Economía

Triana ruega, Los Remedios sólo pide

Desde médicos hasta camareros acuden al SAE de la calle Febo

el 03 nov 2010 / 21:05 h.

La Capilla del Carmen, junto al Puente de Triana, es una de las visitas obligadas de Lola, una trianera en paro.

"Soy de Pino Montano, pero me merece la pena desplazarme a Triana a sellar el paro porque aquí hay mucha menos gente", comentaba una joven desempleada en la cola maldita, ésa que en la zona de Triana y Los Remedios no es tan larga como en otros barrios de la ciudad. A las once y media de la mañana de ayer, pocos -por no decir ninguno- eran los que aguardaban para sellar su tarjeta en el Servicio Andaluz de Empleo de la trianera calle Febo sin ocupar una silla. De pie, poca gente y las gestiones, rápidas.

Pero eso no quita que la tragedia del paro golpee con fuerza a este barrio tradicionalmente obrero, con un vecino más pudiente, Los Remedios. De hecho, de allí es el primero de los desempleados que encontramos en la cola. Es médico, vive más allá de República Argentina y llevaba ejerciendo desde hace nueve años su profesión en el SAS. El pasado septiembre se quedó en la calle y ayer pasaba media mañana arreglando papeles. "A ver si sale algo en el SAE", comentaba Francisco.

Pero no era el único de Los Remedios ayer a esa hora en la oficina de Febo. Prudencio viene también a resolver papeles, pero él ha encontrado trabajo. Este joven comercial llevaba parado desde febrero y desde entonces ha estado haciendo un curso y cobrando el paro. "Por fin", respira.

En una sucursal bancaria de República Argentina trabajaba María, que viene desde Los Bermejales a sellar la tarjeta. El motivo: La oficina del SAE de Triana y Los Remedios es también la habitual para vecinos de otros barrios como el de María y Reina Mercedes. "Tenía una excedencia y cuando me fui a incorporar, cuatro años después, no había sitios libres, así que la empresa optó por despedirme", cuenta. A su lado, una antigua compañera de trabajo, que la acompaña a cumplir el obligado trámite.

Triana ha cambiado en los años de crisis. Siguen en pie numerosos comercios tradicionales, ni siquiera las obras de la peatonalización de San Jacinto han provocado el cierre de muchas tiendas, "sólo una en la calle", comenta el regente del estanco. Eso sí, han proliferado, como en el resto de barrios de Sevilla, los comercios montados por ciudadanos chinos. Han hecho mella hasta en la típica cerámica de uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. En Pagés del Corro, una tienda menos de artesanía, una más de productos en serie procedentes de Oriente.

También en esta emblemática vía está el comedor social de las Hermanas de la Caridad, cuya afluencia ha crecido en los últimos meses, y ya años. Sobre todo se ven muchos inmigrantes que van a recoger el bocadillo o la bolsa con la comida, una tónica repetida en los distintos centros destinados a la beneficencia de la ciudad. Los que vinieron de otros países y ahora no trabajan se encuentran entre los que más dificultad tienen en encontrar un nuevo empleo. Algunos intentan vender de manera ambulante, aunque la Policía "está muy encima", asegura uno de ellos.

No todos los extranjeros están así. De hecho, Óscar lleva nueve años en España y hasta ahora no le ha faltado el empleo en hostelería, su sector. "Al final me han dado largas y eso que tenía un contrato de 20 horas y trabajaba 40... pero la empresa me ha dicho que no había dinero para mantenerme trabajando", asegura el suramericano, que hasta día 31 estaba empleado en un establecimiento en el barrio de Bami, aunque es trianero de adopción. También es uno de los que se acerca a la oficina de Febo para ver si existe algún puesto acorde con sus conocimientos profesionales.

También los hay que se fueron fuera en su momento para encontrar un empleo y que vuelven a la oficina para sellar el paro y buscar trabajo. Es el caso de Jorge, que ocupaba un puesto, también en hostelería, en Marbella, y que ha vuelto a gestionar unos papeles. Está a la espera de que lo llamen del mismo trabajo para incorporarse.

Del barrio de siempre es Lola Rivas, que, como muchos de sus vecinos, acude a Febo a sellar el paro y a ver si hay alguna oferta que la saque del desempleo cinco meses y medio después de su último trabajo. Su familia es de Triana, su vida está allí, y también su trabajo anterior. Aunque siempre se ha dedicado al sector de la panadería -el negocio familiar por excelencia-, su última ocupación fue en un quiosco de prensa, en la calle Santa Cecilia. Se quedó en paro el pasado mes de mayo. Ahora, el lugar que ocupaba el despacho de prensa lo llena un negocio de modas. Eso sí, en este caso no es chino.

Lola se para y saluda a todos. En el barrio la conocen y ha repartido su currículum en muchos de los comercios que jalonan las calles de Triana. "A mí me gusta trabajar de cara al público, es lo que se me da bien", asegura, porque, añade, "llevo desde los 10 años detrás de un mostrador".

Entre los objetivos, una panadería de Ronda de Triana. "Yo tenía un negocio propio de confitería y panadería en la calle Castilla, aunque cerré mucho antes de que comenzara la crisis", señala. En 2000 decidió poner fin al establecimiento, aunque algunos miembros de su familia siguen en la misma rama de actividad, eso sí, en otra zona de la ciudad, en el Polígono San Pablo. "De todos modos, las cosas no están bien y, aunque la empresa ha conseguido mantenerse en pie a pesar de todos los problemas que hay ahora, sólo dos de mis hermanos de los cuatro que empezaron trabajando allí, siguen, así que no hay sitio tampoco para mí", relata Lola.

En estos momentos, en la casa de esta trianera, casada y con dos hijos -aunque la mayor vive fuera- entra un sueldo, el de su marido. Las cosas no son fáciles. "Tenemos que pagar una hipoteca, terminar de abonar las letras del coche y hacer frente a los gastos frecuentes de tres adultos, y eso es mucho dinero", comenta. De hecho, tanto la familia de su esposo como la suya le ayudan en estos momentos de dificultad. "Se nota un sueldo menos en la casa y mi hijo, aunque aporta lo suyo en verano, durante el resto del año estudia", explica. Una parada en la Capilla del Carmen para encomendarse a la Virgen es habitual en su recorrido diario.

En la comida, en cualquier caso, no escatima. "Me gusta comprar en el mercado, aunque también voy a supermercados, pero no soy muy partidaria de las marcas blancas, sólo las uso en algunos productos como el aceite de oliva", reconoce.

Y es que cuando hay que estirar lo que hay en el bolsillo, cada uno escoge en qué recortar. En Triana, una conocida marca de ropa de descuento -Lefties, del grupo Zara- la cola para pagar es al menos de diez minutos. Sin embargo, otras tiendas de la zona se ven vacías por la mañana. También las zapaterías que se reparten por la remozada calle San Jacinto cuentan con poca clientela por la mañana. Y eso que toca cambiar de vestuario con la entrada de la nueva temporada, retrasada con el habitual buen tiempo de la capital hispalense.

Al otro lado, Los Remedios, con su flamante y peatonalizada calle Asunción. La sangría laboral se nota menos, y se centra en personas con estudios. De hecho, hasta algún arquitecto hay que ha tenido que irse a Dubai a buscar empleo. Triana ruega, Los Remedios sólo pide... un trabajo.

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