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Un anciano vive durante 47 días en una cueva de la necrópolis de Osuna

Una cueva de la necrópolis romana de Osuna ha sido durante 47 días el hogar de un anciano de 73 años, arruinado y estafado, que decidió regresar a su pueblo para vivir sus últimos años tras emigrar a Madrid en 1959. Un vecino denunció el caso ante el Ayuntamiento, que ya se ha hecho cargo de él.

el 15 sep 2009 / 03:19 h.

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Á. Serrato / F. Aguilar

Una cueva de la necrópolis romana de Osuna ha sido durante 47 días el hogar de un anciano de 73 años, arruinado y estafado, que decidió regresar a su pueblo para vivir sus últimos años tras emigrar a Madrid en 1959. Un vecino denunció el caso ante el Ayuntamiento, que ya se ha hecho cargo de él.

En "condiciones infrahumanas". Así encontró Juan José Valdivia, el vecino que denunció el caso, a Antonio C.G cuando llegó a la cueva en la que éste vivía desde hacía 47 días. Según cuenta, fue su hermano el que, mientras paseaba al perro por la zona, descubrió a un vagabundo viviendo en una cueva de la necrópolis romana.

El pasado jueves, decidió acercarse hasta la cueva y allí encontró a Antonio, rodeado "de colchones recogidos de los vertederos, donde dormía y se tapaba con mantas viejas y sucias". Según relató el propio anciano, durante más de mes y medio se había estado alimentando de "bocadillos que les traían las Hermanas de la Cruz y otras personas" o la comida que encontraba "rebuscando en la basura". El agua, aseguró, lo sacaba de "un bebedero de cabras" ubicado en las proximidades. Las últimas lluvias, además, habían "empapado" la poca ropa que tenía.

Durante el día, pasaba el tiempo paseando por la zona- una antigua necrópolis romana de alto valor arqueológico- o se acercaba al vertedero para encontrar algo con lo que abrigarse para pasar las frías noches de invierno.

Al día siguiente, y tras ponerse en contacto con los Servicios Sociales de Osuna, Valdivia volvió a visitar a Antonio en la cueva pero esta vez para sacarlo de allí. Esa misma noche, el Ayuntamiento lo trasladó a una pensión del municipio, donde permanece en la actualidad a la espera de que pueda encontrarse una solución definitiva para su caso.

Según relató el propio Antonio, decidió abandonar Madrid, donde había vivido el último medio siglo de su vida, después de que murieran los pocos familiares que le quedaban, entre ellos su esposa, y quedarse solo en la capital, arruinado y estafado, según cuenta.

Hasta allí llegó con 23 años, buscando una vida mejor lejos de las duras condiciones que podía ofrecerle el campo, el único modo de sobrevivir en su Osuna natal. Una vez allí, se buscó la vida como pudo y, según relató, trabajó como peón, albañil e incluso "en un mercado" de la ciudad.

Decidió volver a Osuna porque no se le ocurría "otro lugar mejor" y aunque no le quedan familiares ni apenas conocidos llegó al pueblo el 24 de febrero sólo "con la ropa puesta". Cuenta que la primera noche durmió "en los aparcamientos de un supermercado" del pueblo pero que pasó "mucho frío". Después, se refugió en una vaqueriza pero el dueño lo "echó". Fue entonces cuando "un chaval" lo condujo hasta las cuevas para que se quedara allí.

Antonio reconoce que, en ningún momento, se planteó hablar con el Ayuntamiento porque "temía que me rechazaran por mi aspecto físico", cuenta.

Al respecto, la alcaldesa de Osuna, Rosario Andújar (PSOE), explicó ayer que el Ayuntamiento "desconocía" la historia de Antonio hasta que fue denunciada ante los Servios Sociales del municipio, que se hicieron cargo del anciano inmediatamente después. Tras atenderlo en cuestiones básicas como atención médica, higiene y alimentación ahora "estamos haciendo todas las gestiones necesarias para alojarlo" a través de la Junta de Andalucía y la Diputación de Sevilla. "Él ha dejado constancia de que quiere quedarse a vivir en Osuna", relató la alcaldesa "aunque estamos viendo si eso es posible", añadió.

Por el momento, los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Osuna trabajan para conocer más datos sobre la historia de Antonio. Rosario Andújar aseguró que se ha podido constatar que el anciano -al que no se le ha diagnosticado ningún tipo de enfermedad mental- "cobra una pensión de alrededor 580 euros" aunque "por desgracia, este tipo de historias son ya muy frecuentes aunque en los pueblos seguimos siendo más sensibles porque no estamos tan acostumbrados a presenciarlas".

Mientras resuelven su caso, Antonio dice que "acatará" lo que decidan aunque al menos, por el momento, ha logrado su objetivo: regresar a su pueblo.

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