Cultura

“¿Ucrania en Europa? No hablamos de ello, no queremos castigos”

Entrevista con Viktor Yaremenko, director artístico del Ballet Nacional de Kiev, que representa estos días en el Teatro de la Maestranza 'El lago de los cisnes'.

el 09 ene 2014 / 22:06 h.

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coreografo kiev Viktor Yaremenko.

Fundado en 1867, el Ballet Nacional de la Ópera de Kiev (Ucrania) es la gran institución cultural de aquel país, una organización emblemática que ostenta el honor de ser referido siempre como una de las tres mejores compañías de danza del mundo. En ella, Viktor Yaremenko –galardonado con la distinción de Artista del Pueblo de Ucrania– lo ha sido todo: primer bailarín de la compañía durante 20 años y diez años director artístico. Ahora ostenta el cargo de coreógrafo titular. Estos días se encuentra en Sevilla, ocupándose en el Teatro de la Maestranza de cada detalle del montaje de El lago de los cisnes que puede verse en este escenario hasta el sábado.

–¿Qué cree que espera el público cuando asiste a una apuesta tan clásica y universal como la que estos días presentan? –¡El máximo nivel! Eso es lo que esperan. Y, por supuesto, aguardan vivir un encuentro con el gran repertorio clásico-romántico, que es el que nosotros defendemos con artistas que, todos ellos, sin excepción, del primero al último, han demostrado una inmensa maestría.

–Se diría que el Ballet de Kiev no sale del a-b-c del repertorio. ¿Por qué esa fijación? –Porque somos los garantes de estos tesoros. Ucrania yRusia representan el corazón del ballet clásico. Es una tradición estatal, nuestro gran símbolo cultural. Tenemos en plantilla 180 bailarines, ¡imagínese! Ninguna otra compañía europea puede permitirse ese lujo. Y hasta 1.400 personas trabajan en nuestro teatro. Mientras estamos aquí, en Sevilla, en Kiev continúa dándose todos los días. ¿Me ha escuchado bien? Todos los días, ballet y ópera, alternándose. Excepto los lunes. El apoyo del estado a la cultura es excepcional. Y no podemos permitirnos defraudar las expectativas. ¿Que por qué no montamos nada contemporáneo? Eso ya lo hacen en Centroeuropa, con compañías privadas, de diez bailarines, que pueden permitirse arriesgar.

–Pocos universos artísticos hay menos mitificados que el ballet. ¿Cuánto de folclore hay en ello y cuánto de oscura realidad? –Cuando entré como bailarín en la compañía, los ancianos me decían:“Viktor, ten cuidado, tus compañeros te pondrán cristales en el suelo...” Viví con ese miedo pero... nunca sucedió. Existen muchos mitos turbios sobre el ballet azuzados por el cine. El único real es la feroz competencia. Cada bailarín que entra piensa que es el mejor, que va a ser como Maya Plisetskaya. Pero rápidamente se da cuenta de que a su alrededor hay 100 tan buenos como él. Eso genera una gran ansiedad.

–¿Qué diferencia ostenta el Ballet de Kiev con sus compañeros de podio, los Ballets del Bolshoi de Moscú y del Mariinsky de San Petersburgo? –En la antigua URSS llegó a haber unas 100 compañías de ballet y, hoy día, como dice, Kiev, Bolshoi y Mariinsky son tres de las más excelsas. Las diferencias son sutiles, pero podría decirle que nuestros bailarines danzan de una manera más relajada y con más margen de improvisación. En Moscú, por contra, son más dramáticos. Luego podremos discutir sobre posiciones de brazos o cualquier otro matiz, pero la raíz es única, los grandes ballets rusos.

–Tanto hablar de Rusia, pero ustedes son de Ucrania... Habida cuenta de los acontecimientos políticos que vive su país, inmerso en un proceso que divide a la población entre los pro-rusos y los pro-europeos, ¿cuál cree que es el sentir mayoritario de la compañía que representa? –¿Me pregunta si queremos que Ucrania entre en la UniónEuropea?No le responderé a eso. Los trabajadores de la compañía tenemos un código de comportamiento que observamos muy escrupulosamente y no hablar de lo que sucede en nuestro país es un punto clave. Hablar de lo que acaece de puertas hacia fuera de nuestro teatro sería, para nosotros, un gesto de mal gusto. El Ballet de Kiev se fundó hace más de un siglo y todos, absolutamente todos los Gobiernos de Ucrania que se han sucedido han apoyado totalmente nuestra labor. ¿Que cómo lo hemos logrado? Manteniéndonos al margen de todo, centrándonos en el arte. No queremos premios... pero tampoco queremos castigos.

–Dejó de ser bailarín a los 38 años. ¿Cómo recuerda aquel momento de su biografía? –En Ucrania, los bailarines que llevan 20 años activos gozan de una estupenda jubilación. Con 38 años puedes irte a tu casa. Yo me quedé aquí, trabajando por y para el ballet. Dejé el escenario cuando lo que hacía en él era feo de mostrar al público.

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