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Tres vitorias italianas y dos empates

Catorce de los veintitrés jugadores italianos se proclamaron hace dos años campeones del mundo (son ganadores); tienen una media de 28,6 años (no son veteranos). ¿Alguien es tan inconsciente como para no temer a esta Italia (cuatro Mundiales en su palmarés) en el cruce de cuartos de final?
Foto: EFE

el 15 sep 2009 / 06:41 h.

Catorce de los veintitrés jugadores italianos se proclamaron hace dos años campeones del mundo (son ganadores); tienen una media de 28,6 años (no son veteranos). ¿Alguien es tan inconsciente como para no temer a esta Italia (cuatro Mundiales en su palmarés) en el cruce de cuartos de final?

En las manos adecuadas, el partido de cuartos de final de la Eurocopa 2008 bien puede convertirse en una revancha del primer partido oficial entre España e Italia, en la misma ronda del Mundial de 1934. Los transalpinos, anfitriones, escucharon de boca de Benito Mussolini un inquietante "venced o morid".

Los españoles formaban bajo la bandera tricolor de una república "sovietizante". Italia consiguió empatar gracias a unas escandalosas ayudas arbitrales y eliminó a España en la repetición del choque. Igual que sucedería en la Guerra Civil dos años después, vencieron los fascistas, que siempre se han manejado mejor que bien en 'organizar' eventos deportivos con final feliz (para sus intereses).

En las otras tres confrontaciones en fases finales entre las selecciones española e italiana, los nuestros sólo arrancaron un inútil empate a cero, en la Eurocopa 80. La igualada no evitó la eliminación de España ni la condena de Italia, de nuevo anfitriona, a la lucha por el tercer puesto.

Ocho años más tarde, un gol de Vialli echaba a la selección nacional de la Eurocopa de Alemania y en el Mundial USA 94, de nuevo en cuartos, Baggio, Julio Salinas, Signori, Tassotti, Luis Enrique y Sandor Puhl eran los protagonistas del loco 2-1 de Boston también favorable a los transalpinos. La ocasión para lavar tantas afrentas la pintan calva.

Para vencer, será necesario que España salte al campo liberada de dos prejuicios, lo cual es mucho pedir en este país tan dado a convertir cualquier tópico en un dogma de fe. Primero, Italia no es una selección defensiva. Y segundo, los nuestros no son favoritos bajo ningún concepto. Ahí está la estadística. Para los optimistas, que se agarren a la frase de que están para romperlas.

Es cierto que la ausencia de Pirlo restará creatividad al juego italiano pero De Rossi es un centrocampista perfectamente cualificado para dirigir a una batería ofensiva temible. Desde la pareja de laterales más alegre del campeonato (Zambrotta y Grosso) hasta el tridente que se plantea conformar Donadoni (Cassano, Del Piero y Toni han sumado 55 goles en sus respectivas ligas) toda Italia está preparada para atacar.

De hecho, su punto débil son sus centrales, Panucci y Chielini, aunque la figura grandiosa de Buffon conjura gran parte de los problemas defensivos que provocan sus despistados compañeros. Aunque parezca mentira después de verlo jugar en el Real Madrid, a Cannavaro se le echa de menos en Italia una barbaridad.

La gran batalla será, por lo tanto, la que se libre por la posesión del balón. Para asegurarse ese factor considerado, a priori, como clave, Donadoni hará como Aragonés y renunciará a las bandas de inicio, de modo que dos escuderos traten de surtir a De Rossi.

De la calidad de su socio habitual en la Roma, el joven Aquilani, saben los aficionados madridistas que sufrieron su partidazo en el Bernabéu en la pasada Champions. El milanista Ambrosini es un perro de presa que puede hacer las veces del sancionado Gattuso. Si la 'squadra azzurra' opta por un esquema más clásico, uno de los puntas y un mediocentro serán sacrificados para dar entrada como interiores a Perrotta y Camoranesi. Y ojo a Luca Toni, que no ve puerta, pero su buen juego tiene que encontrar premio antes que después.

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