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Trozos de campo en plena urbe

Un estudio desentraña los modelos de gestión de los huertos urbanos.

el 30 oct 2010 / 18:36 h.

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Los huertos urbanos mezclan la ciudad con el campo, dando como resultado porciones de bienestar para los hortelanos que participan en ellos.

Escondidos en la masa urbana de Sevilla, los privilegiados paseantes pueden descubrir trozos del mundo rural. Pocos conocen de qué se trata, pero los huertos urbanos son parte ya de la tradición en algunos barrios. Este fenómeno social, que nació como iniciativa vecinal, consiste en reservar espacios del territorio de una ciudad para destinarlos a pequeñas porciones de terreno donde los ciudadanos pueden cultivar sus propios productos.

"Burbujas rurales en el mar urbano". Es como los define el geógrafo, consultor ambiental y profesor de la Universidad Pablo de Olavide Raúl Puente, que ha elaborado, durante dos años, una investigación pionera en Andalucía. Este experto fue gestor de los huertos del Parque Miraflores de 1999 a 2002 y, a lo largo de los últimos años, ha ido estudiando las seis zonas verdes que se distribuyen por diferentes rincones de la ciudad. Será a finales de año cuando este arduo trabajo vea la luz bajo el título Los huertos urbanos de Sevilla. De la tradición a la novedad.

Los vecinos de Miraflores fueron los primeros en vivir esta experiencia con la creación de sus huertos urbanos en 1991. En sus comienzos albergó los huertos escolares, destinados a la enseñanza y para el disfrute de los más pequeños. Más adelante, incorporaron los huertos de ocio y, actualmente, cuentan con parcelas para asociaciones con fines sociales. En total, estas cuatro hectáreas de terreno reúnen 171 parcelas, donde se practica la agricultura ecológica, en el interior del propio parque, es decir, lejos del caos de la urbe.

Otros puntos de la ciudad donde se hallan son Torreblanca, con sus huertos familiares instalados en el centro deportivo del barrio; Huerta del Rey Moro, declarada Bien de Interés Cultural (BIC), con sus huertos escolares; los de San Jerónimo, ubicados en la entrada del parque desde 1995; los del Parque Tamarguillo, creados en 2009 a pesar de que este espacio libre aún no se ha inaugurado; y, finalmente, los de Pino Montano, instalados a principios de 2010.

Si algo los caracteriza es el respeto al medio ambiente. De hecho, nacen con una misión educativa: "Que los niños vean que las lechugas no salen de los supermercados". Para ello, los hortelanos no deben usar fertilizantes artificiales o productos que puedan dañar el entorno. Tampoco pueden cultivar frutas, porque sus raíces perjudicarían el suelo, pero sí tomates, pimientos, lechugas... Cualquier producto de la huerta es bienvenido, eso sí, sólo para el autoconsumo.
El principal problema de esta actividad es la falta de un modelo de gestión concreto. Según el autor de este estudio, las asociaciones vecinales suelen crear estos proyectos y, más tarde, piden las subvenciones, por lo que van gestionando los huertos urbanos bajo su propia cuenta y riesgo, sin supervisión municipal. Sin embargo, son actividades completamente gratuitas para los hortelanos que se adentran en esta experiencia rural.

Esto supone, además, un inconveniente a la hora de adjudicar las parcelas. La rotación que intenta implantarse en los nuevos modelos de gestión es artificial, es decir, cada cierto tiempo (de dos a cinco años) se sortean los terrenos para los nuevos. Esta forma de compartir no es bien recibida por todos y en los huertos urbanos más antiguos no se entiende que la parcela tenga que abandonarse, por lo que se sigue una rotación natural, sorteando 10 al año ("las que se van quedando libres"). Pero a pesar de la polémica, se trata de un servicio social, por lo que el experto en huertos urbanos apuesta por una rotación artificial, para que todos puedan aprovechar la iniciativa vecinal.

Pese a que la demanda de huertos urbanos es alta y no hay parcela vacía durante el año, la oferta es elevada. El Parque Miraflores alberga un total de 171 parcelas; en San Jerónimo se ubican 54 en las 1,5 hectáreas de terreno; en Huerta del Rey Moro se hallan cuatro bancales en 150 metros cuadrados; en el Tamarguillo se distribuyen 114 en la zona del Cortijo y 160 en el lago; en Torreblanca hay 23 pequeños terrenos en los 1.500 metros cuadrados de los que disponen; y en Pino Montano se cultivan 200 fincas individuales, más otras que se están entregando a las asociaciones.

Por otra parte, además de emprender esta investigación, el profesor también creó recientemente el Instituto Andaluz de Huertos Urbanos, junto a otros profesionales. Esta entidad apuesta por el fomento de los mismos, pero también por la investigación. "Queremos que el fenómeno crezca con parámetros de equidad social y medioambiental". Otro objetivo es el de asesorar a los ayuntamientos, con la intención de crear un modelo de gestión claro que evite la arbitrariedad.

En definitiva, "la agricultura es la excusa", pero la realidad es otra, ya que los beneficios de los huertos urbanos son innumerables. "Ayuda incluso a dejar de fumar", concluye el experto para poner un ejemplo.

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