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"Turina puede ser un embajador de Sevilla tan bueno como el flamenco"

Entrevista a Benedicte Palko Directora del Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina.

el 19 abr 2013 / 23:14 h.

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Benedicte Palko, directora del Festival Joaquín Turina. Benedicte Palko, directora del Festival Turina. Haría falta mucho más que una entrevista de una hora, acaso una sesión de psicoanálisis, para entender la razón por la que la pianista noruega afincada en Sevilla Benedicte Palko (Stavanger, 1972) es capaz de dejarse el alma (y los euros) en salvar de la extinción el Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Creado como evento bianual en 2009, el certamen no ha hecho más que ganar público y alumnos de los cinco continentes a la par que ha ido haciendo su presupuesto más y más escuálido. Asegura que, frente a viento y marea, en septiembre se celebrará su cuarta edición. Lo que suceda a partir de entonces es una incógnita sobre la que se cierne un negro nubarrón. –Cuatro ediciones y no parece que Sevilla se entere de que Joaquín Turina le pertenece tanto como Pareja Obregón... –Y es algo que, como noruega, no puedo comprender. Cada país tiene muy claro cuáles son sus compositores. Y en las ciudades concretas en las que nacieron unos u otros se hacen festivales, se le dedican días, se abren casas-museos... Aquí... nada de eso. Sevilla no explota a Joaquín Turina, vive de espaldas a su obra, a su música. Nosotros tenemos la exclusividad, concedida por su familia, para celebrar el festival que lleva su nombre. –También tiene la palmada en el hombro de los políticos... –Estoy cansada de las buenas palabras. Organizar, crear cosas, forma parte de mí. Pero si la cosa no cambia, abandonaré el proyecto después de cuatro ediciones. Siento el apoyo del público y de los músicos, pero no el de la administración, y los patrocinios cuesta mucho lograrlos. No quiero que nadie me dé las gracias, sólo deseo que Sevilla haga suyo el Festival Turina. En 2011 tuvimos 35.000 euros, en 2013, 29.000 euros, de los cuales nos faltan por conseguir 7.000. La Junta se retiró hace dos años, el Consistorio sólo nos paga diseño e imprenta. –¿Cómo lo hace entonces? –Gracias a los patrocinios privados. Esta semana seguiré teléfono en mano llamando a empresas para pedirles aportaciones. A partir de 500 euros ya nos vale. Como puede imaginar todo esto es agotador, porque estoy yo sola haciéndome cargo de la gestión. –Ha conseguido involucrar a su ciudad natal, Stavanger, en un certamen que se celebra a 3.500 kilómetros de allí... ¿No es una triste paradoja? –Mi ciudad es la capital del petróleo en Noruega. Y una parte considerable de la labor social que allí se desarrolla ha ido a parar a la creación de un gran entramado cultural de orquestas, festivales, ciclos formativos, etc... Así he podido convencerles de que nos den unos 6.000 euros que servirán para que músicos noruegos y sevillanos obtengan unas becas en el Festival Turina para recibir una serie de clases magistrales. –¿No ha pensado en reclamar a la Unesco, por venganza, que le quite a Sevilla la distinción como Ciudad de la Música? –Desde luego las empresas y los políticos locales tendrían que hacer valer la consideración... cosa que no hacen, o no suficientemente. En nuestro caso particular parecen no comprender que la música de Turina puede ser tan buena embajadora de Sevilla como lo es el flamenco. Aquí y en Nueva York. En Europa además la música de cámara constituye uno de los máximos eventos culturales. Y en nuestra ciudad está prácticamente ausente, casi ni se programa. –¿Le ha salido algún pretendiente al Festival? –Si alguna otra ciudad quiere el Festival Turina, yo me voy donde sea, por más que su lugar natural sea Sevilla. Creo que este proyecto es muy hermoso y tiene infinitas posibilidades, pero estoy rendida de chocar contra la pared. –¿Cuál es el mayor aporte que hace el certamen? –Ser más que un mero contenedor de conciertos. Al Turina vienen grandes intérpretes que, durante varios días, trabajan mano a mano con jóvenes músicos que llegan de muchas partes del mundo. Del encuentro entre ellos surgen luego los recitales que disfruta el público en espacios como la Casa de Salinas, Capitanía General, La Carbonería o el Consulado de Portugal, entre algunas otros. –¿Y cómo se garantiza entonces la calidad de los conciertos? –El nivel de los músicos invitados asegura que los conciertos no sean unos simples bolos. De cuatro o cinco personas que se juntan por primera vez puede surgir un recital que destile una química inmensa porque los intérpretes viven el momento con enorme intensidad. A veces esto es mucho mejor que traer a un grupo, que viene, toca, cobra y se va, y que pueden estar cansados de tocar. A lo mejor ni siquiera saben en qué ciudad han parado esa noche. –Y siempre con la obra de Joaquín Turina como eje central... –En todos los conciertos una obra ha de ser del compositor sevillano, así es. Esto significa que músicos que vienen de fuera y tocan aquí a Turina cuando vuelven a sus países también lo van a interpretar allí. Este año acudirán artistas de la talla del pianista Péter Nagy –que interpretará junto a Tanja Becker-Bender las Sonatas de Bartok–, el chelista sueco Torleif Thedéen, el violinista franco-suizo Raphaël Oleg y el andaluz Quinteto Ethos, entre otros.

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