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Cultura

Tres relatos a ras de piel

El mundo del mar en ‘Fidelio’, el boxeo en ‘3:minutos, si luchas no hay derrota’ y la apicultura en ‘Le meraviglie’

el 14 nov 2014 / 16:54 h.

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Tres retratos muy diferentes se dieron a conocer ayer el SEFF, con el único denominador en común de representar cada uno de ellos, otras tantas formas de hacer de la profesión un modo de vida con consecuencias perceptibles mucho más allá de lo puramente laboral. En el contexto de Las Nuevas Olas, la francesa Lucie Borleteau presentaba su ópera prima, Fidelio o El viaje de Alicia. Un muy naturalista melodrama que transcurre íntegramente en el contexto de un buque carguero. “Cuando comencé a estudiar cine, mi mejor amiga decidió emprender su carrera como marina mercante; ya en aquel instante pensé que algún día tendría que acercarme con mi cámara para abordar las consecuencias y el por qué de su inusual decisión”. Borleteau parte de un hecho incontestable, el mar, con toda su rudeza, no es habitualmente un foco de atracción para la mujer. Sin embargo, con el tiempo, la realizadora descubrió que su amiga, lejos de ser una suerte de Teniente O'Neill, era una profesional que hacía su labor con total normalidad, “sin clichés” ningunos. Para que el retrato fuera más realista, la directora emprendió un viaje con ella donde pasó cuestionarios con preguntas “en ocasiones, muy íntimas” a toda la tripulación. Antes de empezar a rodar, planeó la posibilidad de enfocar la dramaturgia como un documental, algo que desestimó. “También quería que mi película contuviera una historia de amor”, por lo que optó por la ficción. Un relato romántico que se inserta con el mismo reposo que el que emana todo el largometraje. “A la postre me fue mucho más difícil dirigir a los actores en la cama que hacerlo en la sala de máquinas”, detalló. Aunque su paso por el Festival de Sevilla se ha producido casi de puntillas, la protagonista del filme, Ariane Labed, se alzó con el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Locarno. “Un auténtico descubrimiento” o “un filme con increibles interpretaciones” son algunos de los elogios que ha cosechado la cinta gala en su periplo por los festivales en los que ha sido proyectada. Aun con puntuales conatos de violencia, Fidelio es, finalmente, una cinta amable, “a lo mejor es así porque soy una persona fuertemente optimista”. Borleteau confió además en numerosos actores no profesionales que otorgan a la peripecia “una veracidad todavía mayor”. “Buena parte de los trabajadores filipinos del carguero realizaron las tareas cotidianas que entrañan su trabajo mientras yo filmaba”, aseveró. En todo momento, su firme intención fue “no manipular el contexto”, paraque en él se “insertara” de forma casi “realista” la historia romántica que recorre el metraje. Otra historia de tintes biográficos es la que cuenta Álvaro Torrellas en 3:Minutos, si luchas no hay derrota. Enmarcada en la sección Resistencias y dentro del campo de la no ficción, el realizador llegó al mundo del boxeo de forma tangencial. “Vivía cerca del Tiro de Línea y comencé a entrenar en el gimnasio de Marquitos, allí comencé a escuchar historias de su padre, El Bigotes, hasta que le pedí que me lo presentara”, recordó ayer. “Fui a su escuela de boxeo, en el barrio de Rochelambert, y a la media hora le dije que quería hacer una película sobre él, un individuo muy particular, persona y personaje a la vez”, dijo. Por la propia idiosincrasia del retratado, Torrellas desestimó la ficción. El del Bigotes probablemente sea el epicentro del boxeo en Sevilla, un espacio en el que gente de toda condición se desfoga contra los sacos y pone a prueba su juego de pies en el ring. “Pero él es más que un entrenador, es un maestro para la pelea de la vida”, en opinión del director del documental. “Él cambió el destino del Mesía, el Kaka y el Torero, que dejaron atrás un duro pasado callejero para luchar por sus vidas con un par de guantes de boxeo en ristre”. “La principal dificultad fue conseguir centrar al Bigotes, al que le ponía nervioso la cámara, pero cuando logramos que se olvidara de ella todo fue sencillo”, explicó el realizador. El filme, que ha sido presentado internacionalmente en numerosos países, se verá próximamente en el Festival de Cine de Irán. “Él merece este éxito, que no le está dando dinero, pero sí fama, porque cuando en el pasado ha salido en programas de televisión, se ha hecho una caricatura sensacionalista de su vida, hablando sólo de drogas y bajos fondos, cuando tras su ring lo único que hay son historias de superación en contextos sociales tremendamente complicados”, concluyó Torrellas, que acabó situando a su protagonista en la actualidad “en su gimnasio, al margen de cualquier foco mediático”. Finalmente, la Sección Oficial aportó ayer Le Meraviglie, de Alice Rohrwacher. La cinta cuenta de manera nostálgica la historia de una familia numerosa que vive en un entorno rural de la apicultura. De abiertas resonancias infantiles, el filme habla, según su directora, “de cómo son los lugares los que habitan a las personas, no al revés”. “Al volver a mi tierra natal después de mucho tiempo fuera vi cómo la naturaleza se ha ido destruyendo y, en su lugar, comienzan a construirse sucedáneos, museos de bonitas tradiciones”, según la cineasta. La cinta alberga también una cierta inquina contra los medios de comunicación, “especialmente contra la televisión, que en Italia ha sido y es cómplice de un genocidio cultural que dura ya 30 años”. “Por eso me permito la venganza de poner una televisión en una tumba”, bromeó Rohrwacher. La película, que puede verse también en el contenedor Europa Junior del SEFF, hace recaer su peso sobre dos jóvenes actrices, Maria Alexandre y Agnese Graziani, presentes ayer y que fueron elegidas tras “un intenso proceso de casting”. La directora tiró de tópicos al afirmar que “sintió que debían ser ellas las escogidas en cuanto las vi y comenzaron a hablar”. Parcialmente autobiográfica, Le Meraviglie suscitó una cierta polémica durante su presentación por el supuesto maltrato de animales que contiene el filme. “Ustedes tendrán su opinión, yo tengo la mía”, cerró sin lugar a más diatribas la directora.

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