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Un año agrario seco y nefasto

el 21 oct 2012 / 19:45 h.

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Una imagen esclarecedora.

El día 31 de agosto marca tradicionalmente el final del año agrario y el comienzo, pues, de la nueva campaña de siembras. La Consejería andaluza de Agricultura ya dispone de las primeras estadísticas de cosecha para Sevilla. Dan pena. Tan secas como actualmente también lo están, y pese a las raquíticas lluvias de los últimos días, las tierras. Sequía. Fue un mal ejercicio para el secano, no así en el regadío, donde no faltaron las aguas desembalsadas.

"El año ha sido nefasto, un desastre", resume José Vázquez, técnico de la patronal Asaja de Sevilla. Y tanto -agrega- que los agricultores cerealistas han ido tirando "con el pago único", es decir, la subvención europea fija que reciben con independencia de cuánto sea el volumen de cosecha. Hace cuentas: los costes de producción rondan los 600 euros por hectárea, mientras que los ingresos por venta se han limitado a 200. A la diferencia se le llama, por lógica, pérdida, "sólo en una parte compensada con la ayuda comunitaria", explica.

Si una hectárea de cereal rinde de media 3.500 kilos en Sevilla, en esta ocasión ha sido de 800. Un auténtico descalabro.El rojo tiñe los números de los principales cereales de invierno, a saber, trigo, cebada, triticale y avena. En el primer caso, la producción cayó un 60% respecto a la anterior campaña, hasta 159.896 toneladas, a pesar de que la superficie cultivada de trigo aumentó un 40%, con 186.725 hectáreas. Sirvan como evidencia del batacazo las 548.911 toneladas que, de media, se recogieron entre los años 2007 y 2010. Para la cebada, el descenso en volumen fue del 55%, para quedar en 11.664 toneladas (40.636 fue el promedio en el cuatrienio citado), si bien contribuye al desplome una merma de tierra estimada en un 26%, hasta 9.100 hectáreas, dejando atrás, pues, la recuperación que disfrutara el cultivo para la fabricación de piensos y el suministro a la industria cervecera. Mientras, del 63% es la bajada registrada por la avena, vital para la alimentación del ganado, a 7.665 toneladas, con un recorte en terreno del 8%, hasta 11.675 hectáreas.

En residual se ha convertido el centeno, y el triticale, sobre todo para usos forrajeros, sigue ganando peso en Sevilla, dado que sus fincas sumaron un 61%, hasta 12.425 hectáreas, aunque el crecimiento de la recolecta se limitó al 19%, con 14.551 toneladas, ante la escasez de precipitaciones.

Si nos vamos a las leguminosas, tres cuartos de lo mismo: descensos. Los porcentajes oscilan entre el 45% para los guisantes y el 85% de la veza, pasando por el 75% de los garbanzos o el 78% para habas secas y lentejas. En todos ellos pasó factura la sequía, aunque a decir verdad son producciones con cada vez menos adeptos tanto en esta provincia como en el resto de Andalucía. Y es que, como comenta Vázquez, el problema del tiempo llegó por partida doble. Primero, por la propia escasez de agua; segundo, porque cuando llovió "lo hizo mal", dado que las pocas precipitaciones se concentraron allá por octubre y noviembre y después pararon hasta abril.

Y así no cabe planificar nada, si siquiera tener alternativas. Y eso pasó con el girasol, tradicional cultivo refugio cuando fallan los cereales gracias a su tardía siembra, cortando el auge de los últimos años por los buenos precios de la pipa en los mercados internacionales. En la provincia sevillana, su producción se desplomó en la campaña recién terminada el 82%, hasta las 49.175 toneladas, aunque la superficie cayó un 56%, con 83.000 hectáreas. Era lógica tal disminución, habida cuenta de que las lluvias de final del invierno y comienzos de la primavera no fueron suficientes como para garantizar el desarrollo del cultivo, de ahí que los agricultores optaran por no arrancar cereal para plantar girasol. "Así, la mitad de la superficie no se sembró y en la otra mitad, la que no se regó ni tan siquiera pudo cubrir los gastos", sostiene el técnico de la patronal agraria Asaja.

En el regadío las cosas, en cambio, pintaron bien, aunque tampoco para grandes algarabías. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir permitió una dotación de agua plena para los cultivos de la cuenca. Sin restricciones. Pese al año seco, los pantanos de la regulación general del río (con usos preferentemente agrícolas) superaban el 70% de media, gracias a los recursos hídricos acumulados en benignos ejercicios precedentes. Pero, ojo, si el otoño e invierno no son lluviosos, el grifo podría reducir caudal para la próxima campaña -arranca en los albores de la primavera-.

En concreto, la estadística del departamento autonómico que dirige Luis Planas habla de una cosecha de 110.046 toneladas de algodón, un 4% inferior a la precedente, que se recolectarán sobre 44.500 hectáreas, el 7% más. Esta producción recobra empuje en los últimos años, después de que una reforma comunitaria adversa restara atractivo a las siembras. Cabe recordar que el régimen europeo de ayudas (la OCM u Organización Común de Mercado) al principio ni tan siquiera exigía la recogida del algodón para percibir la subvención adicional de Bruselas -la que no es pago único y sí incentiva producir-. Posteriores normas nacionales corrigieron tal despropósito.

José Vázquez resalta que el algodón se vio beneficiado por la ausencia de plagas. En cambio, desde la asociación agraria UPA-Sevilla, Francisco Delgado y Juan Vicente Revert hacen hincapié en que el cultivo, ahora en plena recolección, ha estado marcado por los "bajos precios". "Si el año pasado pagaron 0,5 euros el kilo, en éste la cotización de la fibra ha caído el 15%, lo que supone que los agricultores trabajarán por debajo de los costes de producción", aseveran.

Otra de las grandes producciones de regadío, el maíz, se estima que arrojará una caída de cosecha del 23%, a 15.000 hectáreas, siendo su superficie, de 300 hectáreas, semejante a la de la campaña anterior. Sin embargo, José Vázquez destaca las buenas cotizaciones alcanzadas, merced sobre todo a la sequía en EEUU, que ha hecho que suba el valor en Europa. Pero para brillar, el arroz. De nuevo, más de 300.000 toneladas.

En cuanto a la remolacha azucarera, tradicional en Sevilla pero mermada también tras la reforma de su régimen comunitario de subvenciones, saldó la campaña con 383.250 toneladas, el 17% menos, mientras que la tierra sembrada se redujo el 25%, a 5.170 hectáreas, la mitad que un lustro atrás.

Pero los estragos de la sequía no sólo se limitan al año agrario recién finiquitado. En efecto, las asociaciones del campo advierten sobre el impacto en la arboleda, principalmente en olivares y cítricos, en la cosecha del invierno que viene. Así, el extremo calor de septiembre hizo que las aceitunas cayeran al suelo en masa.

De esta forma, si la cosecha sevillana de aceite de oliva cerró la campaña -31 de octubre pasado- en 58.825 toneladas, con una bajada del 34% según la Consejería, los aforos de Asaja pronostican un descenso adicional para Sevilla del 20%. Sin embargo, y pese al vaticinio de las asociaciones, desde el departamento de Planas indican que la cosecha de naranjas y mandarinas arrojará cantidades similares a las del año agrario 2011-12.

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