Local

Un año del Caixabank ‘sevillano’

La integración de Cajasol en el banco catalán se ejecuta en tiempo récord. La Caixa dobló oficinas y ganó dos millones de clientes pero asumió la losa del ladrillo y del grupo empresarial

el 11 ago 2013 / 23:31 h.

TAGS:

J.M. PAISANO (ATESE) J.M. PAISANO (ATESE) El día 3 de agosto de 2012, la integración de Banca Cívica en Caixabank se elevaba a escritura pública. Era el último trámite para una operación concebida y materializada en tiempo récord, hasta el punto de que las sucursales de Cajasol habían cambiado su rotulación, adoptando el logotipo del banco catalán, la estrella de Miró, antes incluso de ese papeleo final ante el Registro Mercantil. Un año después, está asumido que tal desembarco era lo mejor que le pudo pasar a la caja de ahorros sevillana a tenor de la carga tóxica que arrastraba. La fusión: modélica, recorte laboral incluido, pactado con los sindicatos, si bien todavía queda mucho por limpiar en el grupo empresarial heredado y, además, superar una espina clavada: que el hecho de ser un banco no oculte la dimensión de su obra social, la mayor de Sevilla y la mayor de Andalucía. Aquel 3 de agosto se enterraba el malogrado engendro financiero bautizado como Cívica, que daba cobijo a Cajasol –que previamente había asumido Caja Guadalajara–, Caja Navarra, Caja Canarias y Caja Burgos. Por el ladrillo que arrastraba y por el rosario de exigencias de liquidez y solvencia impuesto desde el Gobierno, tenía todas las papeletas para, en el corto plazo, ser intervenida por el Estado (nacionalización) para sanearla y sacarla después a subasta. Es la suerte que corrieron o correrán las cercanas Cajasur o Caja Granada –ésta integrada en Banco BMN, otro de los proyectos mal paridos– o las lejanas Bankia, Caixa Catalunya y Novacaixagalicia, sin olvidar al Banco de Valencia, que también ha pasado a manos de Caixabank. “Y esto es así, ¿no?”, comenta un alto directivo del banco catalán. “Sí, era lo mejor que nos podía haber pasado”, señala, por su parte, uno de los sindicalistas que participaron en la negociación de los recortes de plantilla previos a la integración –condición sine qua non para acometer la operación– y posteriores a la misma –pactada la primavera pasada–. Porque teniendo en cuenta el fatídico entorno laboral, con despidos masivos aquí y allá, el paquete de prejubilaciones, bajas incentivadas y traslados a consecuencia de la reestructuración de la red comercial –léase cierre de oficinas por duplicidades o insuficiente negocio– al final resultó ser el mal menor. 697 empleados antes y otros 350 después, las cifras del ajuste. Es más, la rapidez con la que se ha cerrado la fusión –se anunció en marzo de 2012, en julio se realizó la integración jurídica y contable, elevada a efectos registrales en agosto, en diciembre se completó la unificación de las plataformas tecnológicas, en marzo pasado se acordó el recorte laboral y sólo un mes después devolvía los 977 millones de euros recibidos del Estado para digerir el morlaco que era Cívica– dejó en evidencia el larguísimo y tortuoso camino que llevó al enlace de El Monte y San Fernando, que gestaron. En los modos de la entidad catalana primaba el negocio, la pela, no la política. Gran diferencia. La caja presidida por Antonio Pulido se quedaba sin actividad financiera –es sólo una marca respetada por su vinculación al territorio, como las demás absorbidas– y convertida en fundación para ejecutar una obra social que se nutre de los dividendos reportados por la porción accionarial en Caixabank. En concreto, posee el 1,056% del capital, porcentaje que tenía el pasado viernes un valor en bolsa de 152,14 millones de euros. Teniendo en cuenta que el banco retribuirá con unos 0,2 euros cada título –menos la obligatoria retención fiscal–, los ingresos de la Fundación Cajasol rondarán los 10 millones en 2013 para financiar sus actividades sociales, culturales y educativas. 360 sucursales radicadas en Almería, Córdoba, Granada, Jaén, Málaga y Melilla y 692 en Cádiz, Ceuta, Huelva y Sevilla componen la red comercial de Caixabank en el sur, territorio que, dada su amplitud geográfica y de negocio, ha sido dividido en dos delegaciones, la oriental en manos de Victorino Lluch y la occidental que dirige Rafael Herrador. Una de cada cinco oficinas bancarias existentes por estos lares es de Caixabank, y una de cada cuatro en la provincia se Sevilla. Para hacerse idea de cuánto sumó la caja sevillana a su caballero blanco, valga esta comparación: a 31 de diciembre de 2011, La Caixa tenía en Andalucía 637 oficinas, y al cierre de 2012, el doble: 1.276. La importancia estratégica de Andalucía se refleja en su volumen de negocio: un 18,3% de todo el que mueve la banca en la comunidad, siendo mayor el porcentaje en depósitos (el ahorro de los clientes), con un 20%, que en créditos otorgados a particulares, empresas y administraciones (17%). La región, además, aporta en torno al 13% de los más de 750.000 accionistas que tiene en el mercado, a fecha del pasado enero. Dos millones de clientes de la nómina de Cajasol pasaron al banco catalán, que hoy día roza los 14 millones (13,8) en toda España. Con la integración se asumió lo bueno, aunque también lo malo. La auditoría de las cuentas de 2012 revela que la andaluza era la tercera mayor comunidad por riesgo crediticio, es decir, préstamos que podrían fallar por posibles impagos, con 35.203,69 millones de euros, casi 21.000 de ellos relacionados con el ladrillo –15.861 millones en hipotecas, mientras que el resto procedían de la promoción y la construcción inmobiliarias–. Y también heredaría de Cajasol una Corporación Empresarial que, en conjunto, contabilizó el año pasado 113,191 millones de euros en pérdidas, a los que habría que añadir 4,67 millones en números rojos de Isla Mágica, 12,38 millones de Puerto Triana –es la promotora de la torre Pelli– y hasta 2,37 millones del club de baloncesto Cajasol. Poner orden en este grupo empresarial, donde existen jamones, vinos o aceite, es tarea ardua, aunque poco a poco se suelta lastre, como con la venta de Isla Mágica a la francesa Looping Group, el cierre de Arte y Gestión o la salida de Alestis. Tirados un euro aquí, otro allá, son muchas las pelas, tantas como los heredados quebraderos de cabeza.

  • 1