Local

Última jornada en el mercado ‘provisional’ de la Encarnación

18 de diciembre, día de la Esperanza y día de la ilusión de las decenas de placeros de la Encarnación que ayer cerraron sus puestos en ese mercado provisional que ha permanecido abierto 37 años y 79 días, desde el famoso 1 de octubre de 1973, cuando les dijeron que estarían en este emplazamiento provisional apenas un par de años. Hoy por fin es la inauguración del nuevo mercado y mañana será el primer día de apertura oficial.

el 18 dic 2010 / 20:24 h.

TAGS:

En esta frutería del mercado de la Encarnación sus responsables no podían ayer ocultar su alegría por el traslado.
"Andamos a lo loco, como los novios que han cogido un piso y están deseando de irse a vivir en él", afirmaba José Ortega mientras pesaba varios kilos de plátanos en su frutería. Aquí ha estado 35 años y estaba deseando que llegara el mediodía para comenzar el traslado a pocos metros, a los nuevos puestos color vainilla de la renovada plaza de la Encarnación, bajo las setas: "Esta tarde-noche empezaremos a recoger y a llevarnos lo más importantes, porque todo lo del puesto es para chatarra", destacaba, aunque no sólo van a notar esa diferencia porque "aquí pasamos frío y calor y hemos dado un mal servicio al público que hay que agradecerle que no haya dejado de venir. Ha sido una vergüenza", concluyó.


De los efectos de la climatología en el mercado provisional se quejan tanto comerciantes como clientes, como Carmen Borrego y su hija, Inmaculada Cidre. "Muchas veces no venía porque en verano te fríes y ahora te mueres de frío", afirma Carmen, que a sus 79 años todavía ve cómo era la plaza antigua: "recuerdo la fuente y cómo conocía a todos los de los puestos antiguos", y a muchos de ellos podrá volverlos a ver cuando se abra mañana la nueva plaza y contemple en las columnas de los pasillos fotografías con imágenes de los viejos puestos y sus ocupantes". Madre e hija apuntan "que estábamos comprando aquí el día que murió Félix Rodríguez de la Fuente". Recuerdos y más recuerdos que se quedarán en este rincón de la Encarnación al que nadie va a echar de menos.

En esto coinciden Antonio Martínez y Ángeles Molina desde uno de los puestos de pescado. "Hoy lo que nos estamos acordando es de los que no van a ver aquello: padres, hermanos, amistades... pero una vez que nos vayamos no vamos a echar en nada de menos esto", afirma Antonio que ha estado aquí los 37 años y otros cinco en la antigua, mientras la fuerte lluvia atruena contra la uralita.

"Y la humedad que sube por los pies", señala Ángeles quien a la ilusión -"aquello tiene calefacción y se está estupendamente"- le añade nostalgia: "Mis padres han estado aquí y hemos pasado muchas cosas, buenas y malas. Estoy feliz pero me acuerdo mucho de mi padre que estaba en la pescadería", recuerda, pero no para de denunciar las condiciones que han tenido que soportar, porque "no hay ni agua caliente y con sólo un grifo para toda la plaza".

Mientras, un cliente ante la carnicería de María Reyes Fernández y Juan Luis Gallego afirmaba con sorna que "a ver si no va a ser el último porque se anegue aquello ahora".

Quejas. Mercedes Ledesma, ahora en su puesto de congelados y antes en el de recova de su familia, celebra hoy su cumpleaños y la inauguración, en la que asegura que "más de uno va a echar una lágrima". Recuerda cómo "en estos años han cerrado muchos puestos, no por la crisis sino por la vida, y porque hay muchísimos supermercados, híper y grandes almacenes, además hay problemas que van a seguir: no hay aparcamientos, ni llegan los autobuses ni el Metro, y todo esto hay que solucionarlo".

También encuentra muchas deficiencias Francisco Rodríguez que a lo largo de estos años ha batallado por que el nuevo mercado sea una realidad "pero no así", mientras corta jamón con categoría. "A cada placero le va a costar al mes 2.200 euros, además los puestos son de formica y los pasillos están llenos de columnas y de huecos por donde no pasa ni una persona. Y la dificultad de la zona de carga y descarga...".

Al puesto se acercan Paqui Romero y Francisco Borrero a los que lleva de visita a su nuevo emplazamiento: "Hay que quitar la barra que sujeta la persiana todos los días, y pesa 23 kilos. Además, los mostradores tienen 1,65 de altura y si la clienta es bajita "como Paqui no llega", afirma. Borrero es más optimista y cree que, con el cambio, el mercado "se va a llenar, la gente va a venir más". Lo veremos a partir de mañana.

  • 1