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Cultura

Tributo flamenco a Fernanda y Bernarda en Utrera

el 04 jul 2010 / 20:18 h.

Matilde Coral durante el homenaje a las 'niñas de Utrera'.

Desde el balcón del cielo, Fernanda y Bernarda de Utrera marcaron el compás a un Potaje Gitano que recordó el sábado noche a sus dos niñas. Son ya 54 años de cante y baile impregnados del arte de una tierra tan flamenca como la utrerana, que en esta ocasión recodó a dos de sus grandes hijas predilectas, tras el fallecimiento de ambas en 2006 y 2009.

Con un cartel de lujo, uno de los patios del colegio salesiano se llenó del público que asistió a este evento, y que fue llegando en masa hasta las instalaciones del centro educativo entre el sonido de los coches y sus bocinas que llenaron también las calles de la ciudad tras la victoria de la selección española.

Pasadas las 11 de la noche, la luz del escenario se encendía, el silencio se hacía entre las mesas y sillas que ocupaban el improvisado patio de butacas, y Juana la del Pipa comenzaba a entonar los primeros compases de un recital que arrancó con el baile de su sobrino, Antonio el Pipa. El bailaor jerezano, acompañado también por una joven promesa de este arte, recibió un obsequio como recuerdo de su paso por el evento, algo que ocurriría también con el resto de participantes. Esto fue tras terminar su actuación por bulerías y poner al público en pie.

Marcando la escenografía, los símbolos del festival: un gran carro y una olla de potaje al fuego, enmarcado por los árboles del recinto. Una bella estampa, sin duda, para contemplar las actuaciones, aunque desde el lugar reservado a la prensa lo que mejor se vio, como es tristemente tradicional, fue uno de los postes que sostenían los focos de luz.
Tras el Pipa, llegó el turno de Esperanza Fernández, quien quiso rendir un homenaje a “estas dos maestras imprescindibles” y dio las gracias a Fernanda y Bernarda “por haber existido”. Entre cantiñas de Pinini y seguirillas, la cantaora fue recorriendo diversos palos, arrancándose incluso a dar alguna pataíta sobre el escenario, cosechando otra ovación de los asistentes.

Precisamente entre las personas que acudieron a los Salesianos estuvieron varios de los miembros de la película La venganza de Don Mendo rock, que estos días rueda algunas escenas en la ciudad. Así, fue posible ver a Antonio Resines y María Barranco, acompañando al director del largometraje, José Luis García Sánchez, quienes pudieron degustar el tradicional potaje. También se dejaron ver el torero Javier Conde, el diseñador Toni Benítez y la bailaora Pepa Montes, entre otros.

Otra grande del mundo del baile, Matilde Coral, fue la mantenedora del homenaje a las niñas de Utrera, un tributo que este año llegaba antes de la cena. Así, la artista sevillana reconoció que estar presente en este festival era “un reto” para su salud, “pero había que venir, porque esta mañana muy temprano recibí una llamada de mi padre” que, desde el cielo, le contaba cómo estaban preparándose para ver el Potaje Gitano. Tras afirmar que “me carteo con ellos”, Matilde Coral aseguró que en el cielo “están todos cantando y bailando”.

Con momentos de gran emoción, la bailaora recordó, con mucho arte, algunas anécdotas vividas con las cantaoras utreranas, y recibió un obsequio, por parte de la hermandad de Los Gitanos –organizadora del evento–, con una imagen de la Virgen de Consolación, patrona de la localidad.

En el apartado institucional, también tomó la palabra el director del Instituto de Cultura Gitana, Diego Fernández, quien quiso unirse al tributo póstumo a Fernanda y Bernarda, “unas mujeres gitanas y utreranas que le han dado mucho orgullo a España, a fuerza de ser lo uno y lo otro: gitanas y de Utrera”, ya que “nacieron en la tierra donde el flamenco baila al compás de la luna”.

Por otro lado, en palabras de la directora de Cruzcampo, María José Barquín, “que nadie se extrañe si esta noche caen del cielo cantes por bulerías y por soleás”. Asimismo, entregó un pequeño templete de la Cruz del Campo a Inés, Luis y el Titi, sobrinos de las homenajeadas. Precisamente Inés quiso dar las gracias “por este gran homenaje que le han hecho a las titas Fernanda y Bernarda”, antes de recibir de manos del hermano mayor de la cofradía, Manuel Peña, el símbolo del festival.

Éste fue quien cerró el turno de palabras asegurando que “a ellas no les hacía falta ningún homenaje, pero la hermandad tenía la obligación de hacerlo, y teníamos que hacerlo a lo grande, ya que el reconocimiento debía ser tan importante como han sido sus vidas y sus carreras”.

Antes del regidor de la corporación religiosa, el alcalde, Francisco Jiménez, tuvo palabras de recuerdo a los actores de la película, y dio la enhorabuena a los organizadores del festival y a la familia de las artistas, “que le dieron el cariño constante, sobre todo en los últimos años de sus vidas”.

Tras todos ellos llegó el momento de que Utrera mostrara su arte, algo que hizo de la mano de Jesús de la Frasquita, Luis el Marquesito, Mari Peña, Pitín, Dani de Utrera, Pitín hijo, Jesús de la Buena y Gaspar Suárez, a los que se sumaron los familiares de Fernanda y Bernarda y, posteriormente, Matilde Coral y Pepa Montes, quienes bailaron unos compases sobre el escenario.

Una vez degustado el potaje gitano que cada año elabora Pepe Méndez, el arte de Granada inundó el colegio salesiano de la mano de Estrella Morente. Entregada con su cante hasta el punto de perder los peinecillos del pelo, la artista dedicó incluso unos versos a las niñas de Utrera, al cantarles que “los mimbres del río gimen con Bernarda, y la Alhambra lloraba cantando Fernanda”.

El cierre llegó con el cante de Pitingo y el toque de Juan Carmona. Con gafas de sol, al haber salido recientemente de una intervención en los ojos, el onubense deleitó al público entre bulerías y soleares, y protagonizó el fin de fiesta, pasadas las cuatro de la madrugada, con los artistas utreranos sobre el escenario, mientras Fernanda y Bernarda miraban atentas el homenaje que su pueblo les dedicaba, desde el lucero que la noche del sábado brillaba con fuerza junto a la Luna.

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