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Tres días de dulces

Monjas y novicias de 20 conventos de clausura han vuelto a transformar el Alcázar en un santuario de 'delicatessen' con su XXVIII Muestra de Dulces. Sólo hay ya dos días para caer en la tentación.

el 06 dic 2012 / 13:24 h.

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En este caso no caer en la tentación es un pecado. Por la calidad de los productos, por el cariño con que se realiza el trabajo, por contribuir a una buena causa. Comprar en la XXVIII Muestra de Dulces de Conventos de Clausura este año es ya una tradición antesala de la Navidad y más si cabe si en esta ocasión podemos disfrutar de lo tradicional y de lo moderno. ¿Quién dijo que en los conventos de clausura no se está a la última?

Que se lo pregunten a las monjas y novicias de las Jerónimas de Constantina que han llevado hasta el Alcázar (transformando en un santuario del sabor su patio Gótico) teléfonos móviles, tablets, escudos de equipos de fútbol y árboles de Navidad, eso sí, todo de chocolate. Unos nuevos manjares que compiten con lo más demandado de siempre: las yemas de San Leandro y los bollitos de Santa Inés, entre otros muchos productos elaborados sin conservantes ni aditivos.

Además, en esa ocasión se pueden saborear los manjares de otro convento, el de las Clarisas de Santa María de Jesús de la calle Águilas, que han aportado corazones de almendra, figuras de mazapán, surtidos y pestiños. Ya son veinte los conventos que participan, ocho de la capital y doce de la provincia. Todos esperan que estas golosas obras supongan una entrada de dinero extra para la conservación de unos edificios con siglos de historia y oración.

Y las novedades triunfan ya desde primera hora. "El escudo del Betis se nos ha acabado", decía una de las voluntarias tras su mostrador de las Jerónimas con una gran sonrisa en su boca. Y con motivo, sólo eran las 12.20 de la mañana. "Se nota que los béticos están contentos", decía.

Eso sí, a las 10.00 horas abrió la muestra (que estará hasta el sábado a las 19.00 horas) y las alarmas asomaron entre bizcochitos de bienmesabe y cidra, magdalenas y alfajores a las 12.00. "No hay colas todavía, no deja de entrar gente, pero el pasado año había colas. Es que hace mucho frío y no se puede sacar a los niños", lamentaba Carmen. Sin embargo, alrededor de las 13.00 horas el tiempo de espera ya era el de todos los años. "Que no llueva, que eso es lo peor. Hace dos años tuvimos que alargar la muestra un día más para vender por el mal tiempo", comentaba otra voluntaria. En 2011, pese a la crisis, "quedó algo por vender, pero no demasiado, así que veremos este año", apuntaba María Luisa Fraga, coordinadora de la muestra desde hace 28 años, la edad que tiene este evento pionero en España, junto con Claudia Rodríguez.

María Luisa comentó que la venta de dulces durante estos tres días y el resto del año es una gran ayuda para monjas y novicias. "Las Concepcionistas de Bustos Tavera arreglaron poco a poco su claustro mayor con las ventas de todo el año, aunque en casos como el del convento de Madre de Dios de poco sirve. Tienen una casa que prácticamente se les está cayendo. Allí estuvo Isabel la Católica, tenía un artesonado impresionante y apenas queda nada. Es un pena", lamentó. Y es que no todo son beneficios. Los ingredientes, la electricidad de los hornos, el tiempo, la presentación en los paquetes... todo corre a cargo de monjas y novicias, que empiezan a preparar la muestra casi un mes antes. Entonces se decide qué se ofrecerá (lo de más éxito el año anterior), las novedades y en qué cantidad. Sólo resta venderlo.

Carlos Colema, vicario, era de los pocos voluntarios masculinos. Estaba esta mañana tras las delicatessen de las Mercedarias Descalzas de Marchena con una sonrisa y buenos consejos. "Son los mejores dulces", decía a un público, según él, "muy fiel" por la calidad de los productos.

Dori y su madre Conchi, de 71 años, lo corroboraban. "Venimos todos los años porque así comemos calidad y mantenemos una costumbre. Merece la pena venir andando desde Triana porque hacen estos dulces con tanto cariño y esmero que son joyas", remataba. A ellas no les importa el precio porque "en otras cosas se gasta más y no tienen tanto beneficio".

"Lo malo es elegir", decía Pedro entre las tortas de hoja de las Mercedarias de Marchena, el bizcochito de coco de Santa Florentina de Écija y el turrón bombón de stracciatela. "¿Cómo con sólo harina, manteca, ralladura de limón, anís y canela le salen estos roscos de anís tan buenos?". Evidentemente es un milagro, al igual que un año más esta muestra ‘de dulce' capee la crisis y cualquier otro temporal.

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