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Un acuario con un ecosistema propio

El transporte de los casi 8.000 animales que llegarán al Muelle de las Delicias será todo un reto, como los proyectos de investigación y la pretensión de cambiar de mentalidad al visitante.

el 31 mar 2014 / 09:00 h.

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José Carlos García Gómez, Andrés Loza y Susana Montero, delante del tanque grande donde vivirán los tiburones del acuario de Sevilla. / José Luis Montero José Carlos García Gómez, Andrés Loza y Susana Montero, delante del tanque grande donde vivirán los tiburones del acuario de Sevilla. / José Luis Montero El objetivo del grupo Aquagestión es que el Acuario de Sevilla, en el Muelle de las Delicias, sea mucho más que una gran pecera. En concreto, pretenden que sea un centro educativo, de investigación y conservación del medio marino. Son los pilares de esta compañía formada por trabajadores como Susana Montero, responsable del área educativa, y Andrés Loza, al frente de la biología. La empresa también tiene un responsable de investigación y, al tiempo, ha firmado un convenio con la Universidad de Sevilla para que el equipo del catedrático de Biología Marina José Carlos García Gómez desarrolle proyectos con especies protegidas, entre otros. Gracias a ellos se creará un hábitat adecuado para cada una de las más de 400 especies distintas que llegarán a este acuario (que podría abrir a principios de verano), se estudiará como afecta la turbidez a los alevines y se darán cursos de manejo de tiburones a universitarios.   CÓMO LLEGARÁN Y VIVIRÁN LOS PECES   Andrés Loza, responsable de conservación de los acuarios de Aquagestión, es el encargado de elegir los peces que vendrán a Sevilla y de crear su hábitat. Es el responsable de que vivan felices, así que su labor es crucial. En primer lugar, tiene que evitar que el traslado les produzca estrés, lo que conllevaría una bajada de defensas, el posible ataque de patógenos y la aparición de enfermedades. Las obras del acuario están al 85%, según Aquagestión. / José Luis Montero Las obras del acuario están al 85%, según Aquagestión. / José Luis Montero ¿Y de dónde vienen? Del intercambio con otros acuarios, del nacimiento en cautividad, de capturas en el medio natural o de la compra a distribuidores. Si bien a Sevilla vendrán casi todos de otros acuarios, como es el caso de uno de los tiburones toro (los más grandes con unos tres metros) que llegará del acuario de O Grove (Pontevedra). Según manifiesta Loza, el 95% de los peces que se exhiben vienen de capturas y, de no haber acabado en un acuario, «estarían muertos en la cubierta de un barco». ¿Y cómo se transportarán? Loza explicó a este periódico que hay dos formas: o embolsados o en cubas. Los más pequeños, como medusas o caballitos de mar viajan en bolsas con dos tercios de agua y un tercio de oxígeno puro. Los ejemplares más grandes vendrán en cubas redondas de unos 2,5 metros de diámetro en furgonetas especiales o en cubas rectangulares de 3,5 metros de largo, donde se trasladarán a los tiburones más grandes. El problema es que muchos de estos tiburones no pueden dejar de nadar, porque si lo hacen, mueren. «Tenemos que simular que están nadando, el agua tiene que circular para que le entre por la boca y alimente las branquias, al tiempo que deben mover la cola», explica Loza tras añadir que él cree que el viaje de esos animales no puede durar más de 48 horas. A su juicio, por la calidad zoológica y las dimensiones, el Acuario de Sevilla será «el mejor o el segundo mejor de España», quizás sólo superado por la biodiversidad, no el tamaño, del de Gijón. Eso sí, apostilla que todo acuario necesita un año de maduración. ¿Y qué peces vendrán a Sevilla? Entre 6.000 y 8.000 ejemplares de 400 especies distintas. Aunque las estrellas serán los tiburones: toro, grises, puntas negras, puntas blancas, martillos, nodrizas, musolas, alitanes y pinta rojas. Eso sí, los punta blancas y los martillos no pueden convivir con el resto en el gran estanque porque serían devorados. Y es que la compatibilización de las especies es otra cuestión a tener en cuenta por el responsable de la colección zoológica. ¿Cómo se controla la buena salud de los inquilinos del acuario? Se miden parámetros de calidad del agua: temperatura, oxígeno, ph, salinidad, nitritos, nitratos, fosfatos, calcio, alcalinidad, amoniaco y, en ciertos tanques, también el magnesio y el estroncio. «Es lógico que los peces se pongan enfermos, como cualquier animal, y el movimiento es un factor de estrés», advierte Loza, quien sostuvo que no abrirán hasta que el hábitat de los peces esté perfectamente conseguido y éstos adaptados. El objetivo es que se pueda inaugurar a principios del verano, pero «no hay prisas», según el responsable de Biología. Cuando abra sus puertas, empezará la labor de Susana Montero.   El acuario no se abrirá en mayo, pero podría estar a principios de verano. / J. L. Montero El acuario no se abrirá en mayo, pero podría estar a principios de verano. / J. L. Montero MEDIO AMBIENTE Y TAMBIÉN HISTORIA   «Esto no es sólo un centro de exhibición de animales. Hay que concienciar al visitante y fomentar el respeto al medioambiente», defendió Montero, quien ofrecerá a los escolares talleres, visitas guiadas, noches durmiendo bajo los tiburones y campamentos de verano, entre otras actividades. Para los universitarios se organizarán cursos monográficos como el del manejo de tiburones. «Y también nos queremos dirigir al profesorado, ofreciéndoles guías y cursos sobre el Guadalquivir, por ejemplo», detalla Montero, quien añadió que colaborarán con el Museo de la Navegación y la Casa de las Ciencias, así como, para mezclar naturaleza e historia, harán actividades con el patrimonio histórico de la ciudad. No hay que olvidar que la temática del acuario es el viaje que realizó Magallanes en busca de una ruta alternativa a la portuguesa para llegar a las Islas de las Especias. Y para búsquedas, las del equipo de investigación de José Carlos García Gómez, que dispondrá de 200 metros cuadrados en el acuario, con tanques monitorizados para ver el efecto de la turbidez en los alevines.   ESTUDIO SOBRE LAS ESPECIES EN PELIGRO   El investigador de la Hispalense y presidente de la Junta rectora del Parque Natural del Estrecho dirige ensayos con invertebrados como babosas o mariposas de mar, moluscos con coloración espectacular que se liberaron de su concha y que guardan un arsenal químico como arma de defensa. Los moluscos fotosintéticos, los que le roban a las plantas la clorofila, también son objeto de estudio. Pero, sobre todo, la investigación que el laboratorio de Biología Marina de Sevilla pretende profundizar es con especies en peligro de extinción como la lapa ferruginosa (Patella ferruginea), animales hermafroditas vulnerables con la marea baja y que, desgraciadamente, han sufrido el efecto de la pesca masiva de hembras (ejemplares más grandes). El censo en la península registra sólo mil ejemplares, pero, según García, hay más de 14.000 en el puerto de Ceuta, donde están a punto de estrenar otra Estación de Biología Marina. Ésta será una de sus bases de operaciones, junto con la sede en la Universidad y el acuario, donde tratarán de organizar visitas controladas. Y, mientras, intentan que se cree la figura de Microrreserva Marina Artificial.

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