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Tutela moral de otro tiempo

La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega ha advertido a la jerarquía católica española que ni los ciudadanos ni el ejecutivo necesitan tutelas morales de nadie ni tampoco las van a permitir. Y lo ha hecho en sede parlamentaria para tratar de responder a las gravísimas acusaciones de varios obispos durante la fiesta mitin...

el 14 sep 2009 / 22:31 h.

La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega ha advertido a la jerarquía católica española que ni los ciudadanos ni el ejecutivo necesitan tutelas morales de nadie ni tampoco las van a permitir. Y lo ha hecho en sede parlamentaria para tratar de responder a las gravísimas acusaciones de varios obispos durante la fiesta mitin que la Conferencia Episcopal montó el 30 de diciembre justo al lado de las torres de la desaparecida Rumasa en Madrid. En cualquier país laico sería difícil de entender aquella concentración que tuvo como primer objetivo descalificar leyes consagradas en el Parlamento como el divorcio, el aborto o los matrimonios homosexuales. Y tampoco tendría fácil digestión en otros países laicos que la segunda autoridad de un Gobierno democrático se vea obligada a comparecer en el Congreso para parar los pies a los obispos y sus excesos. Sin embargo, en España han ocurrido ambas cosas en poco más de una semana sin que nadie se rasgue en exceso las vestiduras. Una prueba evidente de que esa tutela moral de la que la Iglesia Católica ha disfrutado siempre entre los españoles hasta bien entrada la Transición no ha desaparecido del todo en algunas mentes. Por eso hay que dejárselo muy claro a esos obispos que juegan estos días a líderes políticos desde los púlpitos amparados, como en Madrid, por Su Santidad Benedicto XVI: la Iglesia puede criticar al Gobierno como ella puede ser criticada por éste. Pero es intolerable que más allá de las opiniones individuales y colectivas se pregone que leyes progresistas aprobadas por los españoles y sus representantes políticos ponen en riesgo la democracia y los derechos humanos en España. Porque eso fue lo que algunos predicaron en Colón. Si la Conferencia Episcopal pretende volver a recuperar parte del respaldo que en su día tuvo la Iglesia Católica entre los españoles con semejante discurso ha elegido el camino del fracaso. Y si apela como excusa a la 'voluntad papal' sería oportuno recordar ahora que Juan Pablo II siempre se opuso a la guerra de Irak y sin embargo los católicos nunca ocuparon las calles para poner colorado a Aznar, valedor entusiasta del ese terrible conflicto. Claro que, entonces, la izquierda no gobernaba.

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