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Triunfo sin brillo del Sevilla para tener fe en la remontada (3-1)

el 03 abr 2011 / 19:09 h.

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El centrocampista argentino del Sevilla Diego Perotti (2d) celebra su gol con sus compañeros.

El Sevilla ganó ayer al Zaragoza sin jugar bien, y eso ya es una buena noticia. No que no juegue bien, sino que sea capaz de sacar adelante encuentros que se ponen ásperos, difíciles cuando sus mejores jugadores no están finos. El caso es que sumó el Sevilla tres nuevos puntos que lo sitúan quinto en la clasificación -a la espera de lo haga hoy el Athletic- y lo dejan a nueve puntos del Villarreal. Un distancia importante, sí, pero no insalvable, sobre todo cuando la tendencia del equipo nervionense, por una vez en la Liga, es victoriosa.

Ante el Zaragoza solventó el partido, más que por juego, por efectividad y porque sacó un extraordinario jugo de sus acciones ofensivas. Sin brillantez, por fases, a arreones -así llegó el 1-0-, consiguió el conjunto de Manzano ponerse por delante y reaccionar ante el empate del Zaragoza. Aunque fuera de penalti. El cometido a Cáceres fue más dudoso, en cualquier caso, que uno anterior a Kanouté, bastante más claro, no pitado por Iglesias Villanueva. Con el tanto del franco-malí, que luego se retiró lesionado, y otro, también de penalti, de Negredo al final del encuentro sentenció el choque el Sevilla, no sin sufrimiento. Pero por esta vez la defensa -Fazio se rehízo tras su fallo de marca en el tanto del empate- y la inoperancia de los atacantes rivales permitieron llegar a los sevillistas con ventaja al tramo final del encuentro.

No hubo fútbol continuado, en cualquier caso, por parte de ninguno de los dos equipos. Ni el ritmo fue lo suficientemente alto como para convertir el partido en vibrante o emocionante. Más bien, tanto el Sevilla como el Zaragoza funcionaban por impulsos. Más constantes vitales, con todo, ofrecía el Sevilla, que tenía más activos de donde tirar. Negredo, Perotti, Navas y Rakitic estaban muy activos en el capítulo individual. Intentos, disparos, regates... pero en el aspecto colectivo poca combinación. Sobre todo porque esta vez Kanouté no andaba demasiado presente en el juego del equipo. En uno de esos arreones, del internacional palaciego por la derecha, logró adelantarse el Sevilla por medio de Perotti justo antes del descanso.Por su parte en el conjunto maño el poco peligro vino determinado primero por Ander Herrera y sus disparos lejanos y y en la segunda parte por Jarosik, que hizo el empate nada más salir de la caseta (m. 46) e inquietó en alguna ocasión más en las jugadas a balón parado. Porque las acometidas del nutrido centro del campo zaragocista eran casi todas paradas por un inmenso Gary Medel, el mejor del encuentro. Cuando el chileno se vino abajo físicamente -venía de disputar dos partidos con Chile- fue cuando el Zaragoza encontró más huecos y alguna que otra oportunidad clara en jugada (Bertolo, m. 74).

Para entonces el Sevilla ya manejaba los tiempos y los minutos. El gol de penalti de Kanouté se lo permitía. Se echó atrás y esperó alguna contra matadora. Cierto que creó más peligro el conjunto hispalense que el maño en esta fase del encuentro, incluso Perotti y Fazio pudieron finiquitar antes el partido, pero también lo es que los de Manzano sufrieron más de lo debido porque la pelota merodeaba el área nervionense. Suerte que tanto Fazio como Escudé dieron consistencia en esos momentos al equipo, porque los cambios (entraron Renato, Zokora y Romaric por Kanouté, Medel y Rakitic) ni se notaron. De una forma u otra, el Sevilla tenía que ganar para generar fe. Fe en la remontada, fe en la cuarta plaza. La esperanza sigue viva.

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