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Tussam. La Feria, otra vez rehén de las negociaciones

Pese a su situación crítica Tussam no ha planteado despidos, rebajas salariales o una privatización global.

el 10 abr 2010 / 17:35 h.

Una tradición. Un año más la Feria vuelve a estar amenazada. Es la mejor arma de la que disponen los sindicatos de Tussam y la ponen encima de la mesa cada vez que empiezan las conversaciones. La dirección teme que si se produce sea un paro agresivo, no como el del Domingo de Ramos. Hay precedentes. El problema, de nuevo, es identificar qué hay detrás de esta convocatoria. El conflicto lo desencadenan dos factores tan generales como difíciles de resolver: el desencuentro permanente entre la dirección y los sindicatos y la crítica situación de Tussam. La empresa desconfía de los sindicatos, mientras que éstos tienen en su enfrentamiento con la dirección su principal baza electoral ante la plantilla. Con este escenario, hace nueve meses que se entró en un proceso determinante para una empresa al borde de la quiebra: el plan de saneamiento. Y a partir de ahí se ha iniciado una cadena de desencuentros y errores -por las dos partes-. Contra lo que se pueda pensar, Tussam no ha recortado las nóminas, ni plantea una privatización generalizada o despedir a parte del personal. ¿Qué provoca la huelga entonces?

Privatizaciones. Aunque no hay recetas mágicas, la solución de Tussam pasa por cuatro factores: recorte de gastos propios, subida de tarifas, incremento de las transferencias del Ayuntamiento y negociación con la Junta. La dirección quiere respetar estrictamente este orden y los sindicatos no lo tienen tan claro. Y el principal gasto es la plantilla, a la que casi no puede pagar por el lastre de unos convenios firmados por encima de sus posibilidades. Con algunos problemas de diálogo se ha empezado a actuar: se han recortado servicios para la plantilla, se están dejando de abonar pluses y se ha pedido que los días extra se descansen y no se cobren. Se han planteado además varias medidas: privatizar las líneas deficitarias, congelar las nóminas y eliminar la bolsa de más de 130 eventuales. Ahí ha encallado la negociación, y ha llegado la huelga. Para empezar, los sindicatos quieren una subida moderada, no una congelación. Respecto a los 130 eventuales, la situación es más delicada. Los sindicatos saben que quien defienda más esta causa arrastrará sus votos, y no van a ceder. Piden al menos garantías de que sean indefinidos en el futuro, pero Tussam no quiere que sus contrataciones estén condicionadas. El tercer debate es el más enquistado: Tussam abrió sin previo aviso un concurso para buscar empresas dispuestas a asumir la gestión de líneas, supuestamente sólo para las líneas nocturnas y las deficitarias. Se abrieron las ofertas y se quedaron guardadas en un cajón. Aunque no se ha actuado aún, los sindicatos, apoyados por IU en este caso, quieren que se anule todo como condición para desconvocar la huelga y la dirección no está dispuesta.

Concesiones. La postura de la empresa es firme, pero conforme se acerca la Feria entran otros factores en juego. Antes del Domingo de Ramos, fue el PSOE de Sevilla el que organizó un último encuentro para evitar el paro. Duró apenas dos minutos, y los socialistas respaldaron a la dirección. Ahora vuelve a plantearse este escenario, y es el PSOE el que más se juega porque el alcalde no tiene motivos para cesiones de última hora. Porque apenas se juega nada y porque hay un cierto desgaste ciudadano con las huelgas de Tussam y se señala más a la plantilla que a los empleados, por más que el PP intente responsabilizar al Gobierno local.

Desde Luis Montoto. Tussam es una muestra de la nueva implicación del PSOE en el Ayuntamiento y del nuevo ambiente de trabajo en el que se basarán las conversaciones para definir al nuevo delegado de Urbanismo y al nuevo portavoz socialista. En este segundo caso, el alcalde tiene su propuesta. Y ya hay algunos gestos: fue Francisco Fernández quien acudió en representación del grupo el jueves a una reunión con la dirección provincial de todos las direcciones socialistas de la provincia. Es el relevo natural de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que lleva varios días preparando su aterrizaje en la Junta y dejando claro un mensaje entre los que le han apoyado durante estos meses: seguirá vinculado a las agrupaciones de la capital y al PSOE de Sevilla, aún después de su salida del Ayuntamiento. Con estos cambios vuelve a asomar el fantasma de la división en el grupo municipal. Todos huyen de él, aunque las diferencias sean evidentes. Los antes vieristas piden más peso mientras que los ex críticos aún asumiendo su derrota no quieren ser laminados. En lo que todos coinciden es en pedir que se concrete cuanto antes el futuro del alcalde. "¿Para qué hacer cambios ahora si todo puede cambiar en un mes?", señalan varios dirigentes socialistas.

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