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Un 1 de mayo masivo y con los ánimos ardiendo

el 01 may 2012 / 18:41 h.

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Sevilla amaneció guerrera y con ganas de no quedarse en casa el Día del Trabajo. Cuando la necesidad aprieta se afilan las lanzas. Resultará todo lo egoísta que se quiera pero así es la genética del ser humano, sálvese el que pueda. Los sindicalistas más avezados lo veían venir. Y no es que se pueda hablar de éxito, en ningún caso. "Lamentablemente aquí hay tantos o más parados que gente trabajando", afirmaba un afiliado de UGT. Eran muchos. Alrededor de 18.000 personas según los convocantes, 10.000 al decir de la Policía Local. Dejémoslo en 14.000, bastantes miles de almas más de las que venían frecuentando la sesión matinal reivindicativa de cada 1 de mayo en Sevilla.

Todo ello a pesar de que los líderes sindicales Francisco Carbonero (CCOO) y Manuel Pastrana (UGT) estaban este año en Granada. "Esto es una cuestión de principios, no de siglas", zanjaba Domingo, funcionario del Consistorio hispalense que ve cómo todos sus amigos las están "pasando canutas": "Relativamente puedo sentirme afortunado, por eso tengo más fuerza que ellos para estar aquí y gritar que están desmantelando España". El pesimismo se respiraba en el ambiente con más intensidad que el azahar el Domingo de Ramos.

Y aunque en España exista una costumbre no escrita en ningún decálogo de manifestarse con el mismo jolgorio que quien se va de carnaval, la de ayer, sin pretender imitar el cortejo del Santo Entierro, fue una concentración bastante ceniza. "Sólo hay que ver las caras de la gente, no hay alegría, estamos aquí no para celebrar unos derechos adquiridos si no para clamar por que no pisoteen los pocos que nos van quedando", decía Leticia Carrasco, de UGT de Los Palacios.

Astilleros, trabajadores del metal, teleoperadores, sanitarios, profesores, periodistas, funcionarios, profesionales de la seguridad... Que levante la mano el gremio no presente. "Hombre, el Colegio de Notarios no ha traído ninguna pancarta", bromeaba uno. "Dales un par de años más y, a este paso, verás cómo aparecen por aquí", respondía el de más allá. Humor negro y alicaído. Como todo este 1 de mayo que ayer arrancó en la Puerta Jerez y fue a morir a la Plaza Nueva.

"Me da igual quién gobierne, sólo quiero trabajo", decía María. O lo que es lo mismo, sólo quiere comer. Porque sin subsidio de desempleo, un marido parado de larga duración y un hijo con síndrome de Down acudir a esta concentración era una esquirla más en su plan activo de subsistencia y reivindicación. Motivos para la queja tenía también Mirta Llanes, ecuatoriana: "Llevo en España 12 años, he cotizado diez, ahora estoy sin trabajo, me han diagnosticado diabetes y este Gobierno va a negarme la atención médica. Cuando trabajé y estaba sana no la utilicé, ahora estoy en paro y enferma... ¿Por qué no soy merecedora de ella?". Su pregunta no encontraba respuesta ayer más que en los amortiguados ecos de las proclamas que unos y otros coreaban: "¡Quieren acabar con todo!", era el lema principal, un eslogan que a muchos les sonaba de algo.

A los inmigrantes les han volatilizado la sanidad, a los profesores les han masificado las aulas y al común de los mortales "les han pegado un tajo por algún sitio", sentenciaba Manuel Alegría, sindicalista de CCOO que ayer, ante el aguacero con granizo y ventisca nacional, sentía pudor hasta por su apellido: "A este paso vamos a tener que pedir perdón hasta por salir a la calle con una pancarta".

Por definición, toda manifestación es un conglomerado de ideologías. Da igual que se pida la derogación de una reforma laboral, la abolición de las corridas de toros o la demolición de un mamotreto de ladrillo en medio de un parque natural. Todos van a una, pero unos cuantos además aprovechan para demandar sus utopías personales.

Sea como ayer, en forma de banderas con la hoz y el martillo o con la tricolor republicana. "A nadie se le pide que sea de aquí o de allá, reivindicamos trabajo y una sociedad más justa para los ciudadanos, lo demás no importa", decía un miembro díscolo de CGT, sindicato este que, conjuntamente con los minoritarios CNT y SAT, habían convocado una manifestación alternativa y rojísima en la Plaza del Altozano.

Pero como la unión -dicen- hace la fuerza, banderitas de unas y otras siglas ondeaban ayer por la Avenida de la Constitución. "Este año hemos venido unos cuantos, para hacer bulto, pero vamos que así dando el paseíto no se soluciona nada, hay que emprender ya una lucha más activa antes de que quienes mandan acaben con nosotros", afirmaba Javier, de CNT. En el runrún de unos y otros corrillos una idea cobraba fuerza, ir a por una segunda huelga general.

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