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Un año después del fin de una era

Tal día como hoy, José María del Nido dejó la presidencia para cumplir condena. El club, con matices, ha dado continuidad al proyecto, exitoso deportiva, social y económicamente.

el 09 dic 2014 / 09:50 h.

DelNido_marcha_EFE José María del Nido Benavente, a su llegada al antepalco del Sánchez Pizjuán para anunciar su marcha del club. Foto: EFE. “Ha llegado el día nunca esperado y deseado. Pierdo un ventrículo de mi maltrecho corazón. Pido perdón al sevillismo por haber sido condenado siendo presidente. Me equivoqué y, si hubiera sabido que iba a ser así, no hubiese dudado en dimitir”. Con estas palabras anunció su marcha, el lunes 9 de diciembre de 2013, José María del Nido Benavente. Atrás quedaban 4.214 días de mandato, un club que pasó de casiruinoso a saneado, seis títulos y muchas historias. Del Nido se despidió para cumplir la sentencia del Tribunal Supremo que le condenaba a siete años de prisión. Lo hizo en el antepalco del Sánchez-Pizjuán, donde le acompañaron familiares, amigos, miembros del consejo de administración... Su marcha no fue una sorpresa ni para él mismo, pero sí un punto de inflexión. Su adiós representaba el fin de una era que no había dejado indiferente a nadie. A Del Nido, o  le quieren o le odian. La pregunta estaba en el aire: ¿qué pasaría a partir de ese momento? José Castro, uno de los hombres que le acompañaron siempre y que mejor conocía la casa, ocupó el cargo en funciones. “El Sevilla es muy grande, lleva muchos años funcionando con Del Nido y sin él, con otros presidentes que le han antecedido y son épocas.  Unas acaban y otras empiezan. Nadie va a discutir que la etapa Del Nido ha sido la más brillante de la historia del Sevilla. Lo dicen los títulos, la gestión y la estructura, y hay que reconocerlo”, comentó Castro entonces. Pero no sólo había dudas respecto a la presidencia.  Monchi había anunciado su intención dejar el cargo de consejero y la incógnita de su futuro al frente de la dirección deportiva se hacía más grande que nunca. Hasta se dudaba de si algunos directivos seguirían y, sobre todo, se temía que el proyecto deportivo acusara el cambio. El 14 de enero de 2014, Castro fue ratificado en el cargo por el consejo. El empresario utrerano se convertía así en el presidente número 33 de la historia del club –mandato número 37, ya que algunos han repetido en el cargo– con un gran reto por delante. José María del Nido Carrasco, hijo del anterior mandatario, ascendía a vicepresidente en un consejo del que se marcharon Piedad Parejo y Manuel Vizcaíno tras presentar su dimisión. Entraron en él Jesús León –accionista de peso tras adquirir un importante paquete de títulos de Del Nido Benavente– y Faustino Valdés, exdelegado del Gobierno. “Si me equivoco, lo haré con mis ideas. Mi forma de ser no es autoritaria pero no me temblará el pulso en las decisiones que deba tomar”, proclamó Castro. Por entonces, el nuevo presidente negociaba el regreso de José María Cruz, exdirector general y vicepresidente de la entidad. “Nos vendría muy bien”, admitió. Cruz aceptó y le dio una enorme alegría. Del dicho al hecho Además de la salud del club, existía una incógnita: ¿volvería el Sevilla a cosechar los éxitos de la era Del Nido? Castro avisó: “Éste es un proyecto a tres años, aunque sería muy importante disputar competición europea la próxima temporada”. Estaba equivocado. Su Sevilla no sólo se clasificó sino que, además, ganó la Europa League. Ni él mismo podía soñar algo así tras años de dura travesía a la sombra de aquel Sevilla de los títulos.  La sabiduría de Monchi y su staff, los mimbres que reunió en el césped y la batuta de un técnico del nivel de Unai Emery afianzaron un proyecto que hoy en día goza de una excelente salud económica, social y deportiva al que Castro da serenidad sin hacer ruido

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