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Un ambiente enrarecido

Hace unas semanas vaticinaba en esta misma página la victoria de Rajoy en el congreso del PP el próximo mes de junio. De entonces a acá han ocurrido una serie de hechos que no me inducen a rectificar mi vaticinio, siempre que el candidato aguante y pueda arribar como tal al cónclave popular.

el 15 sep 2009 / 05:27 h.

Hace unas semanas vaticinaba en esta misma página la victoria de Rajoy en el congreso del PP el próximo mes de junio. De entonces a acá han ocurrido una serie de hechos que no me inducen a rectificar mi vaticinio, siempre que el candidato aguante y pueda arribar como tal al cónclave popular.

La gravedad de lo sucedido desde entonces hasta hoy no puede ser ignorada ni minusvalorada. El desplante de Esperanza Aguirre y su persistencia en la crítica y descalificación política de Rajoy, el abandono de Maria San Gil, la baja de Ortega Lara, la defección de Elorriaga y otras vicisitudes de menor entidad parecen responder a un proyecto preconcebido de acoso y derribo del candidato.

Pero, en mi opinión, mayor gravedad reviste el tratamiento que está recibiendo Mariano Rajoy, al considerársele ya por sus propios parciales como "políticamente muerto" y un "candidato perdedor". Ideas y consideraciones de este tipo, extendidas y compartidas por un gran número de militantes y simpatizantes, pesan de forma tan dura que van a ser imposibles de contrarrestar y superar.

Y especialmente grave ha sido la manifestación del viernes ante la sede de la calle Génova en Madrid; y la gravedad no está en el número, reducido e insignificante, de los allí congregados, sino en la conducta que exhibieron de odio e intolerancia hacia sus propios líderes. Casi con toda seguridad, por los símbolos que portaban y por las consignas que vociferaban, muchos de ellos serían de los habituales en las manifestaciones que crisparon con intensidad y periodicidad premeditadas la anterior legislatura.

En todas sus manifestaciones, Mariano Rajoy se empeña en demostrar y confirmar que sigue defendiendo el mismo proyecto político que antes y que su posición no ha cambiado un ápice. Tales afirmaciones pueden ser ciertas y exactas, pero no es creíble ni fiable para un amplio sector de la militancia y de su electorado. Y por mucho que insista no logrará superar la desconfianza que hoy genera, desconfianza fomentada y alentada día a día por algunos medios que tienen meridianamente claro su objetivo.

Por todas estas circunstancias y las que puedan producirse en los próximos días y aunque Rajoy llegue al congreso y lo gane, este será un acto fallido. Porque ya no se trata de obtener una legitimación formal derivada de la elección congresual, sino de conseguir credibilidad y confianza como líder capacitado para llevar al PP a la victoria en el 2012. Este es el núcleo del debate que moviliza hoy a los populares. No está habiendo debate ideológico ni político, ni se plantean cuestiones de táctica o estrategia para el futuro, sino que el problema se reduce a la continuidad de Mariano Rajoy o a su sustitución por un nuevo responsable.

La derecha española está viviendo su situación más difícil y complicada desde la fundación del PP que consiguió agrupar en su seno las distintas sensibilidades desde la derecha más conservadora hasta los liberales y democristianos. El estado en que va a llegar a su congreso suscita serias dudas sobre sus resultados y sobre la capacidad de superar su crisis actual, como base necesaria para recuperar su papel activo como primer partido de la oposición y alternativa de gobierno.

Antonio Ojeda Escobar es notario

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