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Tres musas os contemplan

Matilde Coral, Pepa Montes y Cristina Hoyos fueron ayer jurado del concurso de sevillanas en una animada y reivindicativa noche en la Velá

el 25 jul 2014 / 10:00 h.

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Bailar como si no hubiera un mañana. O como si se fueran a acabar la tonelada y media de avellanas verdes que ayer se despachaban en el Altozano, a pocos metros de donde el Ayuntamiento había orquestado el III Concurso de Sevillanas de la Velá. Miren, a fuer de ser sinceros, aquello estaba lleno. Al trianero le va la marcha y al guiri, que lo había y en generosa cantidad, todo lo que le pongan por delante, si es autóctono y gratis le viene que ni pintado. concurso-sevillanas-vela«Que yo no estoy aquí tanto por ver el concurso como por ver a esas tres grandes: Matilde Coral, Pepa Montes y Cristina Hoyos», decía en la primera fila Josefa, trianera de República Argentina, que debe ser cómo afirmar que se es del castizo Gelves cuando en realidad se tiene un chalecito en los altos de Simón Verde. ¿Por ver a quién? Al jurado, al jurado del concurso. Porque ahora todo se parece a La voz o a Mira quién baila, o a.... ¡Uf! Esto también. Allí estaban las tres musas de Los Romero de la Puebla, parapetadas tras una mesa, tomando notas y hablando por lo bajini sobre si la postulante había hecho hecho el dobladillo de la muñeca nada más que regular al pasar de la segunda a la tercera. En el escenario dos minúsculas sevillanitas se entreveraban al ritmo. Era el momento junior, muy televisivo también. Los del negocio llevan años clamando para que una tele les monte un Se llama sevillana, pero de momento no ha colado. Mientras llega y no (que llegará), estas jornadas en el Altozano –ayer fue la primera sesión, pero la final es el sábado– valen un imperio para el aficionado a los lunares. «A nosotros nos gusta, es una música más fresca y directa que el flamenco, ayer fuimos a un tablao y nos aburrimos bastante, aunque esté feo decirlo», reconocía Iker, con la mirada cómplice y afirmativa de su mujer. Venían de Hernani y estaban de turismo por la Velá. De Hernani, dijimos. Es difícil imaginar que sentirán los hernaniarras (que así es su gentilicio en euskera) en la feria del arrabal. Es probable que un tunecino de una aldea se sienta aquí más integrado que un euskaldún de txapela y caserío. Aunque estos parecían algo más urbanos. Pero si quieren lo auténtico, vengan ustedes a probar las avellanas verdes. Por el camino es posible que dejen de recuerdo ocho muelas vascas en la calle Betis, pero la suya habría sido una experiencia inmersiva plena en Triana. Lástima que estaban absorbidos por el gracejo de una avezada pareja que bailaban una sevillana de todita la vida en el escenario. Si los ojos de Cristina Hoyos fueran dos números, el 10 lo tenían fijo. ¡Qué caritas de admiración las de las tres grandes damas del jurado! Coincidía el jolgorio con una vecina concentración en el Puente de Triana por las víctimas de Palestina en el conflicto con Israel. Por allí, los concejales capitalinos de IU José Manuel García y Josefa Medrano rebuscaban solidaria y muy lícitamente su puñadito de votos antes de que nadie enarbolara la banderita del partido del yes, we can. Alrededor de 200 heterogéneas personas condenaban con sus miradas cabizbajas lo que sucede en una de las zonas más castigadas por la violencia de esta madre Gaia tan mal traída. De vuelta al Altozano, en este mini viaje de 200 metros de los lunares al pañuelito palestino, la calle Betis era para entonces (las diez de la noche) un cocedero de mariscos de dos patas. Tanto que muchos se llevaban la cervecita a los bajos del río, allí donde en ese momento, a la verita de la primera caseta, una pareja china se hacía fotos artísticas con el Guadalquivir y otros dos enamorados de Tomares, con la postal bastante más vista, se entregaban a Cupido con su poquito de erotismo in crescendo. Hacía tan buen tiempo anoche, esa idónea fusión de calor pegajosito y brisita calenturrona de motor de aire acondicionado, que daban ganas de ponerse pesado para que trajeran la cucaña al río. «¿Y se puede uno bañar aquí?», preguntaba un turista de procedencia no identificada a un oriundo que se ventilaba su segunda o tercera cañita. «¿Bañarse ahí? Si ahí hay de todo menos agua». Sevillanía reflexiva pura. Para que luego digan que estamos siempre besándonos.

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