Local

Última parada: su reconocimento

La generación de uniformes con camisa larga, corbata y gorra sin arrugas en pleno verano sevillano de los años cincuenta, hizo acto de presencia ayer en el teatro del Hogar Virgen de los Reyes. Tussam reconoció con un giraldillo el trabajo desempeñado por unos 250 trabajadores de aquella quinta. (Foto: José Manuel Cabello).

el 15 sep 2009 / 00:35 h.

TAGS:

La generación de uniformes con camisa larga, corbata y gorra sin arrugas en pleno verano sevillano de los años cincuenta, hizo acto de presencia ayer en el teatro del Hogar Virgen de los Reyes. La empresa municipal de transportes públicos (Tussam) reconoció con un giraldillo el trabajo desempeñado a lo largo de más de cuarenta años por unos 250 trabajadores de aquella quinta. Al evento de entrega de los galardones asistieron el alcalde y presidente de Tussam, Alfredo Sánchez Monteseirín, y el gerente de la empresa municipal, Carlos Arizaga.

Las doce de la mañana era la hora en la que estaba prevista el emotivo acto. Sin embargo, una hora antes se congregaban en los aledaños viejos amigos que, impacientes por el reencuentro, intercambiaban anécdotas cuanto menos curiosas. "Lo de antes era una penitencia. Cobrábamos 3.000 pesetas y no podíamos siquiera parar para ir al servicio ¡durante ocho horas!", explicaba emocionado José Antonio Cuevas, conductor durante 45 años.

La innovación que supuso introducir en la ciudad los autobuses fue considerable teniendo en cuenta que los tranvías no tenían puertas, como el nuevo servicio de transporte que se instauró, y era relativamente fácil viajar sin pagar. "El autobús era incomprensible. Ahora, lo piensas y parece que es un chiste, pero la gente se enfadaba con nosotros, los conductores, porque tenían que pagar", recuerda riéndose Antonio Vargas.

Una vez terminada la entrega de los giraldillos, y como si de la salida de un colegio se tratara, los antiguos compañeros de profesión pusieron un punto y seguido en sus conversaciones hasta la próxima cita para seguir haciendo memoria y repasando por ejemplo, aquellas sillas de madera en las que los pasajeros posaban sus traseros, las agarraderas de cuero para no perder el equilibrio, o aquel asiento del conductor calzado necesariamente con adoquines y tablas de madera para que no se moviera en las curvas.

  • 1