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Triunfo y liderato le explotan a Massa en las manos

Estaba escrito en algún lugar que el GP de Hungría iba a ser un paseo para Lewis Hamilton (McLaren), hasta que en el arranque de la carrera Felipe Massa (Ferrari) lo bordó con un doble adelantamiento que fue, sin duda, lo mejor de la prueba. Massa iba directo al triunfo, pero a falta de tres vueltas, el Ferrari le explotó.

el 15 sep 2009 / 09:13 h.

Álex Santos

Estaba escrito en algún lugar que el GP de Hungría iba a ser un paseo para Lewis Hamilton (McLaren), hasta que en el arranque de la carrera Felipe Massa (Ferrari) lo bordó con un doble adelantamiento que fue, sin duda, lo mejor de la prueba. Massa iba directo al triunfo, pero a falta de tres vueltas, el Ferrari le explotó.

Massa estaba a poco menos de quince kilómetros para atacar la primera posición de la general, pero cayó al infierno sin darse cuenta de lo que le acababa de ocurrir. En ese mismo instante, un secundario del mundial, como así se le ha querido destacar desde hace semanas, como es el finlandés Heikki Kovalainen (McLaren), se encontró con la victoria, la primera de su carrera y toda una reivindicación personal.

Hamilton llegó al GP de Hungría con la mejor tarjeta de presentación, después de dos victorias consecutivas, en Inglaterra y Alemania, que le catapultaron a la primera posición de la general. La pole del sábado poco menos que era un desafío para el resto de competidores para ver quién era capaz de intentar hacerle sombra.

Sólo un piloto, Felipe Massa, había sido capaz de dar un aviso, que pasó inadvertido por todos; el brasileño fue en la Q2 del sábado el piloto que marcó la vuelta más rápida en todo el fin de semana. Ese punto de velocidad, más el atrevimiento propio del pequeño piloto suramericano, le llevó a salir como una exhalación desde la parrilla de salida y a sacudirse a los dos McLaren que tenía por delante.

Primero a Kovalainen y después al invencible Hamilton, a quien cerró en la curva a derechas para evitar que el inglés lo sacase fuera de la pista en la trazada. Detrás de esta batalla, la más destacada de una aburrida carrera en Hungría, Fernando Alonso (Renault) hacía lo propio con Kimi Raikkonen (Ferrari), con lo que el asturiano cumplía a los pocos segundos de arrancar la prueba con su principal cometido: sacar de delante al finlandés.

El adelantamiento soberbio de Massa, con el que el brasileño volvía a reclamar el reconocimiento que siempre desea tener de piloto de primera, le colocó líder y gracias a un ritmo elevado, al paso por meta iba aumentado la diferencia con respecto a Hamilton. En la vuelta 14, el suramericano ya le había sacado tres segundos al inglés, mientras que Alonso, ya a veintitrés segundos por atrás, mantenía un pulso con Raikkonen, que no se despegaba del alerón trasero del Renault.

Massa fue el primero en hacer una parada en el garaje para repostar, cuando se completaba la vuelta 19, e inmediatamente lo visitaron por este orden Kubica, Hamilton y Kovalainen, mientras que Alonso y Raikkonen lo hacían juntos (vuelta 23), aunque con el español ligeramente distanciado debido a que el vigente campeón del mundo se había salido de la pista poco antes. El regreso de estos dos últimos a la pista fue sorprendente, porque lo hicieron enganchados, lo que hacía suponer que el finlandés iba menos cargado de gasolina.

Tedio hasta el pinchazo . El tedio se apoderó de la carrera, especialmente debido al trazado, poco indicado para los adelantamientos. Parecía que la película de la carrera estaba poco menos que escrita. Massa mantenía su ventaja con relativa comodidad en la 31; 3'6 segundos respecto a Hamilton, y por detrás bien distanciados Kovalainen, Glock, Alonso y Raikkonen.

En un GP que no tenía que pasar nada y más después de la actuación de Massa en la salida, con lo que el brasileño reventaba todos los pronósticos que favorecían a Hamilton, llegó la vuelta 40 en la que Hamilton sufrió un pinchazo, que le llevó por un momento a perder el control del coche y a salir del trazado. Pudo enderezarlo y conducirlo al garaje para hacer el segundo repostaje y colocar neumáticos blandos. Massa tenía enderezado el triunfo. En la vuelta 44, Massa entró en el pit lane para llenar el tanque y salió a la pista por delante de Block y por detrás de Kovalainen, que se situaba líder momentáneamente, a falta de hacer su parada, en la vuelta 48.

Dos vueltas más tarde, Alonso hizo su entrada, pero con un resultado dispar: Raikkonen hizo después su repostaje, mucho más rápido, y el finlandés se colocó delante del español, aunque la buena noticia era que Alonso saltó a la pista por delante de un Hamilton que iba a por todas para recuperar el tiempo perdido tras el pinchazo.

En la vuelta 57, la carrera parecía clarificada, con Massa disfrutando de una ventaja de 11.7 segundos respecto al segundo, Kovalainen, aunque Raikkonen, cuarto, a cada vuelta arañaba décimas al tercero, Glock, mientras Alonso sufría por el acecho que sentía de Hamilton.

Ninguna de estas posiciones se alteró hasta que en la vuelta 67, a tres del final, el motor Ferrari de Massa explotó y su sueño de conseguir la cuarta victoria de la temporada, de colocarse líder y de reivindicarse como el piloto principal de la Scuderia, caía en saco roto. Sin comerlo ni beberlo, Kovalainen estaba en disposición de tocar el cielo.

El finlandés no desaprovechó la opción que le brindó la suerte, y de rebote tampoco le hizo un feo el alemán Glock, que se estrenaba en el podio, ni tampoco Raikkonen, que levantó el pie del acelerador para no comprometer la tercera plaza ni los puntos de Ferrari. Alonso acabó cuarto, igualando la posición que obtuvo en Australia.

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