dio lo mejor de sí para poner un buen broche a un día que se descompuso a las diez de la noche por la lluvia y que propició regresos apresurados de los cortejos que como el del Cristo de Burgos apostó por salir. En la mente de la voz por antonomasia de la Semana Santa sevillana no dejaban de rondar las personas que hace tres décadas lo llevaron por primera vez a la parroquia de San Pedro: “Gracias a ellos conocí la hermandad, y gracias a ellos le tengo mucha devoción al Cristo de Burgos”. Precisamente, el ambiente de recogimiento y silencio que rodea la entrada de esta cofradía es muy del gusto del Sacri: “Tengo que reconocer que me encantan mucho las cofradías serias, pues me motivan bastante a la hora de cantar saetas. Hay quien me dice que son muy tristes, pero para mí la Semana Santa es esto”. Sus quejíos sentidos se fueron clavando sobre el monte de claveles de uno de los crucificados más antiguos de todos los que procesionan en Sevilla. Al son de su voz, la talla accedía al interior de la parroquia en una maniobra casi invisible que emocionó a todos los que se concentraron allí sobre la media noche. Antonio Santiago dejaba dentro al primer paso y buscaba el de Madre de Dios de la Palma. El palio desembocaba del entorno de la Alfalfa por el lado izquierdo de la plaza Cristo de Burgos. Venía por la línea más recta en previsión de las nuevas precipitaciones. Aún así también hubo tiempo para adornar su entrada, siempre complicada por las dimensiones de la puerta y la necesidad de los costaleros que arrodillarse para salvar la altura. A Ella dedicó El Sacri lo que sigue:Y el magnolio se arrodilla/ la torre y el campanario/ que surcan por tus mejillas/ como mejor santuario/ las lágrimas de Sevilla/ Palma de Dios y Sagrario. El canto mariano ponía punto y final a una estación de penitencia que se inició sin problemas a la hora prevista, y cuya decisión ponía un punto de templanza a una tarde de incertidumbres. No obstante, este artista se mostraba “satisfecho” por haber podido cumplir “un año más” con la entrada del Cristo de Burgos. “Ahora a cuidar la voz para Pasión y el Valle, y el Viernes Santo para San Isidoro y de nuevo en El Cachorro”, confirmaba después de que su voz dejara de escucharse en la calle Castilla hace más de 15 años.

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