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Turistas con matrícula de honor

el 14 sep 2011 / 18:19 h.

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En algunas guías para visitantes el Costurero de la Reina aparece al mismo nivel que la Catedral.

Edward clavaba desolado su mirada en los andamios. A su lado, Lorna atravesaba con rayos X en sus ojos la página de su guía de viajes, Sevillian Flavours, en la que recomendaban una excursión matinal al edificio del Consulado de Portugal en Sevilla. Ayer a media mañana estaba cerrado por obras. Claro que también lo estaría un día cualquiera. Ante el argumento de "es un sitio oficial, no un lugar turístico", Edward y Lorna, turistas de Wisconsin, agitaban con furia su libro de viajes. El mismo en el que se lee -textualmente-: "El Consulado de Portugal es un edificio de la Exposición Universal de 1929 y uno de los monumentos que no puede dejar de contemplar y visitar durante su estancia en Sevilla" (sic). Verlo, lo vieron. Pero todavían deben de andar pensando que en su interior se escondía el tesoro de Tartessos...

En esta ocasión la guía Sevillian Flavours patinaba en su excesiva valoración de este hermoso mamotreto ubicado en el Prado. Pero no es el único dislate. Las guías de viajes internacionales están llenas de tropelías semejantes. Matrícula de honor a los turistas más avezados o ingenuos merecían ayer también Iona y Edna, dos nórdicas asidas a un profusamente ilustrado libro de inequívoco título sueco, Sevilla och Andalusien, cuya portada sería capaz de resucitar de la alegría a Juan Talavera y de la Vega. ¿No le suena? Suyo es el diseño del Costurero de la Reina, castillito neomudéjar de 1893 que fuera residencia de los duques de Montpensier. ¿Para qué acudir a la Catedral, el Monasterio de la Cartuja o el Real Alcázar contando en Híspalis con este arrebatador pastiche orientalista?

Las suecas llevaban un día en Sevilla y después de hacer noche en la calle Betis decidieron que el Costurero era un buen punto de partida para conocer los hits (...) de Sevilla. Quizás en un próximo viaje suban a la Giralda. Porque su guía apelaba al turista a no dejar de ver: el imponerande -impresionante- Huevo de Colón (!), la geometriska och stiliserade -geométrica y estilizada- Escuela Superior de Ingenieros (!!) y el viktigt -esencial- Monasterio de San Isidoro del Campo.

No se trata de menospreciar esta segunda (o tercera) división de la monumentalidad hispalense, pero resulta de traca comprobar cómo, sin salir de Escandinavia, en la guía finlandesa Käy Sevilla que portaba ayer un trotamundos Mikka en los Jardines del Cristina se le recomendaba "pasear por los bajos del río Guadalquivir entre la Estación Plaza de Armas y el Puente del Alamillo, mejor por la noche". Las risotadas del que sugirió tal ruta todavía resuenan en el Círculo Polar Ártico. O eso, o poniéndonos serios, quería dejar sin cantimplora y sin pantalones al bueno de Mikka en lo que imaginaba podía ser un idílico paseo por el Guadalquivir.

El índice de recomendaciones absurdas es casi infinito. Hay otras guías, como la francesa Routard o la italiana Viaggio a Siviglia, que deben de estar conchabadas con las empresas de taxis y autobuses. La primera sitúa la aldea del Rocío poco menos que como una pedanía de Sevilla, argumentado que "basta con dedicarle una hora"... más dos de ida y vuelta, claro. La segunda indica que, "aunque Sevilla carece de mar, a poca distancia se encuentran las bellas playas de Conil". Así es, exactamente a 149 kilómetros. Poco más de 90 minutos si la policía le va abriendo paso.

PROPUESTAS AÚN MÁS ABSURDAS

Sólo tiene que acudir a una librería y darle una ojeada a los libros turísticos sobre la ciudad escritos en otros idiomas para encontrar propuestas sorprendentes que a usted, sevillano de pro, nunca se le hubieran ocurrido. En la guía alemana Marco Polo le aseguran que "tapear en la Plaza del Pumarejo servirá para tomarle el pulso a la ciudad y conocer de primera mano cómo es la vida del sevillano" y, unas páginas más adelante, invitan al visitante germano a "perderse por las calles de barrios autóctonos como Rochelambert y Santa Clara". De seguir todos estos consejos, probablemente, no volveríamos a ver a un teutón más por estas tierras en la vida. Más grave aun, en una pequeña guía de bolsillo portuguesa de la editorial Lusitania, concluyen que no puede marcharse sin probar el "rioja sevillano" (?) 

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