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Un 1º de mayo con más sentido que nunca

Ningún año como éste, desde hace varios lustros, ha tenido tanto sentido que los trabajadores salieran a la calle en esta fiesta del Primero de Mayo para enarbolar sus reivindicaciones y reclamar derechos que parecen aletargados.

el 16 sep 2009 / 02:09 h.

Ningún año como éste, desde hace varios lustros, ha tenido tanto sentido que los trabajadores salieran a la calle en esta fiesta del Primero de Mayo para enarbolar sus reivindicaciones y reclamar derechos que parecen aletargados. El eslogan de la marcha, Frente a la crisis: empleo, inversión pública y protección social, resume una demanda global, contundente, de la clase trabajadora que no debe ser desoída en estos tiempos de tentaciones flexibilizadoras del mercado laboral. El fantasma de la huelga general sobrevoló todas las marchas en forma de advertencia al Gobierno para que no ceda ante las propuestas de la patronal, y los líderes sindicales aprovecharon sus tribunas para denunciar la injusticia de hacer recaer el peso de la crisis en quienes ganan (o ganaban) mil euros y no en los santuarios de la especulación más desalmada. El mismo cardenal de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, en una carta pastoral con ocasión del Primero de Mayo, instó a "desenmascarar la raíz inmoral" de la actual crisis económica y laboral, señalando como causas de esta crisis "la ambición sin límites de unos pocos y la inexistencia de los necesarios controles públicos". Amigo Vallejo reflexiona sobre la actual situación y asegura que la crisis vuelve a poner sobre el tapete la "cuestión obrera", la eterna contradicción entre "capital y trabajo, entre lo financiero y lo productivo". Es por ello que esta señalada fecha para el mundo laboral es en 2009 aún más señalada. Pese a que todas las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis se han revelado hasta el momento como insuficientes, hay que felicitarse de que todas las marchas reivindicativas hayan discurrido con total normalidad y que el tono elevado de las reclamaciones en ningún momento haya deslegitimado a la mesa del Diálogo Social, que en última instancia ha de consensuar cualquier decisión relativa al mercado laboral. Un comportamiento ejemplar de los trabajadores que dignifica una jornada festiva en la que sólo eso hay que celebrar.

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