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Triana: Más que hermanos

A la madre de los niños bautizados por el rito copto que quieren ser hermanos de La O le han escrito desde la hermandad para decirle que la cosa pinta mal, pero que se preguntará al Arzobispado.

el 11 abr 2011 / 05:27 h.

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Una leve luz de esperanza parece distinguirse en el horizonte para los anhelos cofradieros de dos niños muy especiales: los hermanos Noah, de seis años, y Triana, de cuatro. Su madre, Ana Sánchez, trianera por donde se la mire; su padre, Mark Khalil, australiano de origen egipcio. Fue él quien se llevó el gato al agua y ambos hijos fueron bautizados por el rito copto (una modalidad de Cristianismo propia de Egipto), sin imaginarse el progenitor que los dos chiquillos iban a salirle más semanasanteros que una silla de enea. La madre quiere que los niños sean hermanos de La O, la devoción predominante en su familia, y en La O, con criterio lógico, le responden que para ser hermano de una cofradía es preciso que uno esté bautizado por el rito católico. De lo cual se derivan, entre otras muchas, dos preguntas retóricas: una, ¿cómo puede un trianero hacerse copto, con todos los respetos para todos los credos, estando ahí esos pedazos de hermandades despampanantes que tiene el barrio? La otra, ¿por qué tiene que ser todo tan difícil en esta vida?

"Me volvieron a escribir hoy", explicaba ayer Ana Sánchez, refiriéndose a la hermandad con la que, pese a esta discrepancia, tiene unas relaciones muy cordiales y amistosas, según contaban tanto ella como el hermano mayor, Antonio Palma. Lo que le dicen desde la calle Castilla, tal y como lo cuenta la madre de Noah y Triana, es que "la reforma de las reglas para las que están esperando aprobación siguen especificando que sólo los católicos pueden hacerse hermanos", lo cual derrumba la mayor esperanza que sustentaba hasta ahora a esta vecina de Belfast: que la renovación de la norma propia de la corporación cofradiera ofreciera algún tipo de excepción, al menos en el caso de una doctrina tan parecida a la católica como la copta.

Pero... siempre hay un pero: "Me dicen que su director espiritual les recomendó mandar este caso al Arzobispado a ver qué dicen allí", lo cual parece ser que convendría bastante a los fines de esta familia dado que "al Arzobispado no le importa que no sean católicos". Lo cual remata Ana con ese final clásico que ha cerrado hasta la fecha el 90% de las conversaciones entre sevillanos: "En fin, ya veremos."

Anteayer, cuando se relató esta singular historia, se dejó al margen pretendidamente el elemento que está detrás de todo: la lucha por la propia identidad. Un factor que se descubría cuando Ana Sánchez, no en vano psicóloga, comentaba lo diferentes que son sus hijos de los de otras madres andaluzas con las que convive en Irlanda: "Tú ves a esos niños y hablan todos con unas eses perfectas: sssssí, porque no sssssé qué, porque no ssssé cuánto, y me dice una que es de Cádiz: Es que yo no quiero que tengan mi acento, como si le avergonzara ser de donde es. ¡Igualito que los míos! ¡Anda que no tienen acento sevillano! El Noah, además, hasta es exagerado: cuando salió de monaguillo y le pedían caramelos se ponía: ¡Que zemán acabao!", recuerda Ana, y se harta de reír. O mejor dicho, se jarta, fiel a su forma de decir.

Sobre la pertenencia a la hermandad, la madre de Triana y de Noah aclara un matiz importante: "Que no es que quieran salir de nazareno. Es que quieren ser hermanos." No es lo mismo. "Yo me casé en Australia. Fue por el rito copto porque es aceptado por los católicos. Me lo dijo el cura de La O. Al revés, no: los coptos no aceptan lo contrario." Con todo, Ana se mantuvo abiertamente fiel a su trianerismo y a su callecastillismo, regresando dos o tres veces al año y siempre una de ellas por Semana Santa. "Además, los niños van al colegio católico, vamos a oír misa a una iglesia católica..."

En esta historia no hay enfrentamientos. Ana comprende a la hermandad y la hermandad comprende a Ana, y todos se aprecian. La solución, pese a todo, no es fácil. Pero tampoco era fácil organizar en Belfast una Feria de Abril casera y que se presentaran en su piso ¡trece niñas vestidas de flamenca! Y no eran hijas de españoles. Pues eso lo logró Ana y todavía no se lo explica.

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